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Paisaje (hipócrita) tras la tragedia

Felipe González, en la campaña electoral de 1982 que llevó al PSOE por primera vez al Gobierno, explicó que el eslogan de «Por el cambio» significaba «que España funcione». Casi medio siglo después, el accidente trágico de ayer, con su insoportable carga de fallecidos, demuestra que algo no funciona en este país. Es más grave, porque muchas de las cosas que no funcionan sí lo hacían hasta hace un tiempo, incluida la red de alta velocidad puesta en marcha por los gobiernos de González y que durante años fue el orgullo de todo un país y la envidia de los foráneos. Dos tragedias en pocos meses, como la de Adamuz y la de ayer, son algo más que una anomalía. Son el síntoma evidente de que algo falla. Habrá tiempo para determinar las causas y fijar las responsabilidades. Los expertos en catástrofes explican que, en estos casos, nunca hay una sola causa y que el desastre es el resultado de una serie de circunstancias. Por eso, es precipitado que el ministro Puente señale un error humano, que no obstante ha podido existir -incluso es probable-, como el motivo principal de lo ocurrido. La tecnología, sin embargo, también está para subsanar los fallos de las personas. Es la red de seguridad que, ahora, no ha sido suficiente.

La tragedia de Urda, hay que decirlo, ocurre en plena precampaña electoral y, por supuesto, tendrá impacto electoral, que -¡fuera hipocresías!- es lo primero que han evaluado en los cuarteles generales de los partidos políticos. Todos han mostrado su duelo, ofrecido su cooperación y ayuda a las víctimas y suspendido sus actos electorales, salvo Vox y Abascal, que quieren dar la nota y que pueden pagar su falta de sensibilidad, al menos pública. Al mismo tiempo, todos han comenzado a reescribir sus estrategias para las próximas semanas que, por supuesto, incluyen cómo se abordará el periodo de duelo y el día después, la presencia en los funerales y los principios de la petición de responsabilidades. Los menos hipócritas, tras la tristeza y el consuelo obligados, ya sea de forma defensiva o agresiva, calculan cómo pueden beneficiarse o salir perjudicados por la catástrofe ferroviaria. Eso sí, ahí queda, para quien mejor la gestione, aquella idea fuerza, que vuelve a ser válida, de «que España funcione», que regresa de la época de Felipe González.

© EUROPAPRESS

Tragedia ferroviaria en Urda (Toledo)
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