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Perder una pierna o no poder mover la mano: dos visiones desde la literatura

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Cincuenta y cinco días después de dar a luz a su primer hijo, Noelia Romero volvió al quirófano: todas las mujeres de su familia terminan teniendo problemas en las manos, y ella necesitaba las suyas para cuidar a su bebé. Unos seis años después, Nerea Pérez de las Heras nadaba en el Mediterráneo durante sus vacaciones cuando la hélice de un barco le destrozó una pierna. “Me dejaron escoger por qué mano empezar, y escogí la que no uso tanto, la derecha”, escribe Romero. Pérez de las Heras —que no pudo escoger— perdió la pierna derecha por debajo de la rodilla. “La sensación de haber sido completamente sustituida por el sufrimiento y de haber dejado de existir no respondía a un estado alterado de la conciencia, era lo que me estaba esperando al otro lado del shock: era la realidad”, reflexiona.

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