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El temible jefe de la mafia de motochorros de CABA acusada de robar más de $120 millones

Federico Astudillo, el presunto jefe

Días atrás, Infobae reveló la existencia de una organización criminal temible que operaba en la ciudad de Buenos Aires, una literal mafia de motochorros dedicada a cometer asaltos comando a mensajeros de financieras una asociación ilícita que cometió siete robos entre comienzos de marzo y fines de mayo de este año en zonas como Saavedra y Villa del Parque.

La banda sabía dónde golpear: iba directo al efectivo. La inteligencia previa era notable. Los golpes -cometidos con dos motos a la vez, junto a varios autos de apoyo- eran una mezcla de salideras a víctimas en torno a financieras y falsas operaciones de cambio. El botín era siempre en efectivo. El saldo global de sus ataques fue notable también: más de $122 millones cash.

Esta semana, tras una extensa y metódica investigación a cargo del fiscal Andrés Madrea, el juez Darío Bonanno procesó a siete de sus miembros -seis de ellos con prisión preventiva- por el delito de, precisamente, montar una asociación ilícita dedicada al robo en poblado y en banda. Los embargos ascienden hasta $80 millones para los líderes. Un nombre resuena entre todos ellos: el de su presunto jefe, Federico Elías Astudillo.

11 de mayo de este año: la banda roba $17 millones frente a una financiera en Villa del Parque

Astudillo, registrado como monotributista en ARCA con pagos al día, es un ex cadete de moto y empleado de un restaurant de sushi que pasó por una cárcel federal. Fue procesado por el juez Bonanno por ser el presunto capo de la asociación ilícita -una figura sumamente infrecuente en el mundo de los expedientes contra motochorros-, con participación en cuatro de los hechos investigados. El juez también pidió ampliar su indagatoria por su posible participación en un quinto asalto.

El procesado “ejercía la jefatura dentro de esta banda, desempeñando una función de conducción y articulación dentro de la organización, llevando a cabo la coordinación y captación de los intervinientes que llevaban a cabo las maniobras delictivas”, afirmó el juez en su imputación. Su novia, Antonella Roldán, es otra de las procesadas en la mafia.

La Justicia vincula a Astudillo a los autos de apoyo empleados en los asaltos. También, habría tomado parte directa en los robos. En uno de los asaltos que le imputan, una trampa montada on la falsa compra de un vehículo, la banda le robó $20 millones a su víctima sobre la avenida Martín García. “Quédate quieto que te quemo”, le susurraron a punta de pistola.

La formación criminal de la banda: dos motos y un auto de apoyo ligado a Astudillo

Astudillo cayó tras un seguimiento de la División de Investigaciones de la Comuna N° 11 de la Policía de la Ciudad. Lo arrestaron a bordo de un Volkswagen Vento junto a su novia.

La banda, más o menos, se había formado como un club de amigos con la prisión como zona cero. E perfil de Facebook de Astudillo lo vincula a otro procesado en la banda, Rodrigo Salvadores, con quien compartió penal en 2021; posteaban sus fotos tumberas en la red en aquel entonces. Salvadores, por su parte, se vincula a otro sospechoso procesado en la causa, Alan Nicolás Casafú.

Federico Astudillo, seguido por la Policía de la Ciudad

Astudillo, por otra parte, fue involucrado a un auto de apoyo en el hecho que dio comienzo a la investigación y que terminó con su presunta banda en prisión: el asalto ocurrido el 1° de abril de este año en la calle Vedia, zona de Saavedra. Los delincuentes iban por un gran premio: intentaron quitarle a un delivery un paquete cargado con $24,6 millones de pesos. Los motochorros no contaban con que el mensajero era un ex policía que llevaba un revolver Taurus calibre .357.

Uno de los motochorros, Tomás Sobre, un reincidente serial con seis condenas, terminó con un tiro en una pierna. Astudillo fue mencionado en 18 ocasiones en el procesamiento del caso: tras el asalto, el presunto capo de la mafia motochorra fue a comer a un restaurant peruano del Abasto.

