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Uno de los monumentos más imponentes está en Francia: una abadía de 1.400 años

Francia puede alardear de tener algunos de los monumentos más emblemáticos de todo el planeta, sobre todo en París, como ejemplifican a la perfección la Torre Eiffel, la Catedral de Notre Dame o el Museo del Louvre, aunque fuera de la capital gala también hay auténticas maravillas con siglos de historia que muchos en España no conocen pero que sin duda merecen ser visitados.

Una de esas joyas medievales que se ocultan a kilómetros de ‘La ciudad de la luz’ es la impresionante abadía de Jumièges, un espectacular complejo con casi 14 siglos de historia que se erige imponente a tan solo dos horas de París. A pesar de estar en un estado de conservación algo deteriorado, no ha perdido un ápice de magnificencia y mantiene un espíritu enigmático que sobrecoge a cualquiera que se acerca a él.

La abadía de Jumièges, el tesoro oculto de Normandía

La majestuosa abadía de Jumièges se fundó en el año 654, por lo que tiene casi 1.400 años, y se erige en la localidad del mismo nombre ubicada en el corazón de la fascinante región de Normandía. Es uno de los vestigios benedictinos más antiguos e importantes de Francia, pero realmente no comenzó la vida monacal hasta el año 840 debido a las continuas incursiones de los vikingos en la zona.

A lo largo de los años, este complejo religioso cobró una importancia enorme en toda Normandía, e incluso uno de sus miembros más ilustres, Roberto de Jumièges, llegó a ser arzobispo de Canterbury, aunque tras la Guerra de los Cien Años cayó en una época de declive que se consumó en el siglo XVI, y a pesar de los esfuerzos por revivirla, nunca más volvió a ser tan vital en la vida religiosa y social de Normandía.

En plena Revolución Francesa quedó en ruinas, las cuales están protegidas en la actualidad. A pesar de la devastación, aún se puede captar el marcado estilo románico que tenía y que hoy en día se puede discernir en la iglesia, con sus torres gemelas y la fachada occidental, así como en partes del claustro y de la biblioteca, que son los restos que han sobrevivido al paso del tiempo.

La abadía de Jumièges se ubica en un pintoresco parque de unas 14 hectáreas situado en la orilla del río Sena, y además se encuentra a escasa distancia de la apasionante ciudad de Ruan; está a apenas dos horas en coche de la ciudad de París, por lo que puede ser una magnífica opción para hacer una excursión si se está visitando la capital de Francia y se quiere huir durante unas horas del constante bullicio parisino.

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10 trucos para que tu pasillo largo y estrecho parezca más amplio sin recurrir a los espejos

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Los espejos son las piezas más utilizadas cuando queremos que un pasillo largo y estrecho parezca amplio. Verticales, horizontales o de formas curvas son algunos de los formatos que están presentes en zonas de paso en las que se busca una mayor profundidad visual. Sin embargo, existen trucos más sensatos y originales que contribuyen a que esta estancia tan concurrida tenga más metros cuadrados de lo que parece.

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Comparativa de estanterías altas y estrechas para el baño 2026: los mejores modelos que ocupan poco espacio

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Cuando el baño es pequeño, encontrar sitio para las toallas, los recambios de gel y el papel higiénico puede acabar llenando de cosas el lavabo. Una estantería alta y estrecha permite aprovechar un rincón libre, aunque no todas organizan igual: algunas dejan los productos a mano y otras ofrecen más espacio cerrado para mantenerlos fuera de la vista.

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Se llamaba Beatriz: identificada 20 años después 'la momia de la Pedriza' encontrada por unos niños

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Ni rectos ni de campana: los pantalones barrel ganan terreno

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Cada vez que llega el entretiempo, los pantalones capri y bombachos empiezan a protagonizar todos los looks. Los primeros son muy recurrentes porque cuentan con un corte midi -entre la rodilla y el tobillo- que da un extra de calidez, pero sin pasarse. Y, los segundos, disponen de un diseño largo y holgado que da cierta frescura. No obstante, los de tipo barrel cada vez están teniendo más presencia, hasta tal punto, que van a ser tendencia en 2027.

