Una semijubilada de 60 años explica qué heredarán sus hijos: «Es poco probable que deje herencia porque pienso gastármelo todo»
Karen Green ha hablado con sus hijos sobre un dinero que no deberían dar por seguro: el que pueda quedar cuando ella muera. Esta consultora de negocios británica, afincada en la Provenza francesa, prefiere dedicar una parte importante de sus recursos a disfrutar de su semijubilación. Su plan se apoya en ingresos que no proceden de una sola fuente.
«Es poco probable que deje herencia porque pienso gastármelo todo», explicó a la BBC en septiembre de 2026, cuando tenía 60 años. La frase expresa una intención, no el saldo de una sucesión ya decidida. Green no promete conservar intacto su patrimonio para transmitirlo después; quiere utilizarlo mientras puede elegir cómo pasar su tiempo.
Entre sus prioridades están los viajes, a los que destina más de 10.000 libras al año. En marzo de 2026 había participado en un retiro de yoga en Marruecos. Cuenta que busca buenas oportunidades para viajar y evita gastar sin mirar las cuentas. Esa combinación permite entender qué significa gastar en su propio caso, lejos de la idea de vaciar una cuenta de una sola vez.
Seguir ingresando durante el retiro parcial
Green mantiene trabajos de consultoría, cobra una pensión privada y recibe dinero de una propiedad alquilada. El alquiler representa alrededor del 40% de sus ingresos, según su relato. Esa estructura explica por qué puede organizar una etapa distinta sin haber dejado de ingresar. Como en otros debates sobre el destino del dinero, su decisión afecta tanto al gasto como al trabajo que todavía realiza.
No había comenzado a cobrar la pensión pública británica: esperaba acceder a ella a los 67 años. Tampoco describía una retirada completa de su profesión. Son dos precisiones necesarias para interpretar una vida con viajes frecuentes. La semijubilación conserva una parte del empleo y se sostiene con recursos que no están disponibles del mismo modo para cualquier persona de su edad.
La advertencia a sus hijos cambia, sobre todo, lo que pueden esperar del futuro. Si ella ha decidido usar ese dinero, contar con recibirlo sería organizar sus propias finanzas sobre una promesa que no existe. La relación entre felicidad y prioridades personales puede llevar a decisiones diferentes dentro de una familia. Green ha preferido decir por adelantado qué desea hacer, en lugar de dejar que la expectativa de heredar se dé por supuesta.
La ayuda familiar también tiene una cuenta
El coste de reservar o entregar dinero a los hijos aparece en una investigación de Standard Life realizada con 4.000 adultos británicos en enero de 2026. Entre los padres de hijos adultos que prestaban ayuda económica, el 74% decía haber sufrido un efecto en sus finanzas. Esa medida no describe a Green ni permite conocer sus gastos familiares. Sí aporta una referencia sobre el esfuerzo que puede exigir seguir ayudando después de criar a los hijos.
En ese mismo grupo, el 27% había recurrido a ahorros y el 18% estaba reservando menos dinero a largo plazo. La discusión no queda resuelta con elegir entre generosidad y egoísmo. Puede implicar decisiones sobre su vida y sobre cuántos años de retiro deben financiarse. El patrimonio tiene usos que compiten entre sí, incluso cuando todos responden a deseos comprensibles de una misma persona.
Green ha hecho visible su preferencia: conservar capacidad de viajar y disfrutar de la etapa que ya está viviendo. Su previsión parte de los recursos con los que cuenta: el trabajo que conserva, la pensión privada y la propiedad alquilada. Con ellos intenta sostener una etapa con más viajes y menos dedicación profesional. Su intención de utilizar el dinero está sobre la mesa antes de que la familia tenga que hacer cuentas con lo que quede.