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Seat pone en revisión sus inversiones e insiste en reducir costes

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Seat pone en revisión sus inversiones e insiste en la necesidad de reducir costes, presionada tras disparar sus pérdidas operativas en el tercer trimestre del año. El impacto de la electrificación y otros factores en sus finanzas obligan a ello, en un momento en el que el futuro de la marca Seat está en revisión y el Grupo Volkswagen, su matriz, desarrolla un plan de fuertes recortes productivos y laborales a nivel global.

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Catalunya busca su espacio en la reconstrucción de Ucrania

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Catalunya quiere ofrecer su experiencia empresarial en la reconstrucción y modernización de Ucrania, azotada por la guerra e invasión rusa. Generalitat y Cambra de Comerç de Barcelona impulsaron ayer una jornada para promover las relaciones entre ambos, con representantes de organismos y empresas ucranianas y de instituciones europeas. En declaraciones a La Vanguardia el conseller de Unió Europea i Acció Exterior, Jaume Duch, expone que estos años las relaciones han sido más importantes en el lado humanitario, y ahora se busca dar un paso en lo empresarial y lo comercial, vertiente hasta ahora casi inexistente. “La reconstrucción no se inicia cuando acaba la guerra, se va haciendo”, dice Duch.

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Fue figura del fútbol argentino, convirtió dos goles en la Selección de Maradona y hoy se dedica a la venta de ropa deportiva

Facundo Bertoglio fue uno de los futbolistas más destacados de aquella “selección local” que Diego Armando Maradona armó para disputar algunos amistosos previo al Mundial de Sudáfrica 2010. A pocos meses de la cita en suelo africano, dio la nota con dos goles en una exhibición contra Haití en Cutral Có y confirmó que estaba a la altura de los mejores del medio local en un duelo en el que tiró paredes con dos emblemas como Ariel Ortega y Martín Palermo. Fue vendido por millones a Europa, retornó al fútbol argentino, padeció una lesión crónica de tobillo que acortó su vida útil como profesional y hoy se dedica a la venta de indumentaria deportiva mientras se forma para ser entrenador y sueña con volver a las canchas del otro lado de la línea de cal.

En una entrevista exclusiva con Infobae, el talentoso mediapunta surgido en la cantera de Colón de Santa Fe reveló por qué no volvió a jugar con la camiseta del Sabalero, con la que en sus inicios recibió una de las patadas más impactantes de los últimos tiempos de parte del colombiano Breyner Bonilla en un partido contra Boca: “Pensé que me rompía todo”. Por qué el Turco Mohamed fue el técnico que más lo marcó, el pedido de Maradona antes de aquel amistoso contra los haitianos en Neuquén y la madrugada en la que ultras de un equipo griego en el que jugó se cruzaron en la ruta para exigir explicaciones después de una derrota.

—Tenés apenas 36 años, ¿ya te retiraste definitivamente como jugador de fútbol?

—Me encantaría seguir jugando. Renegué mucho desde los 30 años con problemas en un tobillo, una osteocondritis que me empezó a joder un poco. La estiré hasta los 35, jugué con infiltraciones y tratamientos de kinesiología. Jugué hasta donde más pude, hasta a veces sufría y no disfrutaba el fútbol por este tema. La carrera se me estiró cinco años, no pensé que iba a poder tanto. Me vine a vivir a mi pueblo, San José de la Esquina (Santa Fe), y terminé en Centenario, donde me inicié.

Facundo Bertoglio durante sus inicios en Colón de Santa Fe

—¿No te quedó la espina de volver a jugar en Colón?

—No, porque Colón es un club especial para mí. Me formé ahí, fui a la pensión desde muy chico, es un club que quiero mucho. Y cuando tuve la oportunidad para volver, que fue al final, sentía que no estaba bien para ayudarlo o darle algo dentro de la cancha. Entonces tomé la decisión desde la razón y no desde el corazón. Si algún día me toca volver a Colón, me formaré para ayudar y no solo porque uno es hincha o lo lleva en el corazón.

—Colón te dio la chance de jugar en Primera y también de vestir la camiseta de la selección argentina... ¿qué recordás de tus inicios en el club? ¿A qué jugadores mirabas?