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The North Face 'regala' las mochilas perfectas para viajar, hacer senderismo o ir a trabajar: modernas y con descuentos de hasta el 39%

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The North Face siempre nos brinda las mejores prendas para el invierno. La chaqueta impermeable Aconcagua, los pantalones largos Reaxion 2.0 o las zapatillas Altamesa son algunos de sus piezas más destacadas. Además, también cuenta con una serie de mochilas que sirven para cualquier ocasión, como son la Borealis o la Jester.

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Por qué devolver tus compras online está dejando de ser gratis

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La regla no escrita por la que se ha regido el comercio electrónico en las últimas décadas (pruébalo y, si no te gusta, lo devuelves gratis) “está muriendo”, asegura el profesor de escuela de negocios Pablo Foncillas. Las estadísticas indican que la mayoría de los minoristas ya cobra algunas veces por la devolución de productos.

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El festival que sostienen los vecinos de un pueblo sin hoteles: “Abren sus casas para que entre el teatro”

El festival que sostienen los vecinos de un pueblo sin hoteles: “Abren sus casas para que entre el teatro”

El Fiet se celebra desde 2002 en Vilafranca de Bonany, un municipio sin plazas turísticas donde una red de voluntarios que alojan a las compañías que viajan a Mallorca resulta clave para mantener en pie uno de los eventos más importantes del calendario teatral español

Barro, cal y tres colores: el universo del 'siurell' que fascinó a Joan Miró

Media mañana en una biblioteca. Pública, pequeña, de pueblo. Está vacía de lectores y estudiantes, pero no deja de entrar y salir gente. Se presentan ante un mostrador, dejan sus datos, recogen una acreditación, que se cuelgan al cuello, y unos folletos, que guardan en una bolsa de tela. La bolsa es un cartel al hombro que ayuda a entender lo que ocurre. Sobre la tela azul clarito, un trapecista se descuelga bocabajo frente a unas ventanas, la mayoría con las persianas abiertas. Debajo del trapecio hay un verso del poeta Joan Alcover: Beneïda l’hora que m’ha duit aquí. Eso mismo –bendita la hora que me trajo aquí– debe pensar Anna Palacios cuando una de las dos mujeres que le han atendido en el mostrador marca un número de teléfono y pregunta por Catalina Bover Nicolau: “Cati, ¿estás en casa? ¿Sí? Ahora te mando a tu invitada. Sí, acaba de llegar desde Palma en bus. En diez minutos más o menos la tienes allí”. Un cuarto de hora más tarde, Cati y Anna se sentarán en dos butacas al aire libre y charlarán –una, en catalán del Pla de Mallorca; la otra, en catalán de las Terres de l’Ebre– como si fueran amigas. De toda la vida. En realidad, se acaban de conocer.

Por alumbrar una escena así podría matar el creativo encargado de escribir un anuncio de una plataforma de alojamiento turístico consciente, pero el encuentro entre Cati y Anna no es ficción. Fue uno entre los muchos que se produjeron este fin de semana en Vilafranca de Bonany durante el Fiet, la Fira de Teatre Infantil i Juvenil de les Illes Balears. Es un milagro altruista en tiempos del turbocapitalismo: si este municipio mallorquín que apenas roza los 4.000 habitantes puede organizar un fin de semana de cuatro días lleno de obras, montajes y espectáculos de calle es gracias “a la red de generosidad de cientos de personas que, entre otras cosas, abren las puertas de sus casas para que entre el teatro”.

