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A una hora de Barcelona: la villa que se convierte en un escenario al aire libre con una feria de brujas este 31 de octubre

30 October 2026 at 13:34

A una hora de Barcelona: la villa que se convierte en un escenario al aire libre con una feria de brujas este 31 de octubre

Sant Feliu Sasserra recuerda la persecución de mujeres acusadas de brujería en el siglo XVII con un fin de semana de representaciones teatrales, música y artesanía

Historia medieval, deporte en la naturaleza y un castillo del siglo X en este pequeño pueblo del Pirineo catalán

El calendario de finales de octubre suele asociarse con Halloween, pero no todas las fiestas que se celebran en esas fechas tienen el mismo origen. En algunos pueblos, la programación se apoya en acontecimientos de su propia historia, que sirven para explicar costumbres mantenidas durante años. Las representaciones teatrales, la música o los mercados permiten acercarse a episodios que normalmente se conocen a través de documentos y edificios. Así, el programa se entiende mejor cuando también se conoce el lugar en el que se desarrolla.

El entorno en el que se organizan estas citas tiene su importancia. Cuando las actividades se reparten por las calles, los edificios y las plazas dejan de ser solo lugares de paso. Entre una función y otra, se puede pasear por rincones que conservan elementos de otras épocas. A diferencia de un festival concentrado en un recinto, aquí los desplazamientos entre un acto y otro también forman parte del recorrido. Eso permite conocer la localidad mientras se desarrolla la programación.

Una de esas celebraciones tiene lugar en Sant Feliu Sasserra, un municipio del Lluçanès situado en la provincia de Barcelona. Su propuesta está relacionada con las acusaciones de brujería contra mujeres y que se produjeron en la zona hace varios siglos. No se trata de una fiesta creada únicamente para coincidir con Halloween, sino de una iniciativa que vincula las actividades culturales con el recuerdo de aquellas mujeres. En 2026, los actos principales se repartirán entre el 31 de octubre y el 1 de noviembre.

La Feria de las Brujas: dos jornadas de actividades en el casco antiguo

La primera cita es la Fes-ta Bruixa, programada para la noche del sábado 31 de octubre. El día siguiente llega el encuentro central: la 27ª edición de la Fira de les Bruixes. La primera es una celebración nocturna, mientras que la feria, que se mantiene cada 1 de noviembre, ocupa las calles y plazas de la localidad durante el día.

El domingo, los puestos de artesanía compartirán espacio con actuaciones musicales y representaciones en el casco antiguo. También se celebran bailes y escenas interpretadas por personajes relacionados con las creencias sobre las hechiceras. No se trata de visitar un único escenario y permanecer allí durante toda la jornada. Las actuaciones se reparten por varias calles y permiten avanzar de una escena a otra.

Las escenas teatrales permiten recrear el ambiente social en el que surgían las denuncias por supuesta brujería. En aquel periodo, las supersticiones, los temores y los conflictos entre habitantes podían acabar en acusaciones que llegaban a los tribunales. Los personajes y sus situaciones sirven para acercar ese contexto al público, pero no deben interpretarse como una reproducción exacta de los juicios documentados.

El ambiente de fiesta no elimina la dimensión histórica del encuentro. La propuesta recuerda a las mujeres que fueron perseguidas por supuesta brujería, en lugar de presentar aquellos castigos como una tradición que deba celebrarse. Esta diferencia ayuda a entender el uso del teatro y la danza: son recursos para acercar al público unos sucesos que dejaron víctimas reales en el territorio.

Sant Feliu Sasserra.
Sant Feliu Sasserra.

La feria empezó a celebrarse en el año 2000 y, desde entonces, se ha ido integrando en la vida cultural de la población. Buena parte de su continuidad se debe a la participación vecinal: los montajes teatrales, los bailes y otras actividades se han transmitido entre generaciones. Así, el encuentro no se limita a una programación organizada para visitantes, sino que mantiene una vinculación directa con quienes viven en Sant Feliu Sasserra.

