La cara de Óscar Puente
Óscar Puente es hoy un ministro mermado en sus funciones políticas. El papel de sargento de trinchera que le habían adjudicado en el guion de la campaña electoral del PSOE, y que tan bien le venía a Pedro Sánchez, ha quedado demediado por la nueva tragedia ferroviaria en Urda. La comparecencia del martes ante la diputación permanente del Congreso le asegura una frágil continuidad, pero la incidencia en el error humano en el centro de control y la fatalidad no esconde los problemas estructurales de la red ferroviaria. Lo que deja el accidente de Urda son vidas truncadas y un sistema con la reputación maltrecha y que no ofrece confianza ni a los expertos. Francisco Badea, ingeniero y experto en seguridad ferroviaria, no titubeó al admitir que “tendría dudas en subirme a un tren” en España. Y el ministro entiende las “dudas”.
