Sánchez: Destitución fulminante de Puente
Práxedes Mateo Sagasta, autor junto a Cánovas del Castillo de la sabia Constitución de 1876, dijo en una ocasión memorable: «En política, nada más difícil que destituir al amigo incompetente». A lo que Cánovas replicó: «Ni nada más arriesgado que no destituirle».
Desde la moderada objetividad y a la vista de todo lo ocurrido a lo largo del último año con alarido final en Urda, Pedro Sánchez debería destituir de manera fulminante a Óscar Puente, su gran amigo, al que nombró ministro de Transportes. No lo hizo en su momento; no parece que vaya a hacerlo ahora, a pesar de que están claros muy varios aspectos de la responsabilidad de Óscar Puente en la quiebra de nuestro sistema ferroviario. La máxima responsabilidad política, en todo caso, se deriva de la incompetencia del ministro Puente, el agresivo político de las intemperancias habladas y de los tuits incontrolados.
La destitución de Óscar Puente, aunque tarde, exoneraría de alguna forma a Pedro Sánchez. Mantenerle en el poder significa que el presidente del Gobierno asume la entera responsabilidad del desastre político de su gestión. Hay que comprender lo ocurrido en Urda y su repercusión en un periodo electoral tan ponzoñoso y virulento como el actual. Parece claro que Pedro Sánchez se esforzará por caminar con pies de plomo midiendo las reacciones de cualquier decisión que tome, porque, como decía Cánovas del Castillo, seguramente lo más arriesgado se deriva de no destituir al amigo incompetente.
La suficiencia política y la falta de mantenimiento real se encuentran en el epicentro de la destrucción de imagen del sistema ferroviario español, que fue durante años en alta velocidad la admiración del mundo entero. Ciertamente, salvo pucherazos de última hora, Pedro Sánchez tiene perdidas, conforme a las encuestas científicamente serias, las elecciones generales del 29-N. Habrá que convenir que la catástrofe de Urda le ha puesto las cosas especialmente difíciles. Una parte sustancial de la opinión pública está contrita e indignada. Y no le será fácil al presidente del Gobierno elaborar un relato cargando las culpas sobre alguien que no sea el ministro Óscar Puente.
Luis María Anson, de la Real Academia Española


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