Ciegos, tuertos y parados
Henri Poincaré (1854-1912), considerado el último polímata francés y famoso por la llamada «conjetura de Poincaré», recomendaba: «Duda de los datos hasta que no dejen lugar a dudas». El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó ayer los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondientes al tercer trimestre de 2026. Los resultados indican que en España hay 22,85 millones de ocupados y 2,59 millones de parados (un 10,18% de la población activa), lo que supone 95.900 desempleados más que el trimestre anterior.
A partir de ahí, surgen las interpretaciones. El Gobierno de Sánchez, esta vez con cierta moderación, destaca que el paro «en términos desestacionalizados», aunque aumentó un 0,14%, se redujo en los últimos doce meses en 21.900 personas. La oposición, por supuesto, llama la atención sobre la evidente «desaceleración» de la creación de empleo, así como el aumento del desempleo, y recalca que España es el país de Europa –y uno de los del mundo desarrollado– con la tasa más elevada de paro.
Además, persiste la polémica de los celebérrimos [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/economia/espejismo-record-empleo-104-millones-contratos-fijos-discontinuos-reforma-laboral-solo-suman-408000-afiliados-mas_202610196ad5e64afb06971aad082e17.html|||«fijos discontinuos»]] que no trabajan. Son todos aquellos que tienen un contrato laboral fijo, pero que en estos momentos no realizan ningún trabajo efectivo. Para las estadísticas oficiales están ocupados, aunque perciban el subsidio por desempleo. En otras palabras, no trabajan pero no aparecen en esa situación en los registros. Todavía más, no figuran en ninguno porque el INE no ofrece ese dato, escudándose en todo tipo de excusas técnicas. Los expertos, no obstante, apuntan a un número de entre medio millón y ochocientos mil, lo que elevaría el total de parados muy por encima de los tres millones. Además, y eso sí lo refleja el INE, entre los ocupados hay una legión –millonaria– que no llega a trabajar ni una sola hora efectiva a la semana. Eso significaría que, al menos en el cómputo semanal, el número total de desempleados estaría, en el mejor de los casos, por encima de los cuatro millones de personas. El razonamiento, como en el caso de los discontinuos, es simple: por muy ocupados que estén en los papeles, si no trabajan son parados. Por eso, hay que «dudar de los datos hasta que no dejen lugar a dudas», como advertía Poincaré.


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