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Sánchez sólo tiene una opción: cesar a Puente

28 October 2026 at 18:55
Pedro Sánchez, en el Puesto de Mando Avanzado en Urda (Toledo).

Se acabó la campaña del amor. La frivolidad queda ahora como impostura. La realidad ha sido la bofetada en la cara a los profetas de la remontada.

España no funciona. El accidente de Urda lo demuestra. Decenas de muertos nueve meses después de que la tragedia golpeara en Adamuz. Dos accidentes gravísimos en la misma vía, la que une Madrid y Sevilla, la que inauguró la nueva era del tren de alta velocidad en el ya lejano 1992.

La teoría del fallo humano no puede ocultar que antes de que un operario de Adif cometiera un error hubo un fallo en el sistema de seguridad, algo que atañe directamente a la dirección de Renfe, y, por tanto, al ministro Óscar Puente.

Este martes 28 de octubre, España estaba en las portadas digitales de Le Monde, The New York Times, The Guardian, Corriere della Sera y Político, por mencionar sólo algunos de los principales diarios. El desastre ha retratado las infraestructuras de un país que ha recibido una cantidad ingente de fondos europeos y que ha sido incapaz de emplearlos en mantener el buen estado de nuestra red de alta velocidad. ¿Qué broma se le ocurrirá ahora al ministro Puente para tapar su incompetencia? ¿Qué presentador afín le reirá ahora sus gracias?

Todo ha saltado por los aires. Lo peor, sin duda, los muertos y heridos, víctimas de la ineficacia. Lo siguiente, el cálculo electoral. ¿Qué va a decir el presidente en su próximo mitin? ¿A quién echará la culpa del accidente? ¿Cómo justificar lo injustificable? ¿Con qué música animará sus actos?

No va a ser posible, a un mes del 29-N, pasar página de esta tragedia. Las familias van a pedir justicia. Habrá una investigación técnica y otra judicial. Iremos sabiendo cosas a medida que pasen los días. Ninguna buena para este Gobierno.

La fatalidad ha hecho que el desastre tenga como protagonista al ministro más zafio del Gobierno, al más provocador, una especie de matón de tasca al que no le importa exhibir el servilismo hacia su jefe: "El puto amo".

La campaña ha estallado y el PSOE se encuentra ahora ante el dilema de tirarlo todo por la borda o asumir de verdad responsabilidades

Ha dejado Puente tal rastro de su bravuconería en redes sociales y en sus intervenciones públicas que no tiene defensa posible. Ni siquiera Pedro Sánchez salió este miércoles en su auxilio.

Hasta los socios, esos socios dóciles y amaestrados del PSOE, exigieron "responsabilidades políticas". Eso no se solventa cortándole la cabeza al presidente de Renfe.

Sánchez vive estos días en ese tobogán mareante de los números, las encuestas, los trackings. Quiere ganarle al PP como sea, aunque no pueda sumar para gobernar, y Urda ha dinamitado sus expectativas, sus esperanzas.

Si el presidente quiere presentar alguna opción –yo dudo que la tenga– no tiene más remedio que cesar a su ministro de Transportes. Ya lo hizo con su antecesor, José Luis Ábalos, argumentando responsabilidad in vigilando por los desmanes de su asistente Koldo. Si fuera consecuente, haría lo mismo con Puente, no por corrupto, sino por inútil. Pero tal vez no se atreva a hacerlo.

La campaña ha estallado y el PSOE se encuentra ahora ante el dilema de tirarlo todo por la borda o asumir de verdad responsabilidades. Este país no puede seguir dependiendo de un Gobierno que nos ha llevado hasta el punto de sentir vergüenza de ser españoles. Si Puente sigue en su puesto, el PSOE y sus socios habrán dicho adiós a la posibilidad de disputarle el triunfo a la derecha.

Sánchez y la máquina del tiempo

25 October 2026 at 19:18

Tras La Revuelta, el presidente le ha dado una entrevista a El País. La primera que da a un medio escrito después de anunciar el adelanto electoral. Ninguna sorpresa por lo que a la elección del medio se refiere.

