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Japan’s MMX space mission probes how Mars got its moons

The Earth got its Moon when a small planet collided with our planet more than four billion years ago. This impact hurled molten rock into space, which eventually coalesced to form the satellite we can see every night from across our planet. But what of our neighbor, Mars? The Red Planet has two small, irregularly […]

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Un volcán, cinco años después: ¿en qué ha cambiado la vida de los palmeros?

Un volcán, cinco años después: ¿en qué ha cambiado la vida de los palmeros?

El podcast ‘Hogar de cenizas’ habla con los afectados del volcán para entender por qué nos cuesta tanto construir un hogar

Episodio 4 - ¿Hay hogares que vale la pena dejar ir?

El 19 de septiembre de 2021, Eva tuvo que marcharse de su casa, porque a pocos kilómetros montaña arriba había erupcionado un volcán. Cinco años después, aunque su casa finalmente se librase de la lava, sigue viviendo en un contenedor. ¿Qué ha fallado en La Palma para que 110 familias no hayan podido reconstruir su vida?

Rayco, que vivía en el centro de Todoque, ha comprado una finca con un pajero para reformar en Mazo, a 50 minutos de su antigua casa. “Cada vez que quiero socializar tengo que atravesar media isla. Si viviese en el Oeste me sentiría más acogido, allí es donde me crie, pero está todo carísimo”.

Vicente entraba en su casa cada semana para barrer ceniza. No barría el suelo, barría el tejado: su vivienda había quedado totalmente sepultada por la lluvia de piroclasto. Limpiaba la ceniza, sabiendo que tras marcharse, su casa volvería a quedar tapada. “Llegué un día y me di cuenta de que ya no había casa. Tenía que descubrirla yo. Tenía que desenterrarla”. Vicente dejaba unos palos sobresaliendo de la chimenea para saber, al regresar, donde comenzar a excavar de nuevo y no perder de vista la casa bajo un manto de ceniza.

Vicente, uno de los afectados por el volcán de La Palma.
Vicente, uno de los afectados por el volcán de La Palma.

El volcán Tajogaite cumplió el pasado 19 de septiembre cinco años, pero no todas las familias de la isla han podido recuperar su hogar. En total, la lava se llevó 1.600 casas y dos barrios enteros -El Paraíso y Todoque- que han quedado bajo un manto de roca negra. 

Por vivienda afectada, el Gobierno central ha concedido una ayuda de 60.000 euros, el Gobierno canario, 30.000 más, y el Cabildo otros 10.000. Quién tuviera la vivienda asegurada, ha podido recibir del Consorcio el valor de su casa. Pero para recibir todo esto, lo esencial es tener una casa. Y sobre el papel, muchos afectados no la tenían. ¿Cómo es posible?

En La Palma, donde el salario mínimo es regla y la mayor parte del territorio no es urbanizable -por lo tanto, el que hay es caro- muchos vecinos levantan sus casas poco a poco, a lo largo de los años, partiendo de pequeños cuartos de apero en una finca o en un terreno rústico. Y nunca llegan a regularizar esa vivienda. Hay quién diría que es picardía. Para muchos es necesidad.

En este contexto, mucha gente no ha podido siquiera demostrar que han sido afectados por un volcán porque no vivían oficialmente en la zona. 

En La Palma, el volcán no solo se lleva cuatro paredes. Se lleva el esfuerzo de años de levantar una casa, piedra a piedra, y se lleva a los vecinos que han ayudado a levantarla. Porque cuando la mano de obra es cara, en La Palma las “gallofas” ganan terreno y es la comunidad quién ayuda en la obra. Hace cinco años, el volcán se llevó las paredes, pero también separó a los vecinos.

Calle de casas contenedor de los afectados por el volcán de La Palma.
Calle de casas contenedor de los afectados por el volcán de La Palma.

Los contenedores

No son casos aislados, sino que se trata de uno de los principales problemas de esta erupción, y da respuesta a por qué, cinco años después, 110 familias siguen viviendo en los “barracones”, que se construyeron como medidas supuestamente temporales.

La vida en estos contenedores no es sencilla: quién vive ahí ahora, antes del volcán solía vivir en una casa terrera, con su huerta y animales. Los contenedores tienen unos 50 metros cuadrados y están situados en un parking. En la localidad de Los Llanos, los vecinos se quejan de la falta de insonorización y de aislamiento, tanto del frío como del calor. Eva cuenta que no es capaz de sentir el contenedor como un hogar porque “no estoy en mi ambiente, porque no puedo moverme. De aquí al sofá, del sofá a la cama, de la cama al sofá. Salir no salgo, porque todo el mundo ahí afuera está con la oreja pegada”.