Sant Feliu Sasserra, un pueblo con patrimonio medieval y entorno rural

La persecución de mujeres acusadas de brujería se extendió por diferentes zonas de Catalunya a comienzos del siglo XVII. Sant Feliu Sasserra fue uno de los lugares afectados: entre 1618 y 1648 se procesó a 23 mujeres por esas acusaciones. Seis de ellas murieron en la horca. Los procedimientos estuvieron en manos de la justicia ordinaria, no de la Inquisición. La historia de esas mujeres es la razón por la que la población mantiene hoy esta conmemoración.

Sin embargo, el patrimonio del municipio va mucho más allá de aquellos procesos. Uno de sus edificios principales es la iglesia de Sant Feliu, construida en el siglo XI sobre otro templo del siglo anterior. Durante el XII se incorporó una portada románica con arquivoltas y capiteles esculpidos. Esa pieza se conserva en un lateral de la construcción actual, por lo que todavía es posible reconocer parte de la arquitectura de sus primeras etapas.

El trazado del centro permite continuar la visita a pie. En la calle Balmes aparecen viviendas de piedra y detalles de distintas épocas, que muestran cómo ha evolucionado la población sin perder por completo su estructura tradicional. La plaza Mayor, por su parte, sigue siendo un espacio de reunión y tiene una función destacada en la vida social y las fiestas del pueblo. Ambos lugares forman parte del recorrido por la zona más antigua.

Fuera del centro urbano, el paisaje es principalmente rural. Su término está rodeado de áreas de pinos, encinas y robles, además de campos y fuentes. En estas zonas también crecen setas. La agricultura, la ganadería y la industria forman parte de la economía del municipio, una realidad que convive con su actividad cultural.

El pequeño pueblo de Catalunya con un castillo de origen musulmán y varios edificios modernistas

30 October 2026 at 12:30

El pequeño pueblo de Catalunya con un castillo de origen musulmán y varios edificios modernistas

A unos 14 kilómetros de Lleida, Raimat conserva una iglesia y una bodega centenaria vinculadas a la colonia agrícola que transformó la localidad y su entorno de viñedos

El jardín histórico de Catalunya construido en el siglo XIX y perfecto para pasear entre grutas, palmerales y un lago artificial

En el oeste de Catalunya, la comarca del Segrià está formada por poblaciones rodeadas de terrenos agrícolas. Los canales de riego han permitido extender los cultivos por una parte de las tierras de Lleida y han influido en la actividad económica de sus habitantes. Entre las localidades de la zona también existen pequeños núcleos que conservan edificios relacionados con distintas formas de aprovechar el territorio.

La historia de estos asentamientos no siempre comienza con el crecimiento de un casco antiguo. Algunas comunidades se organizaron alrededor de explotaciones que necesitaban viviendas, servicios e instalaciones para trabajar. Por eso, junto a las construcciones tradicionales aparecen conjuntos planificados durante el siglo XX, en los que la arquitectura refleja tanto las necesidades de la población como el desarrollo de la agricultura.

Raimat es uno de ellos. Situado a unos 14 kilómetros al noroeste de Lleida, pertenece a su municipio, aunque funciona como entidad municipal descentralizada. Se trata de una población de dimensiones reducidas, con calles y edificios rodeados por grandes extensiones de viñedos. Su interés para una visita está en la combinación de un antiguo castillo y un núcleo que tomó forma en torno al vino, con varios ejemplos de arquitectura modernista.

Un castillo de origen musulmán que domina los campos

En una elevación al suroeste de Raimat se encuentra el castillo de Raymat. Su origen se relaciona con la época musulmana y la primera referencia documental conocida se remonta a 1157, después de la conquista cristiana de Lleida. Su posición sobre la colina permite reconocer el edificio desde el entorno agrícola y recuerda el papel que tuvo este emplazamiento en la Edad Media.

La fortaleza cambió de propietarios y fue reformada en diferentes momentos. Con el tiempo perdió su función defensiva y se convirtió en una residencia, por lo que su aspecto actual no es el de una construcción medieval conservada intacta. En su configuración destacan las líneas exteriores austeras y las dependencias adaptadas a usos posteriores.