Ahora bien, el titular del diario modifica en algo sustancial lo que dijo Pedro Sánchez. En la conversación, el presidente dice: "Pero un Gobierno de PP y Vox no representa una alternativa, es una auténtica involución. Supone retroceder 40 años, 50 años de golpe en debates como el aborto o la muerte digna...". Sin embargo, el título de la entrevista limita la horquilla temporal: "Un Gobierno del PP con Vox no es alternativa, es retroceder 50 años".

No creo que los entrevistadores hayan querido manipular lo que dijo el presidente. Más bien le han corregido en un error de bulto, acertando en lo que, en realidad, quería decir.

En los viajes en el tiempo diez años son importantes. Sobre todo para un país que pasó de una dictadura a una democracia. Hace 40 años, en España el PSOE llevaba gobernando 4 años. El principal problema de España era ETA y la derecha no suponía ninguna alternativa real. Sin embargo, hace 50 años no se habían producido todavía las primeras elecciones democráticas y faltaban aún dos años para la aprobación de la Constitución; es decir, era una España predemocrática, todavía con el franquismo políticamente vivo.

Sánchez dijo a bulto lo de los 40 o 50 años y no cayó en la cuenta de lo que significaba ese lapso de 10 años. El País lo arregló para que no hubiera dudas: un Gobierno del PP y Vox nos llevaría de cabeza al franquismo.

Lo que da miedo es la España que es incapaz de convivir, que es a lo que nos está llevando el presidente

Los viajes en el tiempo en política tienen mucho peligro, aunque a algunos no nos sentaría mal recuperar la juventud de un plumazo. Si eso fuera posible, el voto de los mayores de 60 años lo tendría asegurado la derecha.

Había una serie en los años 60 que se llamaba así, El túnel del tiempo, que cada semana nos hacía viajar al pasado o incluso al futuro utilizando una máquina que daba un poco de vértigo cuando se ponía a funcionar. De la época de los romanos al futuro de la guerra de las galaxias, aunque mucho más cutre. Pero era ciencia ficción.

Por mucho que quieran, que dudo que lo quieran, ni el PP ni Vox nos pueden llevar a los años 70. España ha cambiado tanto que ni siquiera la derecha más cerril propondría ahora la eliminación de las conquistas que se han llevado a cabo en el último medio siglo. Sólo los incautos pueden caer en la trampa del miedo. Es quizás la única alternativa que le queda a un Gobierno corrupto y a un presidente que ha intentado laminar el Estado de Derecho. Y eso sí que es una realidad. En contra de la evidencia, Sánchez quiere ganar sobre la base del miedo: lo que viene será peor.

Marrullero como es, Sánchez nos propone un viaje en el tiempo a una época muy anterior: pretende llevarnos a los años 30, con su Frente Popular, con sus fascistas, con la guerra de los buenos contra los malos, que, fatalidad, ganaron los malos. Con la apropiación indebida de un gran poeta, Federico García Lorca, que pertenece a todos los demócratas, incluso a los de derechas.

En su intento de eliminar la alternativa (¿hay acaso algo más antidemocrático?), Sánchez ha dibujado una línea roja que divide al país entre demócratas y fachas. Recordaba hace poco García Castellón en estas páginas cómo el estalinismo calificó de socialfascistas a los partidos socialdemócratas. Todo lo que no era comunista, era fascista. Luego, cuando le convino a Stalin, se modificó la doctrina para permitir la creación de los frentes populares, donde los comunistas debían convivir con los socialistas para combatir el fascismo. Ya no eran fascistas.

Ese viaje en el tiempo, noventa años atrás, a mí me da mucho más miedo que el otro, aunque ambos sean imposibles. La norma de que todo vale contra el fascismo (aquí y ahora, una coalición de PP y Vox) nos lleva a una dinámica de enfrentamiento civil que ya está aflorando, como hemos visto esta semana en el intento de boicot a los mítines de Abascal o en los disturbios de Barcelona.

La huelga general, esa que se han inventado UGT y CCOO para hacerle la campaña a un Gobierno que les ha atiborrado de subvenciones, es otra prueba de ese intento de dividir al país en dos, de enfrentarnos a los que no comulgamos no con unas ideas, sino con unas prácticas nefastas para la democracia, con los que se aferran a una izquierda que tiene más de pose que de realidad.

