Director: Christopher Cartagena. Guion: Christopher Cartagena, Joan-Pol Argenter e Imanol Ortiz López. Intérpretes: Claudia Salas, Fariba Sheikhan, Eloy Azorín y Noah Casas. Duración: minutos. España, 2025. Terror.
Disforia: estado de ánimo de tristeza, ansiedad o irritabilidad. ¿Y quién no la padecería en un futuro mediato como este? El mundo se derrumba, una crisis económica a nivel internacional provoca manifestaciones muy violentas, las ciudades son saqueadas y los suicidios, como si fuera una especie de pandemia, se cuentan en el planeta por miles y miles porque «la muerte es una liberación», la única. Esther, con serios problemas mentales, y Tomás, un matrimonio en crisis, escapan con su pequeña hija Say (que esconde tras la máscara de un simio el miedo que siente por la muy inestable situación emocional de la joven) de la destrucción para llegar a una casa de campo, apartada de todo y que compraron en tiempos mejores, para venderla rápidamente y cruzar la frontera hacia Francia al día siguiente.
Pero lo que parecía una huida desesperada y casi necesaria oculta algo: Tomás esconde un terrible secreto que pondrá en peligro la vida de su familia. En medio del caos, este desaparece mientras llega a la propiedad una chica que dice tratarse de la compradora. Una atmósfera ciertamente claustrofóbica, asfixiante, envuelve la interesante y sangrienta opera prima de Christopher Cartagena que, quizá al final, debe hacer algunos malabares para cerra la propuesta. Pero, vaya, un debut que se las trae.
Lo mejor:
El violentísimo duelo, llevado hasta el límite, entre los dos personajes femeninos
Lo peor:
No quiero ni imaginar los traumas que provocará en esta pobre niña todo lo que pasa
Directores: Olivier Nakache, Eric Toledano. Guion: O. Nakache, E. Toledano y Nathalie Hertzberg. Intérpretes: Louis Garrel, Camille Cottin, Pierre Lottin, Simon Boublil. Francia, 2026. Duración: 116 minutos. Comedia
En las paredes, en la radio y en los tocadiscos reinaban The Cure, Georgel Michael, Imagination, Depeche Mode... Los vídeo clubs estaban aún atestados y comenzaba a proliferar los ordenadores, unos armatostes tremendos. Bienvenidos, de nuevo, a los años 80, concretamente, al París de ese tiempo, hasta donde nos llevan Nakache y Toledano, autores, entre otras, de la sobrevalorada «Intocable», esta vez con una comedia que quizá sea ya la mejor de su trayectoria.
Tierna, entrañable, divertida y blanquísima, Vincent, de 13 años, pertenece a una familia de raíces judías y árabes donde el padre disimula malamente que se ha quedado en el paro, la madre intenta escalar puestos en la empresa donde trabaja y su hermano mayor se saca unos buenos francos vendiendo radiocasetes con la mejor música del momento. Vincent comienza a sentir algo distinto por una chica del colegio mientras se plantea preguntas sobre su propia identidad y la película apunta, aunque más tímidamente, a otros asuntos, como la emancipación femenina o la crisis económica que padeció Francia entonces. Pero, sobre todo, «Tiempos de ilusión» es las trastadas de los niños, el baile que ambos adultos se marcan un día de pronto en el salón, el primer beso bajo un cinematográfico aguacero; una encantadora tarde de cine, en fin, al ritmo de cualquier temazo de Duran Duran o, por ejemplo. ¿Se acuerdan, no?
Lo mejor: El reparto, la ambientación y una banda sonora que encantará a muchísimos
Lo peor: Se nota bastante que evita todo el tiempo profundizar en cualquier tema peliagudo
Pedro Sánchez y sus gurús electorales calculan qué les cuesta más: mantener a Óscar Puente y asumir el desgaste político de la tragedia ferroviaria de Toledo o promover su dimisión y exponerse a que su destitución se interprete como el reconocimiento de un fracaso de gestión. El cálculo es estrictamente electoral, no en clave de obligada rendición de cuentas, a pesar de que el presidente del Gobierno haya llegado a reconocer que es «inasumible» la situación. Hasta ahora, parece que el presidente protege a su ministro, pero en Moncloa revisan estrategia política y en el PSOE crece la preocupación por las consecuencias electorales de dos accidentes de alta velocidad que han dejado, al menos, 120 muertos en tan solo nueve meses.
