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Na Hong-jin, el director de moda del cine coreano que se inspira en Spielberg para reinventar el cine de monstruos

30 October 2026 at 21:17

Na Hong-jin, el director de moda del cine coreano que se inspira en Spielberg para reinventar el cine de monstruos

El cineasta estrena 'Hope', filme de terror y acción que cuenta con Alicia Vikander y Michael Fassbender en dos sorprendentes papeles y con el que compitió en el Festival de Cannes

La película que se ha convertido en el símbolo de la juventud francesa que protesta en las calles

Un animal aparece destrozado en medio de un camino rural de Hope Harbor, un pequeño pueblo de Corea del Sur. Lo que en principio parece un incidente aislado se transforma muy pronto en una espiral de caos y destrucción que acaba arrasando la localidad. Así comienza Hope, el esperado nuevo largometraje del director surcoreano Na Hong-jin, responsable de títulos de culto como The Chaser (2008), The Yellow Sea (2010) y la célebre El extraño (2016). Un filme que da la vuelta al cine de monstruos y lo convierte en una auténtica montaña rusa de persecuciones y hasta un humor que viaja entre lo negro y lo ridículo.

El largometraje se sitúa en un punto intermedio entre el cine de acción y la ciencia ficción, pero ha sido concebido como una auténtica superproducción. De hecho, es la película surcoreana más cara de la historia y solo el primer capítulo de lo que parece que será una trilogía todavía no confirmada. Un filme que desafió también las normas del género al ser presentado en el pasado Festival de Cannes en competición por la Palma de Oro antes de pasar por el festival de Sitges.

A nivel puramente formal, Hope se revela desde su secuencia inicial como un gran despliegue técnico y artístico. Aunque la atmósfera que rodea el arranque de la cinta es más pausado, destila más bien el aroma del western clásico. “Queríamos trasladar al público esa sensación de lugar desértico, abandonado a su suerte y totalmente desconectado del mundo exterior, al estilo del western más tradicional”, explica el cineasta. 

“Además, en el cine surcoreano contemporáneo resulta insólito filmar escenas a caballo salvo en las ficciones históricas, pero decidimos asumir el reto para dotar a la historia de un ritmo diferente. Para lograrlo, necesitábamos un pueblo remoto que transmitiera esa angustia: un lugar donde, si la población necesita pedir auxilio urgentemente, los refuerzos tardarán días en poder llegar”, añade. 

Pero el film va incrementando su marcha de manera progresiva hasta volverse imparable, una aceleración a la que contribuye de forma decisiva la labor del director de fotografía, Hong Kyung-pyo, cuyos primeros planos, frenéticas persecuciones y planos secuencia contagian la tensión y la energía de la acción.

La verosimilitud de la cinta se refuerza por otras decisiones de la producción. Ese escenario azotado por el caos que vemos en pantalla no se levantó en la frialdad de un plató, sino directamente en las calles de Haenam, una localidad real ubicada en uno de los puntos más al sur de la península de Corea. “Es prácticamente el único lugar de la región que conserva su arquitectura intacta, sin haber sido transformado por la modernización urbana”, recuerda el director. 

Tras convencer a los residentes y obtener los permisos necesarios, el equipo empleó tres meses en acondicionar y “vestir” el pueblo, simulando los muertos, escombros y marcas de destrucción sobre los edificios reales mientras la vida de la villa continuaba con la mayor normalidad posible. “Mientras nosotros rodábamos las persecuciones y las luchas en los callejones, los vecinos se cortaban el pelo tranquilamente en la barbería de la esquina”, relata divertido Na Hong-jin.

La inspiración de los clásicos

Hay una línea clara que une esta Hope con otras películas de monstruos como Tiburón o Alien. Como en ellas, el espectador ha de esperar casi una hora para poder ver la primera manifestación de la amenaza a la que se están enfrentando realmente los personajes, lo que convierte la revelación del monstruo en uno de los grandes momentos de la película. Otra de las influencias reconocidas del director es la ochentera Robocop, de Paul Verhoeven, especialmente en lo relacionado con un tipo de violencia hiperbólica y el uso casi delirante de las armas de fuego.