Lo que da miedo no es ese viaje a los años 70 que nos augura Sánchez si gana la derecha, sino la España que es incapaz de convivir, que es a la que nos está llevando el presidente.

Para esto sirve la televisión pública

23 October 2026 at 23:06
Pedro Sánchez en 'La revuelta'

El jueves por la noche el presidente del Gobierno apareció en el programa La Revuelta de Televisión Española. Hora y media de entrevista con David Broncano (41 años), con un resultado espectacular: más de 4 millones de audiencia. Estuve wasapeándome con Juanma Romero durante esos 90 minutos (el tiempo que dura un partido de fútbol) para encontrar un titular. No había manera. Al final, elegimos algo obvio: 'Sánchez arreglará el problema de la vivienda si la izquierda tiene mayoría absoluta'. Lo mismo podrían decir Feijóo, Abascal o Ada Colau: si me votáis solucionaré vuestros problemas.

Los periodistas tenemos una deformación profesional: en las entrevistas perseguimos una noticia, un titular. Sentimos como un fracaso que el entrevistado se limite a repetir un argumentario ya conocido. Pero ese –dar una noticia– no era el objetivo de la conversación de Sánchez con Broncano. De hecho, el propio Broncano dijo al principio del encuentro que él no era periodista, como disculpándose de antemano ante sus posibles lagunas, como, por ejemplo, que no supiera cuantos diputados conforman la mayoría absoluta en el Congreso (¿166 o 176?).

El buitre Lamata ya analizó agudamente el viernes el programa que logró un récord de audiencia batiendo con holgura a El Hormiguero y a Horizonte, por eso no entraré en la sonrojante alfombra roja que el presentador tendió a los pies del entrevistado, o en los pautados aplausos de un público entregado, por no hablar de la aparición final de Candela Peña como fan confesa de Sánchez ("Las que te votamos...").

El objetivo del presidente no era dar argumentos sobre los casos de corrupción de su gobierno, el fracaso de su política de vivienda, o el desastre de la gestión de la avalancha en Ceuta. El fin era mostrarse como un tipo normal, que está ahí no por ambición de poder, sino porque quiere hacernos la vida más fácil. Puede equivocarse, claro que sí, pero quién no se equivoca. Ábalos le engañó, y si no se construyen más viviendas es porque las comunidades del PP no quieren aplicar la ley de vivienda. Ni siquiera sus errores son atribuibles a él.

El escenario para la reivindicación de Sánchez como presidente cercano, capaz de hacer bromas y reírse de las gracietas del presentador, era ideal. Lo importante, lo dijo al final de la conversación, es que la gente se vaya a la cama con una sonrisa.

El espacio de propaganda a favor del presidente que vimos el jueves en TVE lo pagamos todos los españoles, incluso los que pensamos que es el peor gobernante de la democracia

El mensaje que transmitió fue muy simple. El mundo está divido en dos categorías: los buenos y los malos. Los buenos somos nosotros y los malos son la derecha y la ultraderecha. La alternativa es buena en democracia, dijo Sánchez, pero ahora en España, con Vox, esa alternativa significa la involución. Sencillo y fácil de asimilar: ¿en qué lado se quiere situar usted? Y detrás de Feijóo y Abascal están, ahí se puso serio, los tecnoligarcas, a los que el presidente conoce bien porque se ha codeado con ellos. Nos lo imaginamos en Silicon Valley tuteando a los magnates de la IA: "¿Qué tal Elon (Musk)?, ¿cómo te va Sam (Altman)?". La culpa de que la gente se esté haciendo de extrema derecha la tiene "el algoritmo", ese mecanismo perverso que hay en las redes sociales diseñado para que votemos a Trump o a Vox.

Ante ese mundo hostil, Sánchez se presenta como el líder de una aldea gala de la democracia. Y eso, dice el presidente, "tiene algo de épica".

Esos mensajes, simplones pero efectivos, llegaron a millones de personas. Muchos de los que dudaban si votarle, probablemente hayan decidido hacerlo. ¡Es un tipo tan majo!

El problema es que ese espacio de propaganda se hizo en una televisión pública, que pagamos todos los españoles, incluso los que pensamos que Sánchez es el peor gobernante que ha tenido este país desde la muerte de Franco.

