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Munch y Picasso cara a cara por primera vez

30 October 2026 at 03:00

Edvard Munch y [[LINK:TAG|||tag|||6336155059a61a391e0a0edf|||Pablo Picasso]], dos de los más grandes pintores del siglo XX, nunca se conocieron en persona. Jamás coincidieron a pesar de compartir 63 años de vida, desde el nacimiento del malagueño en 1881 hasta la muerte del noruego en 1944. Sin embargo, sí consta tanto la influencia recíproca entre ambos así como la convivencia de sus obras en más de diez exposiciones colectivas, desde la primera vez en la gran muestra de la Sonderbund de Colonia, en 1912, donde el nórdico conoció la obra del español, quien ya sabía de la creación de Munch por sus influencias en Barcelona. Sin embargo, la exposición Munch-Picasso supone la primera vez que ambos artistas se muestran solos, cara a cara, dialogando imaginariamente desde las paredes del Museo Picasso Málaga. «Es como si Picasso invitara a Munch a tomarse una copa de Málaga Virgen en su casa», resumió el director artístico del Museo, Miguel López-Remiro, en la presentación de la muestra –inaugurada por la reina Sonia de Noruega–, que podrá visitarse hasta el 28 de febrero de 2027.

La exposición, que cuenta con más de cien obras entre pinturas, grabados y dibujos –con una aportación destacable del Munchmusset Oslo–, está comisariada por la historiadora del arte Paloma Alarcó, para quien la trama del discurso expositivo «explora diálogos imposibles entre dos personalidades dispares que pertenecieron a generaciones y países distintos, tenían estrategias y sensibilidades artísticas divergentes y también formas opuestas de explorar la pintura, pero compartían una similar obsesión por los misterios profundos de la vida, así como intereses comunes a lo largo de sus fecundas carreras».

Y es que, desde una edad temprana, tanto Munch como Picasso manifestaron la convicción de que estaban llamados a transformar el arte de su tiempo. Aunque desarrollaron trayectorias muy diferentes y adoptaron soluciones plásticas a menudo contrapuestas, ambos compartieron una misma voluntad de romper con las convenciones heredadas y adentrarse en territorios expresivos inéditos. Sus obras revelan afinidades sorprendentes que trascienden las diferencias generacionales, culturales y estilísticas. El amor, la muerte, la soledad, la angustia, la sexualidad o la vida moderna son temas recurrentes en los dos monstruos del pincel.

Así, la convergencia de sus producciones artísticas se explica, como argumento más destacado, con la transformación de la figura humana, que en ambos va mucho más allá de una cuestión estética. La deformación, la fragmentación o la distorsión se convierten en recursos para expresar una realidad emocional y existencial compleja. Edvard Munch utilizó la intensidad del color, la vibración de la línea y la fuerza simbólica del paisaje para transmitir sentimientos como la angustia, la soledad, el deseo o la pérdida. «El Grito» es el epítome de ello. Pablo Picasso, por su parte, llevó esta ruptura un paso más allá al descomponer la forma y multiplicar los puntos de vista, convirtiendo la pintura en un espacio de experimentación donde la realidad aparece en constante cambio. En los dos casos, la imagen abandona la representación armónica para convertirse en un escenario de tensión, conflicto y presencia.

© Pablo Asenjo / Museo Picasso Málaga

«El artista y su modelo» (1919-21) de Munch luce junto a «El pintor y la modelo» (1963) de Picasso en la exposición temporal del Museo Picasso Málaga

© Munchmuseet / Ove Kvavik

Autorretrato con sombrero de ala ancha, de Munch

© FABA Foto: Hugard & Vanoverschelde

Busto de hombre con sombrero, de Picasso

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Los Tosantos: un cochino con la peluca de Trump

28 October 2026 at 02:00

Unas pijotas cargando un paso de Semana Santa donde la Virgen tiene cabeza de jurel, dos cerdos con la indumentaria verde de quirófano operando a un tercero a corazón abierto, un apionabo con la peluca de Milei, otro cochino con la cabellera de Trump, la exalcaldesa Teófila Martínez encarnada por un puerro (con su característica melena rubia representada por las barbas del mismo), chorizos de la Sierra de Cádiz ocupando los escaños de un Congreso de los Diputados en miniatura, Shrek en una patata de Sanlúcar pintada de verde, un rape a guisa de Vinincius Jr., etcétera. No hablo de ningún sueño «daliniano», sino de algo que en realidad he vivido y sigo viviendo, afortunadamente, como la mayoría de gaditanos. Me refiero a la fiesta de los Tosantos –contracción de Todos los Santos–, donde los responsables de los puestos de los mercados municipales de la ciudad afinan su ingenio para, con productos propios de cada uno, representar una escena que suele ser de corte paródico y satírico.

Este año, por ejemplo, la exposición de cara al público, así como la celebración del certamen –hay premios en cada modalidad: verdura, fruta, carne, pescado y varios– tuvo lugar el pasado lunes 26–aunque lo tradicional era festejarlo en vísperas de Todos los Santos, de un tiempo a esta parte se celebra en lunes por a) la competencia de Halloween y b) por ser este día de la semana el de menos actividad mercantil dado que no hay pescado– en el Mercado Central de Abastos (o sea, la plaza) y en el Mercado Virgen del Rosario.