Durante el siglo XX se realizaron intervenciones para adaptar sus dependencias al uso residencial. Entre 1932 y 1935 se reformaron varias estancias interiores, como el vestíbulo y el comedor, y se incorporaron trabajos de carpintería, cerámica y mobiliario. Algunos motivos decorativos hacen referencia al nombre de Raimat mediante la representación de un racimo de uvas y una mano.

El castillo está reconocido como Bien Cultural de Interés Nacional. No obstante, se trata de una propiedad privada, actualmente utilizada para alojamientos y encuentros organizados, por lo que no puede plantearse como una visita libre a un monumento público. Su presencia sobre el cerro constituye sin embargo uno de los elementos que identifican a esta población y permite situar sus antecedentes más antiguos antes de recorrer el resto del núcleo.

La iglesia y la bodega modernistas, junto a los viñedos

La imagen que presenta hoy Raimat está ligada a un proyecto agrícola iniciado en 1914. Aquel año, el empresario Manuel Raventós compró 3.200 hectáreas de terrenos para desarrollar una explotación dedicada a la vid. La llegada de agua mediante el canal de Aragón y Catalunya favoreció la puesta en cultivo de la finca y la creación de un asentamiento para las familias que iban a trabajar allí.

El trazado de la colonia se encargó al arquitecto modernista Joan Rubió i Bellver, que también diseñó varios de sus edificios. Las viviendas quedaron agrupadas cerca de una zona arbolada, mientras que las instalaciones para producir vino se construyeron en las afueras. La comunidad contó con otros servicios, entre ellos una escuela. Esta disposición permite entender por qué la localidad conserva una concentración de construcciones de comienzos del siglo pasado.

Uno de los edificios que forman parte de ese conjunto es la iglesia del Sagrat Cor, cuya construcción empezó en 1916 y que fue consagrada en 1922. Tiene una nave con capillas laterales y arcos parabólicos, característicos de su diseño modernista. En el interior se conservan pinturas murales, revestimientos cerámicos y piezas de forja. Aunque nació como iniciativa privada, desde 1999 pertenece al Obispado de Lleida.

Otro punto de interés es la bodega, levantada en 1918. Su estructura de hormigón armado representó una solución novedosa para las instalaciones vinícolas de la época. El complejo se organizó para facilitar la elaboración, el almacenamiento y el movimiento de mercancías, con espacios amplios y una zona cubierta de carga y descarga. La actividad continúa y las instalaciones forman parte de la Denominación de Origen Costers del Segre y de la Ruta del Vino de Lleida.

Las bodegas ofrecen visitas guiadas, con reserva previa, para conocer el proceso de elaboración y el edificio. El recorrido por la zona puede completarse en Raimat Natura, un espacio natural de más de 700 hectáreas abierto al público desde 2021. Cuenta con tres itinerarios señalizados para caminar o circular en bicicleta, además de una pasarela junto al estanque de la Clamor adaptada para personas con movilidad reducida. El acceso a los senderos es gratuito, mientras que las actividades guiadas requieren reserva.

La ruta senderista de Extremadura que recorre 17 kilómetros entre cascadas y restos de la Guerra Civil

30 October 2026 at 10:44

La ruta senderista de Extremadura que recorre 17 kilómetros entre cascadas y restos de la Guerra Civil

En Don Benito, esta caminata de unas cinco horas atraviesa la sierra de las Cruces hasta Santa Natalia, un paraje natural protegido donde el río Guadámez forma cascadas que aumentan su caudal con las lluvias

La ruta de senderismo junto a un río de Extremadura que te llevará hasta una cascada escondida entre castaños y robles

Don Benito forma parte de las Vegas Altas del Guadiana, en la provincia de Badajoz. Fuera del casco urbano, el municipio se extiende por un territorio en el que los caminos comunican propiedades rurales y permiten llegar a espacios naturales. Es una parte de la localidad que no se conoce necesariamente en una visita por el centro y que plantea una forma distinta de recorrer sus alrededores: a pie, siguiendo las vías que atraviesan el campo y prestando atención a los elementos que aparecen junto a ellas.

