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Chris Parry, contraalmirante británico retirado, sobre un hipotético conflicto por Gibraltar: «Podríamos paralizar a España» y es por su tecnología

Gibraltar entró en la discusión militar del Brexit cuando Reino Unido apenas acababa de activar su salida de la Unión Europea. El 2 de abril de 2017, el contraalmirante británico retirado Chris Parry sostuvo: «Podríamos paralizar a España». La frase procede de unas declaraciones a The Telegraph reproducidas aquel día por The Sun, que situaba esa hipotética capacidad a medio plazo.

Parry también consideraba muy superior la capacidad militar británica, pero no esperaba una acción militar, según esa misma información. Era una opinión personal de un oficial retirado, no una amenaza oficial del Gobierno británico ni el anuncio de una operación contra España.

Su trayectoria ayuda a entender por qué su intervención encontró eco. La biografía publicada por el Royal United Services Institute, RUSI, recoge 36 años en la Royal Navy, el mando del destructor HMS Gloucester y del buque de asalto anfibio HMS Fearless, además de responsabilidades sobre el desarrollo de las fuerzas armadas. También participó en la guerra de las Malvinas.

Una negociación europea llevada al terreno militar

La secuencia fue muy rápida. Londres notificó formalmente su intención de abandonar la UE el 29 de marzo de 2017. Dos días después se distribuyó el borrador de las directrices europeas para negociar la separación, según la cronología del Consejo Europeo. La posición de Gibraltar tras el Brexit pasó a formar parte de una negociación en la que España tenía intereses propios y capacidad de intervención.

El texto que los Veintisiete aprobaron finalmente el 29 de abril fijó esa condición en su punto 24: ningún acuerdo entre la UE y Reino Unido podría aplicarse a Gibraltar, una vez consumada la salida, sin acuerdo entre Madrid y Londres. El documento regulaba una negociación y la aplicación territorial de sus resultados; no planteaba una confrontación armada.

En medio de aquella polémica, el antiguo líder conservador Michael Howard evocó la decisión de Margaret Thatcher de combatir en las Malvinas para defender a los isleños. El País recogió esa comparación y la posterior llamada a la calma de Theresa May, que descartó un conflicto armado. La escalada estaba en las declaraciones y en parte de la prensa británica.

La superioridad que defendía Parry era una valoración

The Telegraph presentó su información bajo una idea incómoda para Londres: la Royal Navy era más débil que durante la guerra de las Malvinas. El País explicó que Parry reclamaba una inversión adecuada si el Gobierno quería elevar el tono sobre Gibraltar. Su intervención combinaba confianza frente a España y crítica a los recursos propios, dos planos que conviene conservar al leer aquella comparación de capacidades militares.

La frase no aporta por sí sola una demostración de quién ganaría una guerra. El potencial sobre el papel debe distinguirse de la preparación, el abastecimiento y la posibilidad de mantener operaciones, factores que también condicionan los balances sobre los ejércitos de la OTAN. La estimación de un militar retirado sigue siendo una estimación, aunque su experiencia le dé notoriedad.

Una declaración de archivo ante una realidad diferente

Los proyectos navales posteriores muestran además relaciones que aquella retórica dejaba fuera. En 2026, el trabajo de Navantia en Reino Unido incluye la construcción de medios para producir buques logísticos británicos. Por su parte, Gwyn Jenkins ha defendido conectar barcos, drones y sensores de países aliados. La cooperación industrial y operativa forma parte de ese panorama.

Recuperar las palabras de Parry permite recordar hasta dónde llegó el tono de la disputa en 2017. Su fecha y su carácter hipotético son indispensables: no describen una amenaza actual, un plan aprobado por Londres ni una superioridad comprobada sobre las Fuerzas Armadas españolas de hoy.

