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Buscan a un argentino desaparecido en el accidente de trenes de Toledo: se llama Agustín Randazzo

Buscan a un argentino de 51 años desaparecido tras el accidente ferroviario en Toledo. (Montaje Infobae)

Horas después del trágico accidente ferroviario de Toledo, la familia ha confirmado la muerte del argentino Agustín Randazzo, un pasajero de 51 años que viajaba en el coche 8 y de quien no se tenían noticias tras la colisión. El hallazgo de su cuerpo por parte de las autoridades pone fin a más de un día de angustiosa búsqueda entre hospitales y llamadas desesperadas, confirmándose así la segunda víctima mortal de nacionalidad argentina en el siniestro.

Este hombre, de nacionalidad argentina y residente en España desde 2002, realizaba su habitual viaje desde Madrid por trabajo a bordo del convoy siniestrado. Tras conocer la noticia, su primo hermano, Rafael García Junicol, ha pedido ayuda pública para localizarlo: “Me enteré por el hermano [de Agustín] de que él había tomado ese tren”, ha explicado a Infobae.

Ante la falta de respuesta a sus llamadas, Jorge, el hermano del desaparecido ya ha acudido a las dependencias policiales madrileñas para formalizar la denuncia. Además, ya se ha sometido a la toma de muestras de ADN necesarias. Tras realizar estos trámites, se está desplazando a Toledo para recorrer los centros hospitalarios de la zona y tratar de localizarlo entre los heridos ingresados.

“Ni familiares ni amigos sabemos nada”

“Nos han dicho que por el momento tenemos que esperar, que están recolectando datos y que hay mucha gente herida indocumentada”, relata Rafael.

Para facilitar la búsqueda, la familia ha aportado una fotografía reciente y ha detallado las características físicas con las que viajaba. Lo describen como un hombre de barba entrecana y con bastantes tatuajes visibles, que suele usar gorra negra y gafas de sol oscuras.

No solo Jorge y Rafael están buscando a su familiar desaparecido en el accidente ferroviario, sino que también su pareja, Sergi, se ha sumado a la búsqueda a través de internet. Aunque de momento no acudirá a Toledo a la espera de noticias oficiales, Sergi ha publicado un mensaje en redes sociales: “Llevo varias horas sin saber nada de mi pareja. Estaba viajando de Madrid a Sevilla en el Ave accidentado, en el vagón número 8. Ni familiares ni amigos sabemos nada al respecto de su estado. Por favor, ayuda”.

Llevo varias horas sin saber nada de mi pareja Estaba viajando de Madrid a Sevilla en el Ave accidentado, en el vagon n* 8 Ni familiares ni amigos sabemos nada al respecto de su estado Por favor ayuda Se llama Agustín Randazzo

— SadSergi (@Sergihoran) October 28, 2026

Una ola de solidaridad en la red

El caso de Agustín no es un hecho aislado. A medida que pasan las horas, las redes sociales se han convertido en un altavoz donde decenas de familias difunden desesperadamente datos y fotografías para localizar a sus seres queridos, una movilización ciudadana que ha llevado a los usuarios incluso a crear plataformas web independientes para centralizar el rastreo de los viajeros incomunicados.

A esta red de auxilio se sumó la respuesta sobre el terreno tras la colisión entre el AVE y el Iryo en torno a las 8:53 horas entre Urda y Los Yébenes (Toledo), que deja un balance provisional de al menos 68 fallecidos y decenas de heridos. Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando y se investigan las causas del choque, las autoridades sanitarias de Madrid y Castilla-La Mancha solicitaron la donación urgente de sangre.

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Rescatan al perro de un pasajero desaparecido en el accidente ferroviario de Toledo, mientras su familia sigue buscándolo: “¿Cómo puede ser que no sepan en qué asiento viajaba?”

Rescatan al perro de un pasajero desaparecido en el accidente ferroviario de Toledo. (Montaje Infobae)

Trece, un perro que viajaba junto a su dueño en el tren de alta velocidad en dirección a Andalucía, ha aparecido entre los escombros en Urda (Toledo). Sin embargo, sigue la búsqueda de su compañero, José Ángel Sanemeterio Freire, a quien sus allegados llaman Pepe, de quien no se tienen noticias tras la trágica colisión entre el Iryo y AVE. La mascota, un bichón maltés de pelaje blanco, viajaba junto a este sevillano de 54 años afincado en Madrid y fue localizada horas después del impacto gracias a su collar identificativo.

A través de las redes sociales, su hermana Esther ha compartido un cartel con la fotografía de Pepe y de Trece solicitando la máxima difusión: “Ruego me ayudáis a encontrar a mi hermano Pepe, iba en el tren con Trece, su perro, y no sabemos nada de ellos [...] Estamos rotos de dolor y necesito vuestra ayuda más que nunca”. Horas más tarde, tras confirmarse el rescate del animal por parte de las fuerzas de seguridad, ha publicado otro mensaje: “Gracias por toda vuestra ayuda, Trece; ya lo tenemos con nosotros, a seguir rezando para encontrar a mi hermano”.