Si este municipio mallorquín que apenas roza los 4.000 habitantes puede organizar un fin de semana de cuatro días lleno de obras, montajes y espectáculos de calle es gracias 'a la red de generosidad de cientos de personas que, entre otras cosas, abren las puertas de sus casas para que entre el teatro', comenta el vecino Joan Gomila

Catalina Bover, derecha, lleva años ofreciendo techo y cama a los profesionales del teatro que viajan a Vilafranca con motivo del Fiet y este año ha alojado a Anna Palacios.
Catalina Bover, derecha, lleva años ofreciendo techo y cama a los profesionales del teatro que viajan a Vilafranca con motivo del Fiet y este año ha alojado a Anna Palacios.

La frase la dice –frente a un plato de pollo asado con tumbet, todavía sin empezar, y ya son casi las cuatro de la tarde– Jaume Gomila. Este médico es una de las caras visibles de Sa Xerxa, la entidad sin ánimo de lucro que impulsa un festival que acaba de celebrar su vigesimoquinta edición. “El primer año, 2002, fueron sólo diez obras, todas de compañías de aquí, excepto una que vino de Catalunya”, explica Gomila. “Gustó tanto que, además del Ajuntament, muchos vecinos de Vilafranca se hicieron suyo el Fiet. Desde el principio, colaboran vendiendo entradas en las taquillas, haciendo de jefes de sala, ayudando en la logística, poniendo el cartel del festival en su balcón o decorando su calle… Sin ese voluntariado, esta idea no podría perdurar. Yo mismo me cojo vacaciones para poder estar en la feria, pero lo hago con mucho gusto. El teatro, desde que empecé a practicarlo de joven en Manacor, de donde soy, con el grupo Capsigranys, es mi pasión”.

Yo mismo me cojo vacaciones para poder estar en la feria, pero lo hago con mucho gusto. El teatro, desde que empecé a practicarlo de joven en Manacor, de donde soy, con el grupo Capsigranys, es mi pasión

Joan Gomila — Director de Sa Xerxa y vecino del pueblo

El director de la feria cuenta cómo la penúltima crisis económica les hizo perder el descuento con el que les obsequiaba una cadena hotelera en el mismo momento que muchas subvenciones se esfumaban: “2013 fue el momento clave para el Fiet. A partir de ahí, muchos de los profesionales que venían de fuera se empezaron a quedar en las casas de la gente del pueblo”. Una red que ha ido creciendo. Ya son unas treinta casas las que se abren, todas en Vilafranca. Que buena parte de aquel voluntariado se entusiasmara con la idea de alojar durante un finde largo a un actor, una dramaturga, una directora, un productor, un marionetista o una programadora “reforzó la esencia de la feria”, recalca Gomila.

Una de las obras representadas en el teatro del pueblo.
Una de las obras representadas en el teatro del pueblo.

“Tenemos patrocinadores, pero el Fiet no sería viable si los vilafranquers no lo sintieran como parte de su identidad y eso creo que ocurre porque este pueblo es relativamente joven, se fundó hace menos de cuatrocientos años segregando tierras que pertenecían a Manacor, Petra o Porreres. Eso creo que hace que la manera de ser de la gente de aquí sea muy cooperativista”, añade. Así llegaron las producciones internacionales –este año, de Brasil, Francia o Dinamarca–, los premios –en 2022, coincidiendo con el veinte aniversario, cayeron el 31 de Desembre de la Obra Cultural Balear, el Jaume II del Consell de Mallorca, y el Premio Nacional del Ministerio de Cultura– y el reconocimiento de unos profesionales que, además de las jornadas que el propio Fiet organiza, siguen hablando de teatro cuando se para a comer.

'Que buena parte de aquel voluntariado se entusiasmara con la idea de alojar durante un finde largo a un actor, una dramaturga, una directora, un productor, un marionetista o una programadora “reforzó la esencia de la feria', recalca Gomila