La Revuelta, por la que RTVE paga un dineral (31,5 millones por dos temporadas), no es La Pija y la Quinqui, el pódcast en el que que el presidente fue presentado como Perro Sanxe. Lo que ocurrió el jueves fue un ejemplo claro de utilización de un medio público para favorecer una opción política. Es la subversión de lo que debería ser una televisión pública. Todos los gobiernos han utilizado TVE como instrumento de propaganda. Pero lo hacían utilizando los informativos. Ahora, esa voracidad manipuladora se ha extendido por toda la programación, especialmente en los programas de infoentretenimiento. De tal forma que Pepa Bueno parece un ejemplo de objetividad al lado de Cintora o Broncano que, por cierto, es la primera vez que entrevista a un político en plena precampaña.

Sánchez ha hecho suya la televisión pública, como ha hecho suyos el Tribunal Constitucional o la Fiscalía General del Estado. Bajo la apariencia del colega con el que te puedes ir a tomar unas cañas, se esconde ese hombre obsesionado por el poder capaz de utilizar cualquier medio para conseguir sus fines. Viste pantalón y camisa vaquera, pero se presentó en el programa de Broncano rodeado de un servicio de seguridad digno del presidente de los Estados Unidos.

En una campaña electoral los medios juegan un papel esencial. Pueden determinar el resultado final. A los medios privados que apoyan al presidente (él mismo dijo los que suele consultar: El País, La Vanguardia, elDiario.es, Infolibre...), hay que sumarle el respaldo decidido y sin tapujos de la televisión pública. Sánchez sabe lo que se juega en estas elecciones. Mantenerse en el poder no es para él la condición necesaria para llevar a cabo unas políticas concretas, sino el medio para garantizarse la protección ante procesos judiciales que afectan a su partido y a su familia. El presidente es un hombre que se desenvuelve bien ante la adversidad. El reto de vencer a las encuestas –todas menos la del CIS dan a la derecha como clara ganadora el 29 de noviembre– le procura una excitación especial. Y ha sabido transmitir a los suyos que hay esperanza, que se puede ganar.

Ese efecto contagio ya se nota en algunos sondeos. Por ejemplo, en el que publicó El Confidencial el viernes. Sube el PSOE y baja el PP, aunque todavía la derecha conserva una apreciable mayoría. Quedan cinco semanas para las elecciones generales y, por tanto, hay mucho tiempo para seguir estrechando ese margen. Sánchez se va a volcar. Así que permanezcan atentos a la pantalla.

Pedro Sánchez en Fuenlabrada: monumento a la cursilería

18 October 2026 at 12:14
Begoña Gómez y Pedro Sánchez se abrazan en Fuenlabrada.

Pablo Iglesias ha sido sin lugar a dudas el político más cursi del último medio siglo. Decía cosas como que la gente de Podemos era toda muy maja, no había más que ver cómo se abrazaban cuando se veían, cómo se besaban cuando salían a calentar a las masas en los mítines de Vista Alegre. Ya hemos visto cómo se las gastan en ese mundo. Ni siquiera han sido capaces de pactar una lista única "para frenar al fascismo", que de por sí tendría que ser un fin tan prioritario como para dejar a un lado cosas tan peregrinas como quién va primero y quién va segundo en las listas de Burgos. Los cuchillos en la extrema izquierda hacen el mismo daño que los que se usan en cualquier otro rincón ideológico. Por mucho que el pinchazo lo den con una sonrisa en los labios.

Pero a Iglesias, en esto de la cursilería, le ha salido un competidor muy cualificado. El presidente del Gobierno aprovechó el mitin de Fuenlabrada del pasado sábado para lanzar una idea movilizadora para la campaña que concluye el 29-N: "La fuerza del amor". Ese fue el mensaje que colocó Ferraz en la red social X como colofón de un acto en el que lo más importante fue el beso que se dieron Pedro Sánchez y su mujer en el centro del escenario. El líder del PSOE le dio las gracias a Begoña Gómez, "por ser mi mujer", pero remató la faena con un rotundo: "Que lo escuchen alto y claro, te quiero".

En la grada fue el delirio. No hay más que ver las imágenes de la ex vicepresidenta María Jesús Montero aplaudiendo como loca. Si me preguntaran qué me gustaría tomar, diría: "Lo mismo que ella", como hizo una clienta del Katz`s Deli de Nueva York en una de la mejores escenas de Cuando Harry encontró a Sally.