—Desde chico acá en mi pueblo siempre soñé con entrar a una cancha y jugar con el estadio lleno. Por más que estaba cerca de Rosario, nunca fui a una cancha hasta los 15 años que llegué a Colón y fui alcanza pelotas. De chiquito nunca había visto tanta gente en una cancha. Ahí se me prendió el sueño y pensar que quería estar adentro y sentirme jugador de fútbol. Fue una emoción muy grande aquella primera vez en la cancha. “Yo quiero estar acá”, pensaba. Cambió mi cabeza desde ese día, me fui a dormir sabiendo que haría todo lo posible para entrar a esa cancha con la camiseta de Colón. En ese momento miraba mucho a Totono Grisales, el Bichi Fuertes, que después se fue, Giovanni Hernández y el peruano (Juan Manuel) Vargas.

—¿Cuál fue el punto de inflexión en tu carrera? ¿Cuándo te sentiste profesional y en qué momento pensaste que estabas para dar un salto importante?

—Al hacer lo que te gusta, no te das cuenta del día a día. Pasa todo muy rápido: pretemporada, partidos, viajes. No me detenía a pensar “che estoy con el Bichi Fuertes”. Hoy a veces hablo con él y le digo que fue un placer jugar con él, en ese momento no me percataba. Personalmente tuve un partido contra Universidad Católica en un repechaje de Libertadores que me marcó y también tuve partidos buenos contra equipos grandes de Argentina como Boca y River. Ahí noté que tenía proyección, que quizás podía irme a Europa o dar un salto. Estoy muy agradecido al Turco Mohamed, porque con 17 o 18 años él me pedía que la pide y encare, no me metía presión por perder una pelota. No es fácil encontrar un entrenador así que te libere y te haga disfrutar del fútbol y más hoy en día. Tuve la suerte de tenerlo y que me ayude, mejore y enseñe muchas cosas. No me ponía ningún límite.

—Recibiste un patada histórica en un Colón-Boca de parte del colombiano Breyner Bonilla. ¿Me contás los detalles de esa jugada?

-Ganábamos 3-0, yo había hecho dos goles y era un partido perfecto para nosotros. La gente empezó a gritar “ole, ole” y se percibía que en algún momento se venía una patada fuerte. Faltaban cinco minutos y quedó esa pelota en el aire, pensé que llegaba antes. Pero vi cómo se tiró él y no alcanzo. Lo vi venir de frente y dije “che, me rompe todo”, entonces intenté puntearla y saltar. Me engancha de lleno, pero en el aire. La patada la vi venir, pero no la pude esquivar, no había manera. Por suerte fue el golpe y que me enganchó en el aire. Si me agarra afirmado al piso, creo que me lesiona porque se tiró muy mal.

—¿Qué repercusión hubo después del partido? ¿Bonilla te fue a pedir disculpas al vestuario o te llamó?

—No, no. Quedó en la cancha. Fue una situación de partido en la que ganábamos 3-0 y la gente gritaba “ole”. Él había cometido uno o dos errores en los goles y se dio así, pero quedó ahí.

—Ese gran nivel en Colón te llevó a la Selección dirigida por Maradona antes de Sudáfrica 2010. ¿Tuviste tu “momento Maradona” como han contado otros jugadores?

—El Turco Mohamed me había dicho que me estaba mirando y después me avisaron del club que estaba citado. Parece una pequeñez, pero cuando llegué a la Selección y escuché que él me decía “Facu, Facu encará” no podía creerlo. Salí del entrenamiento y le decía a mi viejo que conocía mi nombre. Y, claro, si me había convocado para jugar. Pero era muy fuerte presenciarlo. Él me daba indicaciones “Facu, encará o controlá orientado así” y yo por dentro pensaba “me está diciendo ‘Facu’ Maradona”, ¿entendés? Era una situación tan grande que no podía creerla. Diego fue para mí como el Turco Mohamed, me quedó grabado que antes del amistoso con Haití, que jugué con Ortega y Palermo arriba, lo único que me dijo fue que la pidiera y encarara. Y que, si la perdía, la volviera a pedir y encarara. “Yo te voy a cagar a pedos si no encarás”, me advirtió. Que para un jugador de fútbol Maradona te dijera eso era increíble. Entonces no hice otra cosa que esa, ir para adelante. Fue un recuerdo hermoso que me quedó de él.