Trece, el perro rescatado junto a la mujer del hombre desaparecido. (El Tiempo Justo // Redes Sociales)

Mientras parte de la familia se desplazaba de urgencia hasta Toledo para recorrer los centros de atención e instalaciones habilitadas para la asistencia de las víctimas, su esposa confirmaba en el programa El Tiempo Justo el reencuentro con su mascota: “La Guardia Civil nos ha entregado el perro. Ahora falta que aparezca mi marido”, quien “viajaba en el AVE, en el vagón ocho”. Con el animal sano y salvo entre sus brazos, pero sin pistas sobre Pepe, la esposa no perdía la esperanza: “Ojalá aparezca él”.

“Mis padres están desesperados”

En paralelo, en la estación de Santa Justa de Sevilla, la angustia se extendía entre el resto de los familiares. Entre lágrimas y ante los micrófonos del mismo programa, Ana, otra de las hermanas de Pepe, denunciaba la falta de información: “¿Cómo puede ser que no sepan en qué vagón ni en qué asiento viajaba? Hay que tener una información mínima”. Además, explicaba la desesperación tras intentar obtener sin éxito un listado de viajeros en los mostradores: “Mis padres están desesperados; yo estoy aquí aclamando por todos los que están en ese tren”.

La indignación de la familia ha ido en aumento ante las trabas para recabar datos tras el choque, ya que la compañía no ha podido facilitarles el vagón exacto ni el número de asiento en el que viajaba a pesar de contar con el billete. En la misma línea, su tía Mercedes relataba a ABC la desolación de los familiares desplazados a la capital hispalense tras horas de incertidumbre institucional: “No hemos tenido noticias de si está vivo o muerto”.

Esta dramática búsqueda se produce tras el grave accidente ferroviario ocurrido en torno a las 8:53 horas en Urda (Toledo), donde la colisión entre un AVE y un Iryo provocó el descarrilamiento de varios vagones y causó al menos 68 fallecidos y decenas de heridos, obligando a suspender la circulación en todo el corredor. Mientras se investigan las causas del choque, la familia de Pepe continúa movilizada sobre el terreno, en los puntos de atención de Sevilla y en redes sociales a la espera de noticias.

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Si tienes menos amigos después de los 60 años, no significa que seas asocial: la mente cambia para priorizar la calidad sobre la cantidad

Dos mujeres caminando por un parque. (Gabriel Luengas/Europa Press)

Con el paso de los años, las agendas llenas de compromisos y los planes multitudinarios van dejando paso a tardes tranquilas y reuniones en círculos muy reducidos. Para muchos jóvenes, observar cómo sus padres o abuelos recortan su círculo de amistades suele generar una alarma: la sospecha de que están cayendo en el aislamiento o en la tristeza. Sin embargo, la psicología desmiente este prejuicio. Reducir el número de amistades pasados los 60 años no es un síntoma de apatía ni de abandono social, sino una decisión consciente para maximizar el bienestar personal.

Una investigación desarrollada por la Universidad de Stanford, liderada por la psicóloga Laura L. Carstensen, siguió el día a día de adultos de distintas generaciones para analizar cómo evolucionan los sentimientos con el tiempo. Mediante el uso de dispositivos electrónicos que evaluaban los estados de ánimo en momentos aleatorios de la jornada, los científicos constataron que el bienestar emocional tiende a progresar con la edad, logrando un balance significativamente más positivo entre los momentos agradables y desagradables de la vida cotidiana.

Este fenómeno responde a la teoría de la selectividad socioemocional, según la cual las decisiones relacionales cambian drásticamente en función de cómo percibimos el tiempo que nos queda por vivir. Durante la juventud, cuando el futuro se percibe como un horizonte abierto e ilimitado, las prioridades se centran en la exploración, la ampliación constante de la red social y la acumulación de conocimientos o contactos. En cambio, cuando se toma conciencia de que el tiempo es un recurso finito, las metas cambian de dirección: el foco se desplaza hacia la búsqueda de confort afectivo, significado y serenidad en el presente.

Amigos en un bar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El arte de seleccionar a quién regalar el tiempo

Esta “poda” en la agenda no se produce de forma aleatoria. Los datos del estudio revelan que los vínculos que se van diluyendo corresponden casi exclusivamente a conocidos lejanos, contactos casuales o relaciones que generaban fricción. Por el contrario, los lazos íntimos y verdaderamente significativos se mantienen intactos. Las personas mayores simplemente dejan de invertir energía en dinámicas superficiales o compromisos por compromiso para volcar su atención en quienes les aportan tranquilidad y confianza mutua.