No es la primera vez que Sánchez exhibe en público su amor por Begoña. Ya lo hizo en aquella carta que publicó en X el 24 de abril de 2024, en la que se planteó si le merecía la pena seguir ocupando la presidencia del Gobierno. En ella también confesó: "Soy un hombre profundamente enamorado de mi mujer".

No dudo que Pedro quiera a Begoña. Pero ese no debería ser un tema de campaña. Se quieran o no, a Sánchez se le debería votar o no por otras cosas. No vayamos a convertir las campañas en una competición de a ver quién quiere más a su pareja. Sorprende que el PSOE hay descubierto la "fuerza del amor" como motor electoral. Como si fuera un partido hippie. Cuando vayas a un mitin del PSOE, no te olvides de llevar flores en el pelo.

En su detallada crónica en El Independiente, Juanma Romero, citando fuentes de la dirección socialista, apunta: "Nuestra militancia se siente identificada con Begoña. Sufre con ella". En resumen, "Begoña suma". Recordemos que la esposa del presidente está acusada de delitos de malversación y tráfico de influencias. Suma, por tanto, como víctima. En esa lógica del victimismo, tal vez si estuviera imputada por dos delitos más sumaría el doble que ahora. Es un tema a estudiar por los estrategas de campaña del PSOE. Los que, por cierto, diseñaron con todo detalle las palabras, la música y el beso del acto. Nada fue casual en Fuenlabrada. Eso lo sabe hasta el apuntador.

A esta izquierda paupérrima de ideas sólo le faltaba vender el amor como patrimonio socialista

Sánchez habló de amor y habló de Maricarmen, pero no mencionó a Montse Mínguez, la hasta hace tres días portavoz de la Ejecutiva socialista. Esa cuyo marido tiene un holding con más de 30 pisos para alquilar y al que no le tiembla el pulso si tiene que hacer un desahucio. Con ella no hubo amor, tan sólo olvido.

El problema de hacer del amor campaña es que no se sabe qué hacer luego si resulta que los amantes se separan, Dios no lo quiera. ¿Valdría menos el Sánchez divorciado que el amante fiel -al menos teóricamente- que vemos ahora? ¿Acaso no hay divorciados en la dirección del PSOE? ¿Tienen menos opciones de escalar puestos los que se han separado que los que conviven con su pareja desde hace siglos?

Sacar a pasear el amor como bandera electoral es casi tan peligroso como arremeter contra los rentistas. Porque luego resulta que hay muchos en la dirección del PSOE que tienen más de una vivienda, hasta llegar al campeón Sergi Vélez, que además de gran tenedor parece que tiene dos sociedades en Panamá; será para pagar más impuestos.

La demagogia funciona durante un rato. Tampoco engaña a mucha gente. Pero puede dar un poco de vidilla a los que tienen que explicar cosas tan graves como el caso Ábalos, el caso Cerdán, el de la fontanera de Ferraz, el acoso a la juez Biedma, o la condena del Fiscal General del Estado. Todo eso pasa porque en la derecha no hay amor. De hecho, la campaña del amor tiene su reverso: el odio de la derecha. ¡Como si Abascal o Feijóo abofetearan a los suyos en sus mítines! Ellos también quieren a los suyos. Los aman con pasión y quieren que les voten, ellos y sus familias.

Puede ser que odien a Sánchez, o a Leire Díez, pongamos por caso, pero como Óscar López odia a Díaz Ayuso, y Óscar Puente odia a casi todos los que no son del PSOE. El odio, como el amor, queridos amigos, no es patrimonio de una ideología, como la propiedad de las viviendas. Son de los que lo practican, de los que los poseen (los pisos, claro).

Yo no creo que este mitin empalagoso de Fuenlabrada mueva a mucha gente. Más bien pienso que algún votante socialista se sentirá un poco avergonzado de esa exhibición tan innecesaria como falsa. Sin embargo, en la dirección del PSOE están encantados con la fórmula del amor, con el beso de Fuenlabrada. Oscar López, ministro, lo resumió con una frase para la historia: "Pedro está como una moto". Esto es lo que hay, amigos, no le pidan peras al olmo.

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