Angustia en Santa Justa: «De aquí no me muevo hasta que no dé con mi hermano»
A medida que se iba vaciando de viajeros la estación de Santa Justa por la suspensión de la mayoría de las líneas de Alta Velocidad, el ambiente se volvía más asfixiante. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los efectivos de emergencias esperaban a los familiares de las posibles víctimas del accidente de Urda para acompañarlos al punto de atención psicosocial habilitado en la Sala Club Renfe. Allí se les intentaba ofrecer asistencia, consuelo e información sobre el paradero de sus seres queridos, en la mayoría de los casos, sin demasiado éxito.
Ana llegó a Santa Justa casi sin respiración para conseguir alguna pista sobre el paradero de su hermano José Ángel. El resto de sus familiares habían viajado hasta Urda para localizarlo y, ante la falta de respuestas, Ana se plantó en la estación sevillana: «De aquí no me muevo hasta que no dé con mi hermano», gritaba. Angustiada, sin contener las lágrimas, se preguntaba: «¿Quién es el responsable de esto? ¿cuántas veces más tiene que pasar?» .
La madre de otra de las víctimas también se acercó hasta el punto de atención habilitado en la estación sevillana preguntando por su hijo, de 37 años , que había viajado a Madrid por trabajo. «No sabemos cómo está, nada. Solo sabemos que lo han tratado en un centro de salud», afirmó. Asimismo, lamentó la poca información proporcionada a los familiares de los afectados por el accidente ferroviario. «La poca información que tenemos la hemos conseguido a través de la prensa y de amigos de amigos», lamentó.
Al mismo tiempo, en la sala de Iryo, uno de los operadores implicados en este accidente mortal de tren, cundía el desánimo. Sus trabajadores, abatidos, se abrazaban esperando noticias de sus compañeros. Mientras, en el servicio de atención al cliente de Renfe se amontonaban viajeros afectados por la paralización de trenes preguntando por alterativas. Uno de ellos, Luis Fernando, solicitaba a un operario de Renfe el reembolso de su AVE perdido mientras buscaba con el móvil cómo llegar hasta Zaragoza: «Soy militar y mañana tengo que estar en la base, no sé cómo haré porque los buses tienen poca frecuencia y el servicio de
Blablacar no me sirve porque no encuentro viaje directo», explicaba a este diario.
Los pocos usuarios que pudieron coger un AVE desde Santa Justa lo hacían con dudas y desasosiego. El que salía a las 13: 08 destino a Málaga y con parada en Córdoba, Puente Genil y Antequera no se llenó pese a que estaban vendidas la mayoría de las plazas. Uno de los que sí se montó fue Ricardo, un turista mexicano que había pasado unos días visitando Sevilla y cuya siguiente parada en su itinerario era Córdoba. Aseguraba estar a la «expectativa» tras lo ocurrido y temía no poder regresar a Madrid el viernes en AVE como tenía previsto inicialmente.
Rocío Álvarez, otra viajera de este tren destino Málaga, sí se mostraba más nerviosa por subirse a un tren tras lo ocurrido en Urda. «Tengo que llegar a mi puesto de trabajo en Córdoba, he intentado no mirar casi nada de lo que ha pasado, pero es que no tengo alternativa de transporte», apuntaba.
«Yo estoy muy nerviosa, no tengo coche y he pensando en no montarme en el tren», respondía por su parte Mila Morilla, que esperaba en Santa Justa el tren destino Córdoba para visitar a su hijo. «Lo veo una vez a la semana y, después de mucho pensarlo, he hecho acopio de valor y voy a montarme en el AVE para estar con él».
Hasta la estación de Santa Justa se trasladaron varios representantes políticos, entre ellos el consejero de Emergencias de la Junta, Antonio Sanz, y el alcalde de la ciudad hispalense, José Luis Sanz, quien puso a disposición recursos municipales para dar alojamiento a familiares de las víctimas, así como medios materiales y humanos para facilitar atención y transporte a la localidad toledana de Urda.
Paralelamente, en otro punto de la ciudad, en la Comandancia de la Guardia Civil de la avenida de la Borbolla, esperaban otros familiares para la recogida de muestras de ADN, imprescindibles para identificar a las víctimas mortales de este siniestro ferroviario.


© Kiko Hurtado