Así formó argentina en el amistoso contra Haití en 2010: Diego Pozo, Ariel Garcé, Juan Manuel Insaurralde, Cristian Villagra, Paolo Goltz, Juan Mercier (arriba), Bertoglio, Sebastián Blanco, Patricio Toranzo, Ariel Ortega y Martín Palermo (abajo)

—Y encima le devolviste la confianza con dos goles en ese 4-0 contra Haití... ¿Te ilusionaste con ir al Mundial?

—Te digo la verdad, yo tenía 18 años y era un sueño cumplido jugar en la Selección y estar ahí con Diego, Ortega y Palermo. Pero jugué, la rompí, hice dos goles y, cuando me volvía para Santa Fe, me dije “¿por qué no?”. Pero la realidad es que era imposible jugar esa Copa del Mundo con la calidad y cantidad de jugadores que había. Y faltaban tres meses nomás.

—Después de esa Copa del Mundo, te venden a Europa. ¿Te arrepentís de haberte ido a Ucrania y no haber elegido un destino más potable para proyectarte desde lo futbolístico?

—Es complicada la pregunta. Me costó muchísimo la adaptación, estaba muy solo. De vez en cuando iban mi viejo y mi hermano. Yo no hablaba inglés y mis compañeros no me entendían. No estaba preparado para ir a un país así la verdad. Estuve dos años, intenté adaptarme, quise intentarlo para devolver el esfuerzo económico que había hecho el club (Dinamo Kiev) por mí. Tomé la decisión de ir pensando en lo económico. Venía de una familia humilde, clase media trabajadora, siempre laburando. Entonces tomé la decisión pensando desde ese lado. Con el diario del lunes, tenía la posibilidad de ir a Italia o Francia, donde quizás hubiera sido otra cosa, pero se dio así. Después de seis meses o un año me adapté un poco, pero me costó mucho la cultura, fue un cambio muy grande. Tenés que estar bien de la cabeza y anímicamente para rendir.

—Compartiste vestuario con un monstruo como Andriy Shevchenko... ¿Cómo era él?

—Sí, estuve un año con Sheva y después se retiró. La verdad que muy bien, son jugadores que te enseñan y dejan cosas. Mirarlo entrenar era un lujo, un placer verlo. Yo era medio pesado, le preguntaba cosas. Él hablaba un poco español porque había estado en Italia y había tenido a Hernán Crespo de compañero. “Hernán un fenómeno, qué jugador”, me decía. Me nombraba a Batistuta y a Maradona. “El más grande”, me decía. Después he compartido vestuario con otros grandes jugadores como Dida, Zé Roberto, Elano, Gilberto Silva, campeones del mundo. Pero como Schevchenko ninguno. Tenía 36 años y desde donde pateaba hacía el gol. El tipo jugaba un reducido y con derecha, zurda, cabeza o espalda, la metía adentro. Era muy raro que la pelota no fuera al arco. Era un robot.

El ucraniano Shevchenko fue su compañero en Dinamo Kiev

—¿Tu paso por Gremio en el fútbol brasileño te hizo encontrarte un poco más con tu fútbol?

—Sí, creo que ahí volví a ser feliz y sentirme bien. Vine la primera vez por seis meses, donde anduve muy bien, y después renové por un año, cuando me costó un poco más jugar por el nivel que había. Yo jugaba de mediapunta y estaba Elano, trajeron al chileno Eduardo Vargas, Hernán Barcos, Marcelo Moreno Martins... había un nivel altísimo. Me sirvió un montón, pero alternaba mucho. Fue una gran experiencia estar en ese plantel.

—¿Jugar en Turquía (Fenerbahçe) fue un paso adelante o atrás en tu carrera?

—Te diría que para adelante. Yo creo que todos los pasos que di en mi carrera fueron para adelante. Mirá, yo estaba en el Apoel de Chipre y me salió la oportunidad de irme a Kazajistán. Me preguntaba cómo sería el fútbol ahí. Firmé en un equipo que jugaba Europa League, algo que me motivó a ir, y cuando llegué los jugadores se lavaban la ropa. Te ibas con la ropa de entrenamiento a tu casa y te la lavabas vos. Una cultura muy vieja, del fútbol de antes. Amateurismo puro. Ahí ponés los pies sobre la tierra y empezás a valorar muchísimo más lo que es ser un jugador de fútbol profesional. Después estuve como seis años en Grecia (Asteras Trípolis, Lamia y Aris Salónica), donde es todo más profesional, pero en Kazajistán valoré mucho más todo.