De la casita de «Bad Chicken» a Cucurella

Además, este 2026, los Tosantos cumplen 150 años. Un siglo y medio desde que por primera vez se decorase la plaza en vísperas del 1 de noviembre con el objeto de atraer más clientela, dado que tanto el Día de Todos los Santos como el de los Difuntos (2 de noviembre) cesaba la actividad mercantil y, por tanto, había que despachar todo el género (el perecedero, claro). Fue un éxito, y hasta hoy... Sin embargo, no fue hasta 1977 cuando esta fiesta fue institucionalizada por el Ayuntamiento y, a su vez, fue tomando, como pasa con todo en Cádiz, el camino de la calle de la guasa o de la sátira: entre el humor, la crítica y el surrealismo. Como un carnavalillo de otoño: chirigotas de boniatos, cuartetos de castañas y romanceros de alcauciles.

 

En esta edición conmemorativa, por el siglo y medio de existencia, hemos podido ver, por ejemplo, a la casita de Bad Bunny convertida en la casita de «Bad Chicken», donde se daban cita pollos representando, entre otros, a Penélope Cruz, Marta Ortega, los Javis o Donald Trump, quien decía que dejará «de ser porculero cuando me conviden a un puchero». Las cosas de Cádiz. También, la escena más famosa de la Guerra de Troya, la del caballo, donde el equino de madera se trunca por un caballito de mar que Amazon pretende colar como un envío urgente por las Puertas de Tierra de la ciudad. Asimismo, en otro de los puestos se representaba la final del pasado Mundial de fútbol entre España y Argentina, donde los futbolistas tenían cabeza de boquerones (no faltaba ni un peregil: hasta la peluca de Cucurella). Otro tanto ha sido el de la Casa de Papel... de estraza, donde una recova ha representado a su manera la serie de Netflix. Empero, la premiada en la modalidad hortofrutícola ha sido la muy currada escena de un puesto por los 25 años de «Harry Potter». No faltaban los asuntos de rabiosa actualidad, como el problema de la vivienda, las inminentes elecciones generales o las caquitas de los perros y sus consiguientes multas a los dueños guarros. También había otra que parodiaba la película «Como entrenar a tu dragón», pero en este caso el entrenado era un boquerón...

En fin, una fiesta genuinamente gaditana que poco tiene que envidiarle a Halloween, pese a que por desgracia la celebración yanqui gana cada vez más terreno. «Venga ya, jalogüín/ que esas cosas no son las de aquí/ Venga ya, ‘‘truco o trato’’/ que nosotro somos de castañas, de chirimoyas y de boniatos», dice una coplilla local. De hecho, consta que los antropólogos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico recorrieron Andalucía, desde Ayamonte hasta Pulpí, documentando las tradiciones y fiestas para el Atlas del Patrimonio Inmaterial, y dicen que no encontraron nada igual. Sin embargo, cuenta el escritor Juanjo Téllez, que el dramaturgo colombiano Enrique Vargas, creador del Teatro de los Sentidos, quien estaba en Cádiz por el FIT, le dijo a la escritora Aida Agraso, al ver unos besugos vestidos de futbolistas y unos cerdos a guisa de cantantes: «Ahora me doy cuenta de lo que se parecen nuestros pueblos».

© Ayuntamiento de Cádiz

«25 años de magia», primer premio en la categoría de frutas en los Tosantos de Cádiz 2026

Las tres películas imprescindibles de José Luis García Sánchez

26 October 2026 at 09:50

Hay directores que filman historias y directores que, además, saben mirar un país. José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941-Madrid, 2026) pertenecía a la segunda categoría. Fallecido este domingo a los 85 años, el cineasta deja una obra heterogénea, atravesada por el humor, el esperpento y la voluntad de retratar las contradicciones de la sociedad española. Entre sus títulos, tres películas permiten acercarse a su particular universo: «Divinas palabras», «Tranvía a la Malvarrosa» y «Los muertos no se tocan, nene».

«Divinas palabras» (1987)

Ramón María del Valle-Inclán encontró en García Sánchez a un cineasta capaz de comprender su universo grotesco sin domesticarlo. Adaptación de la célebre obra teatral del escritor gallego, la película nos traslada a una Galicia rural dominada por la superstición, la miseria y las pasiones más bajas. Paco Rabal, Ana Belén y Esperanza Roy encabezan un reparto que da vida a una comunidad donde la piedad cristiana convive con la crueldad y el interés. El director convierte el esperpento valleinclanesco en una experiencia cinematográfica de notable fuerza visual, con personajes que parecen atrapados entre la degradación moral y la supervivencia. Es una de las muestras más significativas de su capacidad para trasladar la literatura al cine.

«Tranvía a la Malvarrosa» (1996)

Basada en la novela autobiográfica de Manuel Vicent y con guion de Rafael Azcona, esta película viaja a la Valencia de los años cincuenta. Liberto Rabal interpreta a un joven que descubre el amor, el deseo y la vida adulta en una España todavía sometida a la represión franquista. Con Ariadna Gil, Fernando Fernán Gómez y Antonio Resines en el reparto, García Sánchez reconstruye una época de contrastes: la sensualidad mediterránea frente a la moral asfixiante, la curiosidad juvenil frente al miedo. La ciudad no funciona como mero decorado, sino como un personaje más de una historia de iniciación sentimental y política.

«Los muertos no se tocan, nene» (2011)

Su última película como director fue también una despedida cargada de significado. Adaptación de la novela de Rafael Azcona, recupera la España provinciana de la posguerra a través de un humor negro que desmonta solemnidades y retrata las miserias cotidianas. El proyecto enlaza con la tradición satírica que ambos cultivaron durante décadas y rescata una obra que había quedado fuera de los planes cinematográficos de Azcona durante el franquismo. Su tono absurdo y melancólico constituye un epílogo especialmente revelador para una carrera que hizo de la ironía una forma de resistencia.

© Efe

El director José Luis García Sánchez.
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