Hay compras que hacemos por capricho y otras por pura necesidad. Renovar la ropa interior pertenece claramente al segundo grupo, aunque en ocasiones también al primero porque ¿quién no quiere ponerse sus mejores galas en una cita? Sea cual sea el motivo, siempre es buen momento para hacerse con un producto superventas, como los calzoncillos más vendidos de Amazon: los bóxer de Calvin Klein.
Los pantalones chinos han evolucionado a medida que lo hacía el armario masculino. Como solo los buenos básicos saben hacerlo. Nacidos bajo la disciplina del ejército, su versatilidad hizo que pronto saltaran de las trincheras para adaptarse a diferentes generaciones y escenarios: convencieron a las élites universitarias, definiendo lo que hoy entendemos por estilo preppy; conquistaron Hollywood, esbozando junto a Steve McQueen o Paul Newman una elegancia masculina más relajada y desenfadada; y acabaron colándose en la vida laboral, dinamitando la vieja rigidez corporativa. Dockers no inventó la prenda, pero supo advertir su potencial como básico, impulsando una nueva forma de vestir, el business casual.
Estamos en esa época del año en la que cuesta acertar con el conjunto para no pasar ni mucho frío ni mucho calor. Una buena opción estos días es vestir por capas, recurriendo a una chaqueta ligera, una sudadera o una americana para esas franjas horarias en las que bajan las temperaturas.
Durante la tarde del sábado 5 de septiembre, por la tienda insignia de la firma Paul Smith, en el elegante barrio de Mayfair en Londres, pasaron el director de un museo nacional de Noruega, un arquitecto que tenía entre manos el diseño de un nuevo aeropuerto y varios visitantes más de Atenas, Toronto, Ciudad de México y lugares diversos de Estados Unidos. A todos los atendió un señor alto y espigado, de unos 80 años, elegante en su traje de chaqueta, con estilosas gafas y melena revuelta. Ninguno se enteró de que era el mismísimo Smith, el decano de la moda británica, que en la cumbre de su fama y éxito no se resiste a seguir despachando clientes, como un eterno Saturday boy (así se ha llamado siempre al estudiante de refuerzo que contratan los comercios para la tarde más atareada de la semana) que disfruta con el contacto humano.