Viviendas en contenedores para personas afectadas por el volcán, que humea detrás, al fondo.
Viviendas en contenedores para personas afectadas por el volcán, que humea detrás, al fondo.

Otra dificultad por la que están pasando los afectados es la adaptación a un formato de vida no acorde con sus costumbres. “Vivíamos entre familias y nos llevábamos muy bien con todos los vecinos”, cuentan dos hermanas de La Laguna, barrio que se perdió parcialmente. En los lugares afectados, lo más habitual era vivir en lugares con huerto o jardín, lo que contrasta con el reducido espacio del contenedor. “Árboles frutales, naranjos, orquídeas. Teníamos de todo. Nosotras estábamos acostumbradas a vivir en casas terreras. Y eso está debajo del volcán”. 

Eva concluye: “El container no está para vivir personas. Esto es de chapa. La chapa está pensada para meter muebles y animales, y nosotros no somos eso”.

El estatus de damnificado

Los vecinos damnificados han podido construir de manera legal en terreno rústico. Pero, ¿quién se considera damnificado del volcán? Ahí radica otro de los grandes problemas.

Rayco no se considera damnificado a efectos legales, ya que su casa estaba a nombre de sus padres. Por tanto, no ha podido acogerse a las ayudas y facilidades para construir que ofrecen las Administraciones. Lo mismo le sucede a aquellos que, tras el fallecimiento del propietario original, no actualizaron el registro de la propiedad. Si el propietario de la vivienda está muerto, sus herederos -hijos, sobre todo- no han podido recibir las ayudas por la pérdida de la casa, aun estando empadronados en ella.

Vecinos desalojando sus casas en La Palma durante la erupción.
Vecinos desalojando sus casas en La Palma durante la erupción.

Vicente ha tardado tres años en recibir la consideración de afectado. Su casa sigue en pie, aunque quedase sepultada bajo la ceniza. “Se ha pagado el valor de lo perdido bajo la lava. Pero ¿qué ocurre con estas viviendas que están deterioradas, con grietas, no hay paredes, no hay servicios...? Para esto no ha habido ninguna dotación”. Vicente no puede habitar su casa, porque hasta su barrio en Las Manchas todavía no llega ninguna carretera, ni agua o luz. Es un barrio todavía sepultado por la ceniza. Tan solo algunas viviendas como la suya sobresalen de entre el desierto negro.

Muchos vecinos denuncian violencia burocrática. “ Vas al Ayuntamiento y todo son problemas. Como si no fueras afectada, ¿sabes?”, cuenta Esther, que perdió la casa el último día de erupción y quiso reconstruir sobre la lava, en su propiedad. “ Para construir, tuve que pedir que me quitaran de la zona de exclusión. Me quitaron, después me volvieron a poner, sin dar explicaciones. Pedíamos permiso para aplanar, para quitar la lava. Te cobran hasta por los permisos para aplanar el terreno. Encima que pagas al palista, te cobra el ayuntamiento. Todo son problemas”.

Una mujer llora sentada sobre sus cosas después de vaciar su casa por la amenaza del volcán de La Palma.
Una mujer llora sentada sobre sus cosas después de vaciar su casa por la amenaza del volcán de La Palma.

La pérdida del hogar

Es difícil sentir un hogar allí donde es difícil construir un proyecto de vida. La incertidumbre ha inundado las vidas de sus vecinos, y preguntas como “¿hasta cuando podré quedarme en el contenedor?”, o “¿cuándo podré empezar reconstruir mi casa?” se arremolinan en la mente de los vecinos.

“Vecinos que nacieron ahí, se criaron ahí, y de pronto toda tu raíz… ¿qué pasa con toda esa parte que desaparece y no queda rastro?”, relata Belqui, cuya casa en el barrio de Tajuya se salvó por muy poco.

El volcán se ha llevado, en tan sólo 85 días, lo que para muchos vecinos es el esfuerzo de 30 años de trabajo. Y les ha quitado, además del esfuerzo, y en contraposición, el descanso. Porque un hogar también es poder llegar a casa y tumbarse en el sofá, sabiendo que nadie ni nada interrumpirá ese momento.