Narrativamente, la idea era presentar a ojos de los humanos unas criaturas que resultaran lo más repulsivas e inferiores posible. Sin embargo, a medida que la historia avanza descubrimos que no es así

Na Hong-jin — Cineasta

Lejos de eludir la comparación, el realizador asume con orgullo la huella de todas estas películas. “Para mí son lo que yo llamaría ‘el cine de verdad’, son obras clásicas que me han influido de manera determinante como director, el tipo de películas que veía cuando era pequeño y me hacían exclamar: ‘esto sí que es cine’”, confiesa.

No obstante, preguntado sobre el origen conceptual de los monstruos de Hope, Na Hong-jin desvela que las fuentes de inspiración provinieron de ámbitos muy alejados del estándar habitual del género. “La mayor inspiración para su diseño proviene del ámbito de la pintura y de las artes plásticas. En particular, los cuadros de Edvard Munch ejercieron una enorme influencia en mi visión”, detalla. 

Por otro lado, al ambientar la historia en su país natal, sintió la necesidad de darle a los monstruos una cierta resonancia asiática, acudiendo a referencias del manga y el anime japonés. “Narrativamente, la idea era presentar a ojos de los humanos unas criaturas que resultaran lo más feas, grotescas, repulsivas e inferiores posible. Sin embargo, a medida que la historia avanza descubrimos que no es tanto así”, desvela. 

'Hope' da la vuelta al cine de terror y monstruos
'Hope' da la vuelta al cine de terror y monstruos

Un reparto que cuesta reconocer

Uno de los detalles más llamativos del proyecto reside en su estelar reparto internacional. Intérpretes de la talla de Alicia Vikander o Michael Fassbender forman parte del elenco, aunque ocultos bajo complejas capas de caracterización y retoque digital que los vuelven prácticamente irreconocibles en pantalla. 

“Me preguntan mucho sobre esto y ¡no era nuestra intención en absoluto!”, asegura Na Hong-jin. “Quizá desde una mirada occidental pueda interpretarse con cierta distancia humorística o como una curiosidad, pero para el equipo supuso un duro trabajo que conllevó una inversión gigantesca”. 

El proceso incluyó el escaneado tridimensional de los rostros de los actores y la incorporación de esos datos a los modelos digitales, una labor minuciosa cuyo pleno rendimiento se apreciará en las siguientes entregas de la trilogía, dado que en esta primera entrega su tiempo en pantalla es deliberadamente corto.

Pero quizá ya estamos revelando demasiado de la trama de Hope, una película que seguro provocará debates en torno a un final que deja al espectador con ganas de ver cómo se desarrollará este universo en futuras entregas.

'Flying Free', el himno makinero que consiguió sonar hasta en las charangas de pueblo y Los 40 Principales

29 October 2026 at 21:30

'Flying Free', el himno makinero que consiguió sonar hasta en las charangas de pueblo y Los 40 Principales

Un documental que se verá en el Festival In-Edit reconstruye la historia del mítico tema de mákina creado en 1999 y que marcó una época

Suena en bodas y en fiestas populares, lo tocan las charangas, fue símbolo de la resistencia durante la pandemia y ha superado la barrera generacional. Pocos sabrán que Flying Free, el legendario tema de mákina e himno de Pont Aeri, el templo de la música electrónica de los 90, nació en un dormitorio y que al principio pasó casi desapercibido. Hoy acumula más de 40 millones de reproducciones en todas las plataformas.

Todo empezó en 1999, cuando Marc Escudero (DJ Skudero), el productor Rubén Moreno (DJ Ruboy) y la cantante Marian Dacal grabaron un tema que acabaría trascendiendo los límites de la discoteca. 

El proceso de creación de la canción se cuenta en un nuevo documental que también habla de Pont Aeri y de la familia que había detrás del local. Flying Free: historia de un himno, dirigida por Jordi Papasey, está llamada a convertirse en la referencia para todos aquellos que quieran saber un poco más de todo esto. El filme se estrenará mundialmente el próximo 6 de noviembre en el marco del In-Edit Festival Internacional de Cine Documental Musical.

El nacimiento de un clásico

En el apogeo de la música mákina era normal que cada local produjera temas propios que se pinchaban en la sala y que también se vendían en vinilo. Pont Aeri, convertida ya por entonces en uno de los epicentros de esa escena, no podía ser menos. De hecho, en 1999 la discoteca ya había publicado varios discos con temas propios, pero en esta ocasión le quisieron dar un toque más original. 