© Wikimedia

El estrecho de Gibraltar
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Rob Bauer, exjefe del Comité Militar de la OTAN: «El Cuerpo de Despliegue Rápido español encarna lo mejor de nuestra Alianza» y es en buena medida a la tecnología detrás de nuestro ejército

El 1 de julio de 2022, al término de la cumbre de Madrid, el almirante neerlandés Rob Bauer visitó en Valencia el Cuartel General de Despliegue Rápido de la OTAN en España. Entonces presidía el Comité Militar aliado y quiso destacar la preparación de aquel mando multinacional, conocido por las siglas HQ NRDC-ESP.

«El Cuerpo de Despliegue Rápido español encarna lo mejor de nuestra Alianza», afirmó, según la información oficial de la OTAN. La cita está traducida del original en inglés y se refiere a ese cuartel general concreto. Bauer relacionó su reconocimiento con el trabajo en equipo, la solidaridad y la disponibilidad para asumir misiones.

La visita se produjo cuando el mando, dirigido por el teniente general Fernando García-Vaquero, contaba con unos 400 militares aliados, según la nota de la organización. Se trata de una declaración de archivo: corresponde a julio de 2022 y a la etapa en la que Bauer ocupaba la presidencia del Comité Militar, no a una nueva evaluación del Ejército español.

Qué podía dirigir el cuartel general de Bétera

El alcance de aquel elogio se entiende mejor con la certificación obtenida meses antes. El Ejército de Tierra informó el 7 de diciembre de 2021 de que el cuartel general de Bétera había superado el ejercicio Steadfast Leda como mando para combate de alta intensidad. La evaluación acreditaba su capacidad para dirigir unidades que sumaran hasta 120.000 militares dentro del dispositivo de los ejércitos aliados.

Ese número describía una capacidad de mando certificada, no una concentración real de 120.000 soldados en Valencia. La prueba fue un ejercicio de puestos de mando, desarrollado en la base de Araca, en Vitoria, entre el 23 de noviembre y el 1 de diciembre de 2021. El escenario planteaba un ataque ficticio contra un aliado y una respuesta amparada en el artículo 5, referencia de la defensa colectiva.

En la simulación, el cuartel general dirigió cuatro divisiones y tres brigadas de distintos países. Los evaluadores comprobaron la resolución de incidencias de combate, logística, inteligencia y desinformación. En Araca trabajaron cerca de 800 militares con puestos de mando principal, alternativo y táctico. El Ejército anunció que, tras superar esa preparación, el mando permanecería disponible durante 2022.

La visita tras las decisiones de Madrid

La cumbre de junio de 2022 acababa de aprobar un nuevo Concepto Estratégico y un refuerzo de la disuasión y la defensa. La OTAN anunció más fuerzas con alta disponibilidad, material preposicionado y planes reforzados. En ese marco, contar con mandos capaces de coordinar unidades multinacionales daba contenido práctico a la aportación española a la organización, más allá de las decisiones políticas adoptadas en la reunión.

La coordinación militar tiene también una dimensión técnica: las órdenes y los datos deben circular entre unidades que trabajan juntas. Los proyectos españoles de redes tácticas 5G, difundidos en 2026, ilustran esa necesidad de comunicación. Son posteriores a las palabras de Bauer y no formaban parte de la certificación de 2021 ni del reconocimiento que expresó durante su visita.

El cuartel general celebró en octubre de 2022 su vigésimo aniversario. Según el Ejército, su creación oficial se remontaba a octubre de 2002 y, en aquel aniversario, reunía a representantes de doce países. Esa trayectoria permite situar la dimensión multinacional de la unidad que Bauer elogió: una estructura estable de trabajo entre aliados, con sede en España y preparada para asumir responsabilidades de mando.

© GDELS

Barcazas del 8x8 Dragón en la fábrica de GDELS-SBS en Trubia (Asturias)
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Doug Perry, jefe de la Segunda Flota de EEUU, sobre el mando naval de España: «Nuestra fuerza colectiva es nuestro mayor activo» y su tecnología es cada vez mejor

España acudió a las maniobras FLEETEX 250 con cinco buques y unos 2.500 militares, pero su papel también incluía dirigir una fuerza de otros países. Ese cometido estuvo en el centro de la valoración de Doug Perry, vicealmirante y comandante de la Segunda Flota estadounidense, recogida en una nota de su mando publicada el 7 de julio de 2026 en DVIDS.

