Los argumentos que justifican viajar fuera de temporada cada vez pesan más a la hora de tomar una decisión: precios más económicos, menos aglomeraciones, temperaturas más agradables -algo a tener muy en cuenta a la vista de los episodios de calor extrema experimentados recientemente-, o la oportunidad de dejarnos sorprender por los matices que regala cada estación. Si le añadimos la creciente flexibilidad de las empresas en la gestión de las vacaciones, entendemos por qué la desestacionalización de los viajes aumenta cada vez más entre los españoles.