“La música de aquella época se caracterizaba por unos ritmos muy contundentes, así que Marc Escudero, que es una persona muy inteligente y con una gran visión de marketing, quiso apostar por algo rompedor: incorporar una voz melódica a una base electrónica potente”, explica Papasey. 

Para crear la música Escudero contó con la ayuda de DJ Ruboy y se reunió con él en su estudio. Marc cuenta en el documental que esperaba encontrarse con unas instalaciones de primer nivel, grandes mesas de mezclas llenas de botones, pero en lugar de eso, descubrió que Ruboy trabajaba en la habitación que tenía en casa de sus padres.

A pesar de ese humilde punto de partida, Escudero no rebajó sus expectativas. Quería que la canción se escuchara más allá de las paredes de su discoteca. Pretendía que llegara a la radio, que entrara en Los 40 Principales. Para conseguirlo, contaron con la voz de Marian Dacal, una cantante española nacida en Londres y con el inglés como lengua materna, “algo que aportaba un valor especial a aquellas producciones y que ayudó a definir el sonido de Flying Free y de otras muchas canciones de mákina posteriormente”, señala el director. 

La música de aquella época se caracterizaba por unos ritmos muy contundentes, así que Marc Escudero, apostó por algo rompedor: incorporar una voz melódica a una base electrónica potente

Jordi Papasey — Director del documental

El resultado de aquel trabajo fue Flying Free que, aunque entusiasmaba a sus autores, se editó discretamente como parte de Pont Aeri Volumen 4, el cuarto disco editado por la discoteca. El disco salió al mercado y, aunque la canción tuvo una buena acogida, no pasaba de ser una más. Hubo que esperar unos meses a que el boca a boca hiciera su trabajo y, poco a poco, comenzó a sonar en las radios especializadas primero y, finalmente, en Los 40 Principales, cumpliendo así el sueño de Escudero.

Una revelación en el gimnasio

Resulta llamativo que nadie antes se hubiera planteado hacer un documental sobre la historia de Flying Free, un tema que ha marcado a generaciones enteras. A Jordi Papasey tampoco se le había pasado por la cabeza hasta que, veinticinco años después, la idea se le presentó en un lugar inesperado. “Estaba escuchando música en el gimnasio cuando de repente sonó Flying Free. Hacía años que no la escuchaba”, recuerda. Después tuvo “una especie de revelación, un clic en la cabeza”, y esa misma tarde empezó a buscar información sobre “toda aquella movida de los años noventa”. 

Descubrió que continuaba existiendo una industria viva alrededor de este tipo de música. Festivales como “Love the 90s” congregaban a miles de personas por toda España y la familia Escudero, vinculada a Pont Aeri, montaba remembers que seguían llenando las salas. “Entonces me di cuenta de que ahí había una historia que merecía ser contada”.

Llegar a los protagonistas resultó más fácil de lo previsto: un amigo de un amigo le pasó el teléfono de Marc Escudero. Tanto la familia como Marian Dacal recibieron la propuesta con una mezcla de curiosidad y, quizá, cierta incredulidad, según cuenta el director. 

Vinilo original del disco Pont Aeri, Volumen 4
Vinilo original del disco Pont Aeri, Volumen 4

Sin financiación todavía, Papasey decidió ponerse a grabar: “Había cosas que estaban sucediendo en aquel momento y que, si no las grabábamos entonces, probablemente perderíamos para siempre”, asegura. Desde aquel primer contacto hasta el estreno han pasado seis años. Un camino muy largo y difícil, “muchísimo más de lo que se podía imaginar al principio”.

De sala de pop a catedral de la mákina

Quien no conozca la historia real puede pensar que detrás de Pont Aeri había un promotor genial con experiencia y ganas de hacer dinero. Lo que Papasey descubrió fue una cosa bien diferente: “Una familia que quería sacar adelante un negocio y donde la unión y el núcleo familiar eran lo más importante. En este caso fue una discoteca, como podría haber sido un restaurante o cualquier otro negocio”, cuenta. 