El almuerzo colectivo puede celebrarse en la residencia de mayores o, como es el caso, en el bar del campo de fútbol municipal. Entre albóndigas con patatas, coques de trempó, cafés y vecinos que, al filo de las tres y media, comparecen para echar la partida de truc, el juego de cartas por excelencia de la Mallorca agro, se cultiva un networking bien interesante. Unos han venido a representar y otros, a presentar una idea que todavía hierve en la cazuela. Es el caso, por ejemplo, de Ses Honorables Virtuts Il·lògiques: Diego Martínez y Jèssica Ferrer –los ibicencos detrás de este dúo que mezcla música y poesía con gotas de clown– no esconden que les haría “mucha ilusión” entrar en la parrilla de un evento que se ha puesto a la altura de las citas en las que se inspiró –como la Mostra Igualada– sin perder su espíritu de pueblo. De pueblo sin problemas de alojamiento, aunque sólo cuente con 280 de las 412.000 plazas de alojamiento turístico legal que existen en Mallorca.

Vilafranca de Bonany adorna sus calles para celebrar su feria de teatro infantil y juvenil.
Vilafranca de Bonany adorna sus calles para celebrar su feria de teatro infantil y juvenil.

“¿Cuántos hoteles tiene Vilafranca?”

–Porque… ¿cuántos hoteles tiene Vilafranca?

–¡Ninguno! Aquí sólo hay un agroturismo.

–Si no nos alojarais, ¿dónde nos tendríamos que quedar?

–No lo sé… pero si os quedáis en nuestras casas es porque estamos encantadas de que vengáis. A mí me gusta conocer gente.

Gemma Ros –productora de la compañía catalana La Tresca i la Verdesca– y Sílvia Artigues Vilanova –su anfitriona durante el Fiet– están sentadas en un salón amplio. Sofás bajos y cómodos, estanterías llenas de libros y máscaras de dimonis [demonios], fotos de viajes adornando las paredes, y unas ventanas cerradas que filtran una luz otoñal blanca, agradable, cálida. Desde hace un par de años, la casa de Sílvia es una de las treinta que se abren para colaborar con el Fiet.

Un grupo de escolares pasa por delante de una casa engalanada con carteles del festival.
Un grupo de escolares pasa por delante de una casa engalanada con carteles del festival.

–Para nosotras es un privilegio tener una feria de teatro así en Vilafranca –le insiste Sílvia, la anfitriona–. Yo la he recorrido de pe a pa con mis hijos: cuando eran pequeños, comprábamos el bono de diez o quince actuaciones e íbamos enlazando obras. Ellos se volvían locos de la emoción; yo, también. Luego colaboré como jefa de sala. Ahora, que ya son mayores, echo una mano con el alojamiento.

–Yo ya te digo que el ambiente que me he encontrado aquí no lo he vivido en ninguna otra feria o festival de España –le explica Gemma–. En el Fiet puedes hablar con todo el mundo, puedes moverte con mucha libertad y desde que entras en Vilafranca sientes que el pueblo está en fiestas. Si lo comparas con la FiraTàrrega, que es un monstruo, te das cuenta de que hay mucha calidad y rigor en la programación, pero a una escala muy humana.

El ambiente que me he encontrado aquí no lo he vivido en ninguna otra feria o festival de España

Gemma Ros — Productora de la compañía catalana La Tresca i la Verdesca

Y Sílvia sonríe al escuchar a Gemma. Que el Fiet continúe celebrándose en el pueblo donde ha elegido vivir es una “prioridad”. Ella es palmesana –“por eso no tengo la ele tan profunda que pronuncian aquí”–, pero “al terminar la uni” decidió marcharse de la ciudad para poner un centro de psicomotricidad y vivir más tranquila en el pueblo del que procedía su familia, mucho antes de que los precios de la burbuja inmobiliaria empujaran a otros a seguir el mismo camino.

La iglesia parroquial de Santa Bàrbara es uno de los escenarios de un evento que dura cinco días y programa decenas de actuaciones.
La iglesia parroquial de Santa Bàrbara es uno de los escenarios de un evento que dura cinco días y programa decenas de actuaciones.

