El testimonio de un exsargento marroquí hace recelar a las acusaciones de que sea un infiltrado de Rabat
El testimonio de un exsargento de la Gendarmería Real que ha declarado hoy como testigo por videoconferencia ante la juez María Tardón ha despertado los recelos de la acusación popular y de la que ejerce el Gobierno de Ceuta ante la posibilidad de que pueda tratarse, según fuentes jurídicas, de un "infiltrado" de Rabat. Hasta el punto de que, según fuentes jurídicas, la magistrada ha tenido que cortar en seco sus preguntas al testigo, a quien el letrado de Hazte Oír, Javier María Pérez-Roldán -que acudió a la comparecencia en sustitución de Iustitia Europa, que aglutina a toda la acción popular- llegó a preguntar si había trabajado "para los servicios secretos de Marruecos".
Hicham E. B. lo negó, pero sí admitió que cuando trabajaba en el aeropuerto de Rabat se "coordinaba" con los servicios secretos. Fuentes jurídicas señalan a LA RAZÓN que las acusaciones evidenciaron "serias dudas sobre su testimonio"
El letrado del Gobierno de Ceuta, por su parte, le inquirió para que aclarase si dimitió de su cargo o "desertó", momento en el que Tardón zanjó la deriva del interrogatorio recordando a los letrados que una posible deserción del testigo no era objeto del procedimiento.
Otro de los testigos, según esas mismas fuentes, ha afirmado que "había militares marroquíes entre los que llegaron a Ceuta", donde otro de los inmigrantes que han testificado, Ziyad A. Y., sitúa a un informador municipal, al "mkadam" de Rincón.
Camiones llenos de gente
Según ha puesto de manifiesto, vio autobuses y camiones "llenos de gente camino de la frontera", sin control alguno, en Castillejos, además de personas caminando por la carretera.
También han comparecido ante Tardón dos agentes del CENIF, el servicio policial de control de fronteras. Un subinspector ha explicado que Mustafá, jefe policial marroquí en el puesto fronterizo, le aseguró el mismo 30 de julio que "todo estaba normal" mientras se producía la entrada masiva de inmigrantes.
Según refirió, acudió con Gonzalo Sanz, entonces jefe de gabinete del delegado del Gobierno, a hablar con la Policía marroquí. Según su declaración, Mustafá negó que sucediera nada anormal mientras él observaba por las cámaras "a numerosas personas entrando por el espigón y a efectivos marroquíes encauzándolas hacia esa zona".
Este agente ha asegurado que preguntó a su superior si debían seguir permitiendo el paso por el puesto, a lo que le respondieron que mientras la Delegación del Gobierno no indicara lo contrario, "debían continuar con normalidad" su actividad. Según ha afirmado, conserva ese intercambio de wasaps, que se ha ofrecido a aportar al juzgado.
Fallos en las comunicaciones
El subinspector, según las mismas fuentes, ha puesto de relieve "fallos de comunicaciones" durante la entrada masiva, pues ha recordado que los mensajes y llamadas "llegaban con retraso". Ese funcionamiento deficiente de las comunicaciones, ha precisado, se prolongó durante varios días. Y aunque inicialmente atribuyeron esas carencias a la proximidad de la frontera o a la saturación de las mismas, sí ha apuntado que planteó la posibilidad de que se hubiese producido "un ataque a las comunicaciones".
El otro agente que ha testificado ha hecho referencia a otro hecho que le llamó la atención la víspera de la entrada masiva: la presencia de "ocho o nueve embarcaciones" frente a la zona fronteriza (movimientos que ya había grabado dos días antes). Una embarcación, ha explicado, "dejó entre diez y doce personas en la orilla marroquí", aunque ha dicho desconocer si eran nadadores o militares en prácticas.


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