Ramón, el padre, ejercía de gerente. Teresa, la madre, trabajaba en el guardarropa, y los hijos, Marc y Xavi, fueron pasando por distintos puestos: empezaron limpiando barras y sirviendo copas hasta llegar a ser DJs de la sala. Dos nombres, de hecho, muy conocidos de la escena mákina: DJ Skudero y Xavi Metralla. “No llegaron a ser DJs simplemente por ser los hijos del jefe, sino que fueron creciendo dentro del negocio y ganándose su lugar por méritos propios”, subraya el director.

En sus inicios, Pont Aeri era una sala de pop y rock que se llamaba así porque contaba en su decoración con una escalerilla real de avión de Iberia rescatada de un desguace. El primer año les fue realmente bien. El problema llegó cuando otra discoteca del mismo polígono industrial reabrió y se llevó a buena parte de la clientela. 

El negocio tuvo que reinventarse y Marc Escudero, todavía muy joven, propuso cambiar de estilo musical: la Ruta del Bakalao había extendido por España una nueva cultura de club que en Cataluña estaba evolucionando con identidad propia y acabaría dando lugar a lo que conocemos como música mákina. “Marc supo detectar muy bien lo que estaba sucediendo y anticiparse a lo que estaba por venir”, asegura Papasey.

Cuando hemos grabado en fiestas remember de Pont Aeri, mi sorpresa ha sido encontrar a gente de entre 20 y 25 años mezclada con los parroquianos de siempre

Jordi Papasey — Director del documental

El fichaje de Nando Dixkontrol como DJ residente marcó el punto de inflexión. “Nando es el padre de la mákina. Es un tío muy inteligente, con muchísima visión y que, musicalmente, supo entender como pocos qué buscaba el público”, explica Papasey. “Cuando Nando llegó a Pont Aeri, la sala experimentó un cambio decisivo y acabó convirtiéndose en una de las grandes catedrales de referencia de la música mákina”.

Caída y resurrección de la mákina

Pero el documental no solo se queda en los buenos tiempos: cuenta también el declive de la música mákina que llegó en torno a 2005. Un final abrupto y causado por muchos factores, en opinión de Papasey. “Para empezar, hubo un desgaste natural de un movimiento que llevaba unos quince años en marcha”, asegura. “Al final, la música está muy vinculada a la sociedad que la escucha, y creo que lo que ocurrió fue también el final de una época y de una determinada manera de entender el ocio”.

Por otro lado, “empezó a ganar protagonismo la música house, que se percibía como más sofisticada y que llegaba sin la carga de prejuicios que ya acompañaba a la mákina”. Prejuicios extendidos en muchos casos por los medios de comunicación y que él mismo matiza: “Ni mucho menos todos los makineros vestían con bombers. Pero los perfiles más extremos suelen ser los que más llaman la atención y acaban condicionando la imagen que se proyecta de todo un colectivo”.

Pont Aeri todavía aguantó. Cerró sus puertas en 2012, dejando algo que va mucho más allá de lo material: su espíritu. “A día de hoy sigue teniendo una auténtica legión de fans y Skudero y Xavi Metralla siguen pinchando por toda España”, explica el director.  Ha aparecido toda una nueva generación que busca algo diferente y que descubre en esa música una forma de expresarse. “Cuando hemos grabado en fiestas remember de Pont Aeri, mi sorpresa ha sido encontrar a gente de entre 20 y 25 años mezclada con los parroquianos de siempre”.

En esas fiestas, el público sigue rugiendo cada vez que suena Flying Free. A Papasey le sigue maravillando que una canción nacida en un dormitorio y creada para una discoteca de Terrassa siga emocionando a tanta gente, incluso a muchos que ni siquiera habían nacido en 1999. “Flying Free tiene algo mágico que creo que nadie sabrá explicar del todo. Es una canción que te transporta a un momento, pero que, además, es tremendamente alegre. La razón de haber creado este documental es justo esa capacidad de trascender su contexto original y convertirse en un fenómeno generacional”, concluye.