Esta forma de encarar la madurez enlaza de forma directa con las ideas que la filosofía clásica planteaba hace más de dos milenios. Ya en la Antigua Grecia, Aristóteles distinguía entre las amistades basadas en la utilidad o el placer momentáneo y aquellas fundamentadas en el afecto sincero y la virtud, las únicas verdaderamente duraderas. Del mismo modo, la tradición estoica invitaba a tomar conciencia del valor del tiempo para no malgastarlo en preocupaciones secundarias o en complacer las expectativas ajenas.

Un grupo de amigos en un bar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin embargo, los expertos subrayan una matización crucial: la clave reside en la libertad de elegir. Reducir el círculo social por decisión propia garantiza estabilidad emocional, pero la soledad no deseada conlleva serios riesgos. Diversos análisis publicados en la revista Perspectives on Psychological Science por investigadoras como Julianne Holt-Lunstad alertan de que el aislamiento involuntario incrementa significativamente el riesgo de mortalidad.

Por ello, ante un familiar mayor que acorta progresivamente su lista de contactos, la clave no consiste en juzgar la cantidad de personas que le rodean ni en presionar para mantener una agenda social artificial. La verdadera respuesta está en aprender a escuchar la libertad y satisfacción personal con el que decide gestionar y compartir su tiempo.

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Rodrigo Martín, electricista: “A la gente no le importa gastarse 4.000 euros en un sillón, pero sí en la instalación eléctrica”

Un hombre enciende una largadera con varios enchufes. (Alberto Ortega / Europa Press)

Tras una reforma, los hogares se llenan de mobiliario de alta gama, suelos a estrenar y revestimientos de diseño, mientras dentro de las paredes pervive un cableado obsoleto y potencialmente peligroso. Los propietarios no dudan en desembolsar grandes sumas en decoración, pero escatiman en la renovación de la infraestructura eléctrica que garantiza la seguridad de su vivienda.

“A la gente no le importa gastarse 4.000 euros en un sillón, pero sí en la instalación eléctrica”, lamenta Rodrigo Martín, un electricista de 30 años con amplia trayectoria en el sector, en una conversación con Schneider Electric España. A su juicio, existe un desinterés generalizado por renovar componentes vitales que no quedan a la vista, una actitud que deja a muchos hogares expuestos a fallos técnicos severos.

“Antes se valoraba la pericia del trabajador, pero hoy los clientes miran solo el número final del presupuesto”, asegura Víctor, padre de Rodrigo y electricista con cincuenta años de experiencia en el sector. Esta dinámica empuja a los especialistas a competir en costes, lo que con frecuencia deriva en ejecuciones defectuosas que comprometen la seguridad técnica de la vivienda.

Una persona cargando su teléfono móvil. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El problema se agrava por la falta de un marco regulatorio exigente. A diferencia de lo que ocurre con el suministro de gas o con las inspecciones periódicas de los vehículos, la revisión de las instalaciones eléctricas en viviendas privadas queda al arbitrio de los dueños. Rodrigo critica esta permisividad: “Es impensable vender un coche sin airbag, pero el cliente busca soluciones mínimas en su instalación eléctrica a pesar de los incendios que causan estas fallas”.

Infraestructuras antiguas para exigencias modernas

La incorporación de equipamiento avanzado somete a las redes a exigencias para las que muchas no están preparadas. Dispositivos de alto consumo, como los puntos de carga para vehículos eléctricos o las instalaciones de placas solares, requieren una capacidad y una estabilidad energética que la infraestructura antigua de un inmueble sencillamente no puede ofrecer.

Al conectar esta tecnología moderna en viviendas sin la adaptación técnica necesaria, los riesgos se multiplican. La sobrecarga en cableados obsoletos aumenta drásticamente la probabilidad de sufrir arcos eléctricos, un fenómeno invisible que se sitúa entre las causas más habituales de incendios en el ámbito doméstico.

Una mano inserta un enchufe en un toma corriente de pared. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante este escenario, los profesionales reclaman medidas como la recuperación del carné de instalador autorizado para garantizar la competencia técnica ante la mala praxis. Víctor recuerda un caso en una vivienda con grifos de oro y baños de mármol negro, donde los dueños quisieron recortar en la parte eléctrica: “Pidió interruptores de 50 céntimos. Yo dije: ‘Yo no lo hago porque va a salir ardiendo’. Y me marché”. Pocos días después, la instalación derivó en un principio de incendio.

Los expertos advierten de que las normativas actuales se quedan cortas ante las necesidades del equipamiento electrónico actual. “Si la instalación funciona, la gente no invierte en su actualización”, concluye Rodrigo. Para evitar tragedias, plantea apostar por tecnologías preventivas como los detectores de arco eléctrico, una inversión cuyo coste es residual en el presupuesto global de una obra y que aporta una garantía real frente a los fallos técnicos que amenazan al hogar.

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