Viena, 28 oct (Prensa Latina) El tenista ruso Daniil Medvédev, tercer cabeza de serie, siguió hoy con su accionar indetenible en el Abierto de Viena, tras doblegar al español Daniel Mérida en los octavos de final por 7-6 (7/5) y 6-1.
Nuno Borges alcançou nesta quarta-feira, pela segunda vez, a passagem aos quartos-de-final do torneio de Basileia, após vencer o tenista norueguês Casper Ruud em três sets.
Viena, 28 oct (Prensa Latina) El argentino Mariano Navone y el chileno Alejandro Tabilo fueron eliminados hoy en la primera ronda en la justa de dobles correspondiente al torneo Abierto de tenis de esta capital.
El respeto que Rafa Nadal mostró durante su carrera a Roger Federer y Novak Djokovic fue el mismo que dispensó a la señora de la limpieza o al conductor que lo llevaba a los torneos. Toni Nadal utilizó ese ejemplo para explicar los valores que trató de transmitir a su sobrino y que, a su juicio, deben mantenerse independientemente de la posición que ocupe cada persona. «El respeto que tuvo Rafael por Federer, por Djokovic, no era diferente del que tuvo por la chica de la limpieza o el conductor que le llevaba en autobús», explicó en Por fin, en Onda Cero, al recordar una de las enseñanzas que considera fundamentales en la formación del tenista.
Valores para funcionar por la vida
Toni Nadal defendió que el éxito deportivo debe ir acompañado de una determinada manera de comportarse. La fama y los resultados no pueden modificar el trato hacia los demás. «Es muy difícil funcionar sin valores en la vida», afirmó antes de enumerar algunos de los principios que considera necesarios para la convivencia: «Una sociedad necesita unos ciertos valores de disciplina, de orden, de respeto, de educación por encima de todo, de corrección». Unas ideas que, según explicó, intentó aplicar siempre «dentro de una pista y fuera de ella». El entrenador también recordó el precio personal que exige una carrera vinculada al deporte profesional. Mientras se habla habitualmente de las horas de entrenamiento, las concentraciones y los sacrificios de los jugadores, quienes trabajan a su lado también deben renunciar a una parte de su vida familiar. Toni Nadal lo experimentó durante los años que acompañó a Rafa: «Yo me perdí muchos, muchos cumpleaños de mis hijos, me perdí fiestas de Navidad».
Aquellas ausencias formaban parte de una elección compartida. Rafa quería convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo y Toni había decidido ser su entrenador. «Él decidió ser uno de los mejores jugadores del mundo y yo decidí ser su entrenador, entonces sabía que tenía que pagar un precio», explicó. También reconoció que tuvo suerte con el jugador al que acompañó: «Tuve la suerte de entrenar a un chico, además, que me hizo la vida muy fácil». Su manera de entender el tenis estaba ligada a una idea que repetía durante la formación de su sobrino: el resultado no debía estar por encima del trabajo realizado para alcanzarlo. «En la vida, el verdadero éxito no es el resultado que consigues, sino la forma como llegas a conseguirlo», señaló. Por eso, cuando evaluaba el camino de Rafa, concedía más importancia al proceso que a los títulos obtenidos.
Lo importante es el camino
«Para mí siempre fue mucho más importante el proceso», insistió. Su intención no consistía en presentar a Rafa como un modelo destinado a toda la sociedad, pero sí consideraba que quienes alcanzan el éxito deben asumir cierta responsabilidad. «Yo no pretendía nunca que Rafael fuera un ejemplo para una sociedad, pero yo creo que la gente que triunfa tiene que intentar al menos ser un ejemplo para la sociedad», explicó.
Esa misma filosofía determinaba cómo afrontaba las derrotas. Toni Nadal estableció una diferencia entre perder un partido y fracasar en el intento de conseguir un objetivo. «Un fracaso nunca es una derrota. La derrota forma parte del juego. El fracaso, para mí, es no hacer todo aquello que está en tu mano para conseguir» lo que te propones.
La distinción le permitía analizar las derrotas sin convertirlas en una tragedia. Cuando Novak Djokovic era superior a Rafa, la respuesta debía ser asumirlo y buscar soluciones. «Muchas veces Djokovic fue mejor que nosotros. Bueno, pues asumirlo e intentar recapacitar, ver lo que podemos mejorar e intentar hacerlo». El trabajo no garantizaba la victoria, pero sí ofrecía una manera de responder a la adversidad. «A veces fue bien, a veces no», reconoció.
Decir la verdad
Su método de entrenamiento tampoco pasaba por alimentar artificialmente la confianza del jugador. Toni Nadal prefería explicarle las dificultades y señalarle el camino que debía recorrer. «Yo le decía a Rafa: “Tranquilo, que lo vas a hacer y tenemos que luchar para eso». La intención era que entendiera que el talento no eliminaba la necesidad de trabajar ni convertía los objetivos en algo automático.
Por eso cuestionó una educación que, en su opinión, protege demasiado a los jóvenes frente a la frustración. «Cuando tú le haces creer a la gente que es mejor de lo que en realidad es, le ocultas la realidad», advirtió, se corre el riesgo de dificultar que después acepte sus limitaciones. Su crítica alcanzó también a determinados planteamientos educativos. Su mujer, profesora de instituto, trabajaba en un centro en el que no podían poner los suspensos en rojo. «¿Esto es algo positivo o negativo? Para mí es negativo», afirmó, porque consideraba que se dramatiza algo natural, como obtener una mala calificación. La alternativa, defendió, es aceptar los errores y trabajar para corregirlos. «Si no ha salido del todo bien, pues intentemos mejorar lo que podamos mejorar», resumió. No todo el mundo puede alcanzar la cima del deporte, pero sí puede aspirar a mejorar su propio rendimiento.
Toni Nadal tampoco negó la importancia de las condiciones de cada jugador. Federer podía tener más talento o golpear mejor la pelota que Rafa, pero esa diferencia no debía convertirse en una excusa. «Se trata de entrenar un poco más e intentar superar» esas dificultades, explicó. Reconoció que existen personas con mayores obstáculos personales, económicos o intelectuales, y que no todo depende exclusivamente del esfuerzo. Aun así, defendió que cada uno debe centrarse en aquello que está en su mano. La suerte también cuenta. «Hay mucha gente que se esfuerza, mucha gente que intenta hacer las cosas bien, que no tiene suerte. Nosotros tuvimos la suerte de tenerla», admitió. De ahí extraía una última obligación: «Lo menos que podemos hacer es ser agradecidos y comprometernos a hacer las cosas de la mejor manera posible».
Desde hace tiempo el tenis ha tendido a igualarse en lo referente a las superficies, hasta el punto de que en muchos momentos se podía ver casi el mismo partido en