«Nuestra fuerza colectiva es nuestro mayor activo», afirmó Perry. La frase, traducida del original en inglés, vinculaba expresamente el liderazgo español en la agrupación atlántica con la integración de fuerzas de toda la Alianza. El objetivo que mencionaba era mantener un Atlántico seguro y estable.

El reconocimiento correspondía a un ejercicio realizado en junio frente a la costa este de Estados Unidos. La Marina estadounidense situó al Juan Carlos I como núcleo de la agrupación expedicionaria española. El elogio tenía así un destinatario concreto, el mando ejercido por España, dentro de una valoración más amplia sobre la capacidad de los aliados para actuar juntos.

Una fuerza de 14 naciones bajo mando español

El Estado Mayor de la Defensa aportó las dimensiones de esa responsabilidad en su balance del 29 de junio: más de 3.000 militares de 14 naciones integraban la fuerza dirigida por España. En el conjunto de las maniobras participaron fuerzas navales de 17 países. Son cifras distintas: una describe la agrupación bajo autoridad española y la otra, el alcance internacional del ejercicio.

Según el EMAD, el despliegue se organizó en siete agrupaciones: cinco encabezadas por Estados Unidos, una por la OTAN y otra por España. El mando español correspondió al Cuartel General Marítimo de Alta Disponibilidad y a SPMARFOR. Esta capacidad de asumir responsabilidades forma parte de la contribución española, que también requiere integrar personal y medios extranjeros bajo procedimientos compartidos y una cadena de mando común.

El adiestramiento incluyó desembarcos, operaciones aéreas y simulaciones de bajas masivas para entrenar la respuesta sanitaria. Hubo además ejercicios antiaéreos, antisubmarinos y de superficie. Esa combinación ayuda a entender cómo trabajan los ejércitos de la OTAN: las capacidades nacionales se coordinan para responder a situaciones que afectan a varias unidades y dominios a la vez.

El Juan Carlos I y el trabajo antes de llegar

La Armada detalló al inicio del despliegue que el Juan Carlos I viajaba junto al Castilla, las fragatas Blas de Lezo y Reina Sofía y el Patiño. El mando del grupo estaba embarcado en el Castilla. El contingente reunía 75 vehículos y diez aeronaves, además de doce embarcaciones anfibias. Entre los medios aéreos figuraban Harrier y helicópteros de la Armada y del Ejército de Tierra.

La preparación comenzó durante la travesía. El EMAD documentó prácticas de vuelo, tiro, aprovisionamiento de combustible y transferencia de cargas y personal. Coordinar unidades exige también intercambiar información de forma fiable, una necesidad que explica otros proyectos españoles de comunicaciones tácticas. Esos desarrollos tecnológicos constituyen un contexto distinto y no deben confundirse con los equipos concretos empleados en FLEETEX.

El Atlántico concentra rutas comerciales, infraestructuras energéticas y cables submarinos, como recordó la Armada al presentar la misión. La cooperación naval entre ambos lados del océano cuenta asimismo con instalaciones como la base de Rota. El despliegue de 2026 permitió ensayar la actuación lejos de las bases y la integración con fuerzas de otros países.

La declaración de Perry resume el sentido que el mando estadounidense dio a ese esfuerzo: el liderazgo español y la cooperación aliada se reforzaban mutuamente. Su valoración se refería a la actuación conjunta durante unas maniobras concretas y al papel que esa preparación puede desempeñar en la seguridad del Atlántico.

© Navantia

Arte conceptual de la Fragata F-110 desarrollada por Navantia
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Adif consintió prorrogar el viejo sistema LZB por un ahorro de 37 millones de euros

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