De abuelos a madres, de madres a hijos

En una Mallorca cada vez más acelerada, Cati Bover saca con orgullo el carácter vilafranquer que antes describía Jaume Gomila. Según ella, que el pueblo no renunciara a la agricultura y la ganadería cuando se produjo el boom turístico está muy conectado a la “sed de cultura” que recorrió a su generación en los setenta y ochenta –Cati era maestra y se ha jubilado hace poco– y que se ha traspasado a la de sus hijos. Como si campo y curiosidad caminaran de la mano.

–Yo toda mi vida he visto gente en mi casa, mis padres eran una pareja muy amorosa, muy tranquila, y era normal alojar a personas que ni siquiera conocíamos, simplemente porque eran amigos de amigos de amigos. Esa forma de entender la vida se mezcló muy bien con el Fiet, que tiene su origen en la cesión que le hizo la parroquia al ayuntamiento: la antigua rectoría se convirtió en un teatro. Había que hacerlo funcionar y, Jaume Sansó, el alcalde que teníamos entonces, era un gran entusiasta del teatro y encontró a la gente ideal para que programara y lo gestionara. Son las mismas personas que siguen sacando tiempo de sus trabajos para levantar el Fiet cada octubre, y creo que es de valorar que un acontecimiento así lo siga organizando una entidad sin ánimo de lucro, que aunque se haya profesionalizado no se ha convertido en un promotor que se lleva una gran ganancia. Al revés, la feria mueve la economía de Vilafranca de una manera muy circular –le cuenta Cati a Anna Palacios, su huésped, que es vicepresidenta de la Xarxa d’Espectacles Infantil i Juvenil de Catalunya y se dedica a programar montajes desde Amposta, la pequeña ciudad en la que vive.

Anna Palacios recoge su acreditación como participante en el Fiet.
Anna Palacios recoge su acreditación como participante en el Fiet.

–A mí, que ya llevo cuatro años viniendo, y siempre me he quedado en casa distinta, esa generosidad es la que me fascina –le responde Anna–. Vivir el teatro es vivir también lo que hay detrás del telón. Quien piensa que el teatro infantil son obras para entretener a niños (cada vez más pequeños) se equivoca. Un titiritero puede representar una obra que llegue, de manera diferente, a todos los públicos. Porque la finalidad del teatro siempre será hacerte pensar y, a veces, pecamos de querer dejar ideas demasiado claras u obvias. ¡Y eso los niños no te lo compran!

A mí, que ya llevo cuatro años viniendo, y siempre me he quedado en casa distinta, esa generosidad es la que me fascina

Anna Palacios — Vicepresidenta de la Xarxa d’Espectacles Infantil i Juvenil de Catalunya

–Eso lo hemos notado hace un rato cuando hemos entrado en la iglesia a fotografiar y empaparnos del ambiente de una de las primeras obras que se representaban. El público estaba formado por alumnos de párvulos. Había música y sombras chinas, pero no parece fácil que niños tan pequeños mantengan la atención si no les interesa lo que ven.

–¡Si los niños son los que más espíritu crítico tienen, son más listos que el hambre! –exclama Cati– A mí me encanta que, en el alojamiento del Fiet, haya relevo y se animen a participar los hijos de quienes comenzamos a alojar a las compañías al principio. De niños, vivieron muy intensamente la feria y les ha dejado marca. A ti, Anna, te he preparado el cuarto de mi hijo, que ya se ha independizado (me voy a pasar el Fiet viendo obras con mi nieto). Yo te doy la llave y tú entras y sales cuando quieras.

–Anda, ¿y este piano tan bonito?