La red fluvial tiene una presencia importante en esta zona. Por el término municipal pasan el Guadiana, el Ortigas, el Guadámez, el Búrdalo y el Ruecas, al que se incorpora el Gargáligas. Estos cursos de agua forman parte del entorno de Don Benito y ayudan a explicar por qué algunos caminos necesitan pasos para continuar entre una orilla y otra. Las fincas dedicadas al olivar y los terrenos de pasto también forman parte de ese paisaje, donde el uso agrícola convive con lugares que pueden visitarse durante una excursión.

El interés de estas zonas no se limita al paisaje. En los alrededores de Don Benito también hay construcciones que dan cuenta de usos muy diferentes del territorio. Algunas siguen relacionadas con los trabajos del campo, mientras que otras pertenecen a etapas anteriores de su historia. Así, una salida a pie puede reunir elementos naturales y patrimoniales sin necesidad de abandonar el término municipal.

Una marcha por la sierra de las Cruces hasta Santa Natalia

La propuesta consiste en recorrer 17 kilómetros por la sierra de las Cruces y llegar al paraje de Santa Natalia. Para completar la caminata se calcula un tiempo próximo a las cinco horas, aunque esa duración sirve como referencia y no como un horario fijo. Es una excursión para dedicar varias horas al senderismo, no una visita breve a un único punto.

Si se utiliza el acceso a la ruta por carretera, las cascadas están aproximadamente a 15 kilómetros del centro de Don Benito y se llega a su entorno a través de la EX-345. Esa cifra sitúa el destino respecto a la población, pero no describe los kilómetros que se recorren andando. Separar ambas medidas evita confundir la aproximación en vehículo con la ruta senderista, especialmente si se pretende organizar el tiempo de la visita a partir de la distancia anunciada para la marcha.

Una vez en Santa Natalia, el Guadámez es el elemento central. En este tramo, el río forma varios saltos de agua cuya apariencia depende directamente de cuánto haya llovido. Las precipitaciones favorecen que las cascadas presenten un caudal mayor, mientras que en los periodos con menos lluvia su aspecto puede ser muy diferente. Por eso, elegir una fecha después de las lluvias puede resultar más adecuado para observar las caídas de agua, aunque no es posible asegurar un volumen concreto en una jornada determinada.

El lugar cuenta además con medidas protección ambiental: está reconocido como Zona de Especial Conservación y forma parte de la Red Natura 2000. Esa consideración corresponde al paraje natural por el que discurre el río, más allá de la presencia de los saltos. El lugar requiere una visita respetuosa con el medio, sin salirse de los caminos ni alterar el espacio.

Otro punto de referencia se encuentra en el paso sobre el propio Guadámez. Se trata de un puente antiguo con arcos que permite dar continuidad a un camino utilizado para acceder a fincas de olivos y zonas de pastoreo. La construcción resuelve el paso sobre el cauce y mantiene la conexión entre terrenos situados a sus lados. No es, por tanto, un elemento pensado para el turismo, sino una infraestructura vinculada a la actividad de esas propiedades.

Búnkeres, trincheras y una ermita en las laderas

El entorno de la sierra conserva también huellas de la Guerra Civil española. Entre los vestigios que permanecen en la zona figuran búnkeres y trincheras, dos tipos de obras defensivas que responden a necesidades diferentes. Los primeros eran construcciones destinadas a ofrecer protección, mientras que las segundas permitían ocupar posiciones excavadas en el terreno. Son testimonios materiales del conflicto que permanecen en los alrededores del municipio.

A estos elementos se suma la ermita de Nuestra Señora de las Cruces, levantada en una ladera de la sierra del Ortigo. El edificio constituye una referencia religiosa del área, diferente tanto de las construcciones militares como de los caminos que comunican las fincas. Su presencia completa el conjunto de referencias históricas y culturales de este sector de Don Benito.

En conjunto, esta parte de Don Benito reúne lugares de interés que responden a usos y épocas diferentes. La presencia del río explica tanto la formación de los saltos como la existencia de un paso para comunicar las explotaciones cercanas. En las laderas, las construcciones conservadas aportan otra perspectiva sobre el territorio y su pasado. Por ello, una visita a la zona puede centrarse en la caminata o prestar también atención al patrimonio que permanece en sus alrededores, siempre con una planificación ajustada al tiempo disponible y a las condiciones del día.

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