La decisión sobre el futuro de Puente no está exenta de riesgos y esto es lo que miden en Moncloa. El cese sería un intento de representar una respuesta política contundente ante la tragedia, pero también abriría una discusión sobre las deficiencias de gestión que justificarían la destitución. Mantenerlo evita ese reconocimiento inmediato, aunque prolonga la exposición de Sánchez al desgaste y a las informaciones que puedan conocerse durante la investigación. Esta ecuación se hace aún más difícil de resolver porque faltan apenas cuatro semanas para las elecciones generales y Moncloa se ha quedado sin plan para recuperar la iniciativa política que había comenzado a construir alrededor del «amor» y la confrontación con la derecha.
De hecho, en las filas socialistas cunde el desconcierto. Mientras Moncloa sostiene que la gestión de Puente «no está en cuestión», son más los dirigentes del PSOE que reconocen que la campaña ha quedado rota y que será muy difícil remontar la situación. La preocupación no se limita al impacto emocional de la tragedia, sino que también alcanza a la posibilidad de que la seguridad ferroviaria se convierta en uno de los principales asuntos de debate durante las próximas semanas.
Puente era, además, uno de los principales activos de confrontación del presidente. Su presencia en las redes sociales, sus ataques al PP y su capacidad para marcar la agenda lo habían convertido en una pieza clave del sanchismo. Ahora, ese perfil combativo se ha quedado anulado y cada intervención pública del ministro será examinada a la luz de las responsabilidades de su departamento y de las explicaciones que todavía debe ofrecer.
La presión no procede exclusivamente de la oposición. Frente Amplio ha reclamado responsabilidades políticas a todos los niveles, mientras Sumar, ERC y Podemos exigen explicaciones parlamentarias. La controversia alcanza así al propio espacio político y limita las posibilidades de presentar las peticiones de responsabilidades como una ofensiva de la derecha.
La gestión de la emergencia ha dejado, además, un contraste político dentro del propio PSOE. Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, está dando un ejemplo de coordinación de los servicios de emergencia, de atención a las familias y de presencia institucional junto a los afectados. Su participación en los dispositivos de respuesta y su acompañamiento a las víctimas proyectan una imagen de cercanía que contrasta con las dificultades de Moncloa para asumir las responsabilidades políticas de lo sucedido y con un presidente del Gobierno encapsulado en su cordón de seguridad por miedo al rechazo de la calle y al dolor y al malestar de las víctimas.
La comparación resulta incómoda para Sánchez porque evidencia que la empatía y la credibilidad institucional no dependen de una campaña de imagen, sino también de la capacidad para ofrecer respuestas.
Por eso, el problema ya no es únicamente el futuro del ministro. Al centro del debate ha saltado justo lo que los asesores presidenciales pretendían dejar esquinado: la rendición de cuentas. «Los de Moncloa pueden cambiar ahora el lema de campaña, los mensajes y la estrategia. Pero Sánchez no puede ya presentarse como ajeno a las consecuencias de la gestión de su Gobierno. Ninguna campaña del amor podrá evitar que tenga que responder por ello», reflexionan en una de las federaciones socialistas que todavía mantiene poder territorial. Por cierto, en sectores del PSOE interpretan que Sánchez intenta aprovecharse políticamente de la imagen de García-Page en estos momentos tan delicados. La paradoja, según esta lectura interna, es que Moncloa busque cobijo en lo que representa el presidente manchego después de haberle satanizado en público y en privado.
La subdirectora de LA RAZÓN analiza la situación del ministro de Transportes Óscar Puente, tras producirse una nueva catástrofe ferroviaria bajo su mandato. "Cuando se producen dos tragedias en menos un año, no basta con buscar al responsable", sino que "hay que preguntarse qué ha fallado en el sistema y quién debe asumir las consecuencias".
Por otra parte, las víctima de Adamuz siguen denunciando que se sienten abandonadas y que todavía no han recibido explicaciones, atención ni respuestas. Las víctimas de este nuevo accidente de trenes "merecen algo más que condolencias", y merecen "un gobierno que no les mienta".