–Es de mi hermano, que se dedica a la música, pero como había estudiado Arquitectura. Él me hizo los planos de la casa…

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Ben Attia, el genio desconocido del teatro independiente que sobrevive como guía turístico

Ben Attia, el genio desconocido del teatro independiente que sobrevive como guía turístico

El director escénico ha presentado 'Opus tres' en Pamplona, una obra cruzada por la migración, la raza y la muerte

Los autores de la obra sobre Lorca cancelada por Vox en Valladolid: “Hablar de lo que pasó choca con lo que llaman neutralidad ideológica”

En un piso del centro de Pamplona, unos espectadores asisten a una escena que no saben cómo calificar. Un hombre sale de la ducha y se encamina al salón. Allí, tres mujeres con el rostro tapado, como espectros, le esperan. El hombre se atilda y desayuna lento, sin prisa. Las tres figuras comienzan a gemir hasta llegar al llanto desesperado. El hombre ni se inmuta y abandona el piso. Ellas siguen gimiendo mientras comienza a sonar el Miserere de Arvo Pärt. Unos trozos de pan y un pez presiden la mesa. El público, sin saber qué hacer, contempla esa mesa transformada en símbolo cristiano. Es el teatro inclasificable de Ahmed Ben Attia, un teatro creyente y profanador que está convulsionando la escena independiente de este país.

El acto descrito forma parte de su nueva creación, Opus tres, estrenada en el Festival Teatrodix. “Me gusta el teatro, me gusta mucho el teatro, todo del teatro. La representación es otra capa más de mi trabajo. Lo que buscamos es que pasen cosas. Cosas que se acerquen a lo sobrenatural, que tengan que ver con la fe, con poder entender este mundo y esta realidad también desde esos otros planos que occidente tanto rechaza”, dice Ben Attia en conversación con este periódico.

Su padre es de Túnez y su madre, charnega hija de obreros del textil, de Sabadell. “Soy mitad tunecino, mitad proletario”, dice. Él nació en 1991 en Granada y a los diez años se fue a vivir a Marruecos. Su padre, exiliado y militante del partido islamista de Túnez, decidió vivir en Tánger, y allí creció Ahmed hasta que a los 18 años quiso volver a su ciudad natal para estudiar filología árabe. Allí es donde el teatro se cruzará en su vida, al conocer a Sara Molina, una de las buceadoras del teatro de investigación de este país.

El comienzo de la presentación de la obra 'Opus tres', de Ahmed Ben Attia
El comienzo de la presentación de la obra 'Opus tres', de Ahmed Ben Attia

Ahora vive en el campo de Gibraltar, donde llena la nevera trabajando como guía turístico para musulmanes venidos de Malasia, Indonesia y todo el Magreb que quieren conocer Al-Ándalus. Allí, en medio de la nada, él y su compañera María Moncada abrieron en 2022 un teatro, Box Levant–Centro escénico del Estrecho. El escenario está hecho con un contenedor marítimo de mercancías. Y allí, en “el teatro más al sur de Europa, el primero”, dice con chufla, han conseguido crear uno de los núcleos del teatro de investigación de España.

“Soy musulmán, me dedico al teatro igual que los talibanes se dedican a su vida y al yihad. En invierno están con sus cabras en el monte, haciendo su vida. Pero cuando llega el momento de la guerra, cogen el fusil que tienen colgado en la pared, lo cargan a sus hombros, encomiendan a sus cabras a quien sea y bajan a hacer la batalla. Luego vuelven”, dice Ben Attia. “Concibo la creación, el arte, casi como una misión divina. No quiero un teatro obligado por lo económico, sino un teatro libérrimo”, añade.

Su teatro mezcla instalación, la performance, el happening y la utilización del espacio de manera no convencional, y se aleja del eurocentrismo. “Estoy harto de que me llamen como al morito, a hacer cosas de morito, nosotros estamos intentando saber qué teatro queremos hacer, descubriéndolo”, afirma sobre su compañía que, además de a Moncada, integra a Maxi Labrador y a otros, más itinerantes, como Carmen Aldama.

La obra 'Isabel' de Ahmed Ben Attia
La obra 'Isabel' de Ahmed Ben Attia

Ben Attia ha sembrado su propio camino desde que estrenó en 2016 su primer trabajo, Alifato. Con Juan Navarro —performer y director inclasificable que ha trabajado con creadores como La Fura dels Baus, Rodrigo García o Jan Lawer— estrenó Opus Nigrum, una obra oscura y otra vez profanadora en la que el público asistía a un asesinato y un entierro en mitad campo (pudo verse en Freetour). Luego, estrenó Isabel en el festival Tachán, una lectura libre y subversiva de la relación de la reina española con el Islam.

