Una nutricionista advierte de los riesgos de recurrir a la inteligencia artificial para saber qué comer
Que la inteligencia artificial ha cambiado nuestra vida es un hecho. Nos facilita algunas tareas, resuelve dudas en cuestión de segundos y pone a nuestro alcance una gran cantidad de información. Sin embargo, confiar en sus respuestas para tomar decisiones relacionadas con nuestra salud física y mental puede tener sus riesgos.
Esto también sucede con la alimentación. Como explica Klau Gago, especialista en nutrición consciente y PNIE, "la IA puede ser útil para ordenar ideas, explicar conceptos, preparar preguntas para una consulta o ayudar a entender mejor determinada información. El problema aparece cuando esa respuesta rápida empieza a ocupar el lugar de una atención personalizada".
¿Dónde está el límite de la inteligencia artificial en la nutrición?
A menudo, recurrimos a la inteligencia artificial cuando nos sentimos hinchadas, cansadas, con ansiedad o no sabemos cómo gestionar la relación con la comida. Aunque la respuesta que nos da puede parecer clara y lógica, hay que ponerla en cuarentena porque no tiene en cuenta nuestras circunstancias personales.
"El límite aparece cuando dejamos de utilizar la IA para informarnos y empezamos a utilizarla para decidir por nosotros", advierte Klau Gago. Según la especialista, podemos usarla para conocer los factores que influyen en la inflamación o en el hambre emocional. Sin embargo, interpretar síntomas que persisten, cambiar una pauta nutricional o ajustar suplementos requiere una valoración personalizada.
La inteligencia artificial tampoco conoce aspectos que pueden influir en nuestro bienestar, como las analíticas, el nivel de estrés, el descanso, el entorno o la relación que mantenemos con la comida.
Por eso, una recomendación puede ser correcta en términos generales y no resultar adecuada para una persona concreta. "En salud no basta con saber qué suele funcionar. También hay que valorar para quién, en qué momento y en qué circunstancias", recuerda la nutricionista.
Entender qué hay detrás
Cuando preguntamos qué cenar o cómo dejar de picar por la noche, es posible que el problema no se esté solo en lo que comemos. Pueden influir otros aspectos como el estrés acumulado, la falta de descanso, años de dietas restrictivas o en una baja disponibilidad energética.
"Las respuestas rápidas suelen centrarse en qué hacer. Pero muchas veces la pregunta relevante es qué está pasando", señala Gago. Cambiar un alimento o comenzar a tomar un suplemento puede producir una mejoría puntual, pero el problema puede volver si no averiguamos qué lo está provocando.
Un especialista puede observar patrones que a veces pasamos por alto, como haber normalizado el cansancio, la inflamación, el picoteo nocturno o un control excesivo de la alimentación. A partir de ahí, ajustará las recomendaciones según nuestras necesidades.
Esto no significa que debamos dejar de utilizar la inteligencia artificial. Puede servir para resolver dudas o preparar una consulta, pero sus respuestas son generales. Un especialista, en cambio, tiene en cuenta nuestra situación y puede ofrecernos pautas adaptadas.