Armando Bastida, experto en crianza: “Hace falta hablar de paternidad en serio”

29 October 2026 at 21:30

Armando Bastida, experto en crianza: “Hace falta hablar de paternidad en serio”

El autor de 'Criar juntos de verdad' pide a los padres que dejen de “colaborar” y asuman la crianza como propia, sin esperar a que nadie les diga qué hacer, y que se integren en redes de apoyo

“El cachete y la bofetada a tiempo eran lo normal”: cómo afecta haberlos recibido de pequeños a la hora de criar

“¡Dime qué tengo que hacer y lo hago!” Durante años, muchos hombres le han dicho estas palabras a sus parejas en referencia a las tareas del hogar, la organización familiar del día a día y también a la hora de cuidar a los hijos. Seguramente haya buena intención en ellas, pero denotan algo que quizá a ellos mismos se les escapa: ha llegado la hora de dejar de “colaborar” y comenzar a criar de verdad.

Este pensamiento está en el origen de Criar juntos de verdad. Ni perfectos ni ausentes (Destino, 2026), un libro de Armando Bastida, enfermero pediátrico, padre de tres hijos y divulgador en redes sociales, en el que promueve una crianza respetuosa basada en la corresponsabilidad real. Aunque el foco principal de la obra se centra en el rol del padre dentro de la pareja, sus reflexiones sobre el reparto de la carga mental y la necesidad de tejer una red resuenan en cualquier tipo de hogar, desde familias monoparentales hasta parejas del mismo sexo. Un libro para que los padres comiencen a implicarse de lleno y para que las madres sepan que no tienen por qué hacerlo solas. “Papá tiene que dar un paso adelante, y mamá, a veces, dar un paso atrás”, afirma.

Dejar de hacer del padre un chiste

“Creo que hace falta hablar de paternidad en serio”, asegura. “Durante demasiado tiempo hemos tratado nuestra propia paternidad como una especie de chiste”, explica. “El padre que no sabe poner un pijama y es incapaz de comprar los pañales que el bebé usa, que se queda una tarde con sus hijos y parece que ha sobrevivido a una expedición de alto riesgo o que ‘ayuda mucho’ en casa. Hemos normalizado tanto esa imagen que, a veces, hasta los propios hombres la utilizamos como excusa para no asumir nuestras responsabilidades”.

Pero también reconoce que estamos ante una generación de padres que quiere hacer las cosas de otra manera. Muchos no desean repetir el modelo de sus propios progenitores, pero tampoco tienen demasiados referentes de cómo ser el padre que les hubiera gustado tener.

Hacer cosas no es asumir responsabilidades

Un error muy común, en opinión de Bastida, es que muchos padres siguen confundiéndose en algo fundamental: asumir responsabilidades. “Una cosa es cambiar pañales, preparar la cena o llevar a los niños al parque, que está muy bien. Pero luego es la madre quien tiene que recordar que falta comprar pañales, decidir qué van a cenar o darse cuenta de que el niño lleva unos días más irritable y quizá le ocurre algo”, explica el experto. 

La diferencia entre ser un simple brazo ejecutor o ser quien tiene la cabeza en la organización de la familia es fundamental. “Esta carga agota mucho porque no termina nunca”, apunta Bastida. “Puedes estar tirada en el sofá pero seguir pensando en lo que falta por hacer”.

A muchos hombres les cuesta reconocer que no se implican tanto como creen y cualquier comentario lo viven como un ataque personal

Por eso, cuando ella se queja y él responde “dime qué tengo que hacer que lo hago”, no es corresponsabilidad. “Responsable es ella: él solo hace lo que se le delega”, continúa. “Además, a muchos hombres les cuesta reconocer que no se implican tanto como creen y cualquier comentario lo viven como un ataque personal”.

El cambio de actitud pasa porque los padres hagan suya la responsabilidad de las cosas, y pone un ejemplo: “Imaginemos que a nuestro hijo se le han quedado pequeños los zapatos. Un padre que ayuda puede acompañar a su pareja a comprarlos si ella se lo pide. Un padre corresponsable se da cuenta, comprueba qué talla necesita, busca un momento para ir y se ocupa de resolverlo. No necesita que nadie se convierta en su supervisora”.

Equidad, no contabilidad

Pero los padres, huérfanos de referentes masculinos, necesitan una guía para distinguir entre todos estos conceptos. Bastida propone en su libro una forma de ser equipo “desde la equidad, no desde la contabilidad”, y lo explica. “Una familia no es una empresa en la que podamos repartir las tareas en un 50%. Habrá días en los que uno pueda dar el 90% y el otro solo el 10%. Y otros en los que suceda al revés. Eso también es ser equipo. Ahora bien, si uno lleva cinco años dando el 90%, tenemos un problema”.