Pero fue con una obra anterior, con Opus cero, donde su carrera eclosionó. Contiene una violencia arrolladora para con el espectador occidental. Es un teatro de la crueldad, con ecos a la Fura dels Baus y a la profanación de Angélica Liddell, pero la comparación de su teatro con otros que fueron tampoco llega a explicarlo. Su teatro no se entiende sin su carga racial y cultural.

La obra 'Opus cero' de Ahmed Ben Attia
La obra 'Opus cero' de Ahmed Ben Attia

Opus tres, la obra estrenada en Pamplona, es un buen ejemplo de cómo opera su teatro. En esas dos horas de periplo el público sigue a Maxi Labrador que camina melancólico por las calles. Mientras ese coro, ahora acompañado por un oficiante marroquí con el rostro rojo que blande una extraña bandera verde, también lo sigue con sus gemidos. Maxi llega hasta la iglesia gótica de San Cernin en la cual, frente a sus rejas, se arrodilla.

Los paseantes le miran con desconfianza, no entienden la presencia de ese penitente y ese grupo abanderado y gimiente conformado por personas migrantes. Pieles oscuras provenientes de Cuba, Camerún, Perú y Marruecos, con los rostros tapados, escoltan a ese doliente arrodillado que reza frente al templo más antiguo de la vieja ciudad. Poco a poco, el público va comprendiendo que el hombre que encarna Maxi está viviendo su último día; unos textos leídos por el propio Ben Attia así lo delatan. Fragmentos poéticos que son el testimonio de quien ha decidido, por amor, acabar con su vida.

El espectáculo es de una espiritualidad muy europea, deudora del movimiento Sturm und Drang del romanticismo alemán. Opus 3, realmente, es una revisación de la figura del joven Werther, personaje de Goethe, pero cruzada, mestiza, imbuida en las culturas que sufrieron la colonización de occidente y que hoy deben migrar a países donde se les repudia. Un cruce que todo lo resignifica.

Escenas de la presentación de 'Opus 3' en Pamplona
Escenas de la presentación de 'Opus 3' en Pamplona

Los textos son de una belleza tremenda, la verdad del actor va más allá de la interpretación; la exposición y la entrega son evidentes. Pero ese coro gimiente, que pudiera ser griego y representar el dolor espiritual del protagonista, también son las lágrimas de una ciudad, de sus gentes abandonadas, un dolor ante el que las cuitas románticas quedan reducidas a cenizas. Es en ese cruce donde surge el teatro de este creador. A un lado el occidente intelectual, pero también despiadado. Al otro, esas otras culturas milenarias, pero expoliadas y vejadas, hoy migrantes a quienes nuestra sociedad mira con el máximo recelo.

Para presentar esta obra, Ben Attia ha trabajado en un taller, organizado por el festival, junto al colectivo navarro Negu Gorriak, dedicado a acoger migrantes en Pamplona. La ciudad comienza a reaccionar ante una emergencia migratoria que las instituciones no acaban de solventar. Negu Gorriak, que ha cambiado su nombre en Derecho a Techo tras la persecución sufrida en Ceuta, sigue su activismo y hoy está en uno de los proyectos más esperanzadores surgidos del activismo marxista y libertario de la capital navarra, Fraktal.

El actor marroquí de rostro pintado de rojo, que porta la bandera y mira con orgullo al horizonte, vive, como muchos jóvenes de origen magrebí, en tiendas improvisadas a la orilla del río Arga. De ahí surge parte de la fuerza del teatro de Ben Attia, de la rabia y el dolor de la periferia. Después del estreno en Pamplona, el creador regresa a Algeciras con su pareja, a trabajar como guía turístico, a cuidar de sus hijos, a seguir mimando el teatro que regenta. Al reposo que es también espera para la siguiente batalla.

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