El santafesino jugó en Ucrania, Brasil, Turquía, Francia, Grecia y Kazajistán en el exterior

—¿No te llamaron de Colón antes de que jugaras en Tigre o Aldosivi?

—No, en ese momento no apareció. Después de mis primeros seis meses en Tigre sí me llamó Mostaza Merlo porque Colón había ascendido. Tenía ganas, pero Gustavo Alfaro me convenció de quedarme. Aprendí mucho con él. Tuvimos un gran año en Tigre, clasificamos a la Sudamericana y surgió la chance de irme al Asteras Trípolis para jugar Europa League. Después, cuando me salió lo de Aldosivi, mi señora estaba embarazada y tomamos la decisión de quedarnos en Argentina. Ahí conocí a Guillermo Hoyos, que además de ser entrenador es como un padre. Te enseña como ser humano, no solo desde lo futbolístico. Y al jugar en varios países te das cuenta que el fútbol argentino es muy competitivo y dificilísimo.

—¿Es verdad que los hinchas griegos son igual de picantes que en Argentina?

—Sí, sí, se parecen a los de acá. Apenas un poquito más controlados. Pero los barras, que allá les llaman ultras, se te meten a un vestuario o generan violencia en la cancha o algún clásico también. En Aris, que es un equipo grande allá, jugamos una revancha de Copa Grecia contra un equipo chico de visitante. Habíamos ganado 2-0 de local, perdimos 2-0 afuera y quedamos afuera en penales. A la vuelta, los hinchas se nos cruzaron en la autopista con el micro y tuvimos que bajar todos a darles explicaciones de lo que había pasado. Jugamos a las 10 de la noche y a las 2 o 3 de la mañana estábamos ahí como una hora con un frío tremendo explicando por qué habíamos quedado afuera. No nos querían dejar subir de nuevo al colectivo. Los tipos estaban sacados, como locos. Fue una situación horrible. Te decían “¿por qué erraste ese pase?" o “¿por qué no hiciste ese gol?" y vos le respondías que no te había salido. Estuvimos 45 minutos hasta que les pedimos disculpas y nos dejaron ir.

Facundo Bertoglio: de la selección argentina a un emprendimiento de indumentaria y el sueño de dirigir un día a Colón

—¿Tenés pensado volver al fútbol desde otro lugar? ¿Te ves como entrenador o más ligado a ser representante o dirigente en algún club?

—Me queda un año para tener la Licencia Pro de entrenador y hace poco arranqué como ayudante de campo de mi hermano en Centenario, en mi pueblo. Para mí el fútbol es todo, me cuesta mucho no estar con la pelota en una cancha en el día a día. Mi idea es largarme de a poco y hacer experiencia, pero adentro de la cancha. Disfruto mucho estar y hablar con el jugador, preparar un partido, cosas que cuando jugaba ya miraba, pensaba y observaba a mis entrenadores respecto al liderazgo de grupo. Administrar las emociones, la tristeza de perder o la alegría al ganar. Hoy tengo un negocio de venta de indumentaria deportiva y también he invertido en algún inmueble, pero no hay otra cosa en la vida que me genere lo mismo que el fútbol.

—Así como anhelaste otras cosas cuando empezabas como futbolista: ¿es un sueño dirigir un día a Colón?

—Sí, lo pienso. Pero no me pongo plazos. Colón es especial para mí y me quiero preparar bien para cuando me llegue esa oportunidad y así ayudar al club. Estoy hablando para dirigir algún equipo de la liga (interprovincial) y agarrar experiencia. No quiero ir a Colón a tener un cargo de tanta responsabilidad solo por mi nombre. Prefiero seguir apoyando como hincha y sí hacerlo cuando me sienta capacitado de afrontar ese desafío.

—Mirá que Scaloni arrancó sin experiencia en la Selección y terminó siendo campeón del mundo, eh...

-Es cierto, ja. Pero yo creo que Scaloni estuvo en Mundiales, en la Selección, había tenido muchas vivencias y se nota mucho lo que transmite como ser humano. Tiene algo diferente que te das cuenta cuando lo escuchás hablar. Lo que yo voy a emprender es con la esperanza y el sueño de algún día dirigir en el alto nivel, no tengo dudas.

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