Durante cinco años, los vecinos damnificados han pasado por muchas ubicaciones, pero ninguna a largo plazo, y ninguna donde poder descansar plenamente. Habitaciones en albergues, contenedores, casas de familiares o alquileres temporales han compuesto algunas de las soluciones aportadas a los vecinos. Pero llevando siempre una maleta a cuestas, es difícil construir un hogar. 

Todos estos testimonios y sentimientos, en el podcast Hogar de Cenizas, de Canarias Ahora y elDiario.es.


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Students in France are fighting for stronger public education

High school and university students in France continued their protests on Tuesday, October 13, demanding government investment in public education. Approximately 480,000 protesters took to the streets in the latest iteration of the mobilization, with families, teachers, and trade unions backing students’ demands. 

Read more: French students shut down schools in historic strike against austerity

The mobilization remains marked by widespread police violence. Police used tear gas and dispersal grenades on crowds, including at Tuesday’s central march in Paris. Hundreds of students were injured and thousands arrested in these incidents, prompting reactions from human rights organizations. 

In response, the public joined students as they blocked high schools and organized marches to physically shield them from potential harm. Trade union members, notably from the education sector, were highly represented in these support lines. 

“The CGT reaffirms the urgent need to address the demands of those who are the country’s future ,” the General Confederation of Labor (CGT) asserted. “The CGT salutes their fighting spirit. It welcomes the strong anti-fascist tone of the demonstrations, which shows that there is no inevitability to the continued flourishing of fascist ideas or to the far right’s rise to power.” 

Students demand access to higher education

Since the beginning of the month, French students have organized three massive demonstrations to warn against the state of education under austerity. “For several weeks, high school and university students have been mobilizing to denounce the deterioration of their study conditions, the Parcoursup system, staff and resource shortages, policies that are dismantling public services, and – more broadly – the future this society holds in store for them,” the trade union federation Solidaires recognized in their statements. 

Trade unions continued their support for student mobilizations. The banner reads: "Electricity and gas workers stand with the youth. Our rage is nuclear." Source: CGT/Facebook
Trade unions continued their support for student mobilizations. The banner reads: “Electricity and gas workers stand with the youth. Our rage is nuclear.” Source: CGT/Facebook

Equal access to higher education has been high on the protesters’ demand list since the beginning. This refers in good part to how students are currently recruited into university courses – the Parcoursup admission platform. Introduced in 2018 under Macronist ministers to replace a previous system that randomized selection for oversubscribed courses, Parcoursup was supposed to “rationalize” admissions.

In practice, however, critics and applicants emphasize the platform allows institutions to apply unclear selection criteria and even discriminate against students from working-class areas.

In September 2026, the left party La France Insoumise warned that 126,652 students were not able to access a course as a result of the system – up from 77,000 in 2023. “This selection process is the product of austerity-driven political choices deliberately implemented by successive Macron-era governments,” the party warned.

“Parcoursup is a social sorting machine,” Solidaires echoed. “The platform organizes competition among young people for places that the State deliberately refuses to create. It transforms the right to study into a privilege, scarcity into selection, and austerity into supposed individual failure.”

Commodification of education

Jean-Luc Mélenchon, the left’s presidential candidate, pointed out that these choices are part of a broader political agenda: “the commodification of education and knowledge.”

Trade union briefs on the subject back this interpretation. At the beginning of this school year, Solidaires warned that thousands of those left without higher education placings are being sacrificed in the name of austerity. 

“But not everyone experiences this violence in the same way,” they wrote. “The wealthiest families can afford private schooling, fund housing on the other side of the country, or sustain a year without studying. Young people from working-class backgrounds, however, have no way out. A lack of options means either being forced into the job market or military service – abandoning their plans for good – or facing precariousness, isolation, and debt at a private institution.”

“We have shifted from an egalitarian system to a discriminatory one: pay for your own future,” Mélenchon concluded in a recent interview.

Read more: Greek university labor leaders face charges after supporting students

The left leader anticipated that student demands will be an important topic during the upcoming election campaign, where the left is contrasting a program of rupture with neoliberal policies to the far right’s intention to build a debt brake not unlike Germany’s. In practice, this would translate into years of sustained attacks on social security and public services. 

Trade unions and progressive organizations announced their support for the youth mobilizations will continue as they build campaigns to resist the government’s intention to impose billions in cuts to pensions and social security while spending record amounts on rearmament.

For their part, student unions invited their members to remain active and join a general mobilization against the cost of living crisis this Saturday, October 17.

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