Una familia no es una empresa en la que podamos repartir las tareas en un 50%. Habrá días en los que uno pueda dar el 90% y el otro solo el 10%

Eso también exige confianza. “Si el padre viste al bebé y la madre le corrige enseguida porque no le gusta la ropa que ha elegido, o supervisa constantemente cómo lo hace, es difícil construir esa confianza”. Él, dice, tiene que asumir su responsabilidad sin esperar instrucciones, y ella tiene que poder dejar de supervisarlo todo.

Permisos para cuidar

En muchas ocasiones, la logística familiar se complica por culpa del trabajo. En el libro, Bastida reconoce que se ha avanzado en conciliación (en España los permisos por nacimiento son hoy de diecinueve semanas por progenitor), pero todavía son insuficientes. 

“Si las familias quieren cuidar a los hijos durante sus primeros meses sin hacer malabarismos, necesitamos mayor flexibilidad real, sin penalizar laboral ni económicamente a quien cuida”, apunta. “Que las empresas dejen de considerar la implicación de un padre como una falta de compromiso profesional. Que pueda reducir su jornada, faltar al trabajo porque su hijo está enfermo o solicitar medidas de conciliación sin que lo miren como si acabara de anunciar que abandona su carrera”.

Un permiso de nacimiento es un permiso para cuidar. Y cuidar significa estar disponible, asumir responsabilidades y construir un vínculo con tu hijo

Pero la ley no lo resuelve todo. Si un hombre entiende su permiso como unas vacaciones pagadas o como un tiempo para ponerse al día con proyectos personales, “no hemos entendido absolutamente nada”, sostiene. “Un permiso de nacimiento es un permiso para cuidar. Y cuidar significa estar disponible, asumir responsabilidades y construir un vínculo con tu hijo”. 

Un padre se hace

De cualquier modo, el autor también aconseja conservar la calma. Nadie nace enseñado e incluso puede que un padre primerizo no sienta una conexión instantánea con su hijo. Ante esto, Bastida recomienda que no se asuste. “Nos han vendido una imagen muy cinematográfica de la paternidad”, admite. “Ese momento en el que ves a tu bebé, se detiene el mundo, suena una música preciosa y descubres de golpe el sentido de tu existencia, pero no siempre es así”.

El vínculo se va construyendo después con los pañales, las noches sin dormir, los baños, los paseos, los ratos de tenerlo en brazos, los intentos de consolarlo… “Por eso, a los padres les recomiendo que se impliquen al máximo porque así es como se construye la relación”. 

“Nadie te pregunta: ¿Cómo estás, papá?”

Criar juntos de verdad termina con una carta sobre la soledad de la paternidad implicada. Y para contrarrestarla, Bastida propone que los hombres, al igual que las madres, necesitan también su tribu. Pero para construirla tienen todavía que derribar algunos tabús que rodean al mundo masculino.

Los espacios de formación y de apoyo siguen estando ocupados mayoritariamente por mujeres y necesitamos que eso cambie

“Tienen que empezar a hablar entre ellos de cosas de las que tradicionalmente no lo han hecho”, apunta el experto. “Podemos pasar horas conversando sobre fútbol, trabajo o política, pero cuando uno se convierte en padre, no es tan habitual que se siente con sus amigos y diga: ‘Estoy agotado, tengo miedo de hacerlo mal, mi hijo lleva unos días rechazándome y no sé qué hacer’”.

Esto provoca una soledad particular muy intensa. “Los espacios de formación y de apoyo siguen estando ocupados mayoritariamente por mujeres y necesitamos que eso cambie”, defiende. “Podemos empezar por algo tan sencillo como preguntarle a un amigo que acaba de ser padre cómo está. Pero de verdad. Si duerme, si come bien, si necesita ayuda”.

“Pongo el foco en esto aunque sin olvidarme del sufrimiento de las madres”, advierte Bastida. “Porque ellas siguen soportando, en demasiadas familias, una carga mucho mayor. Precisamente por eso necesitamos hombres capaces de acompañarse entre ellos, de aprender juntos y de asumir sus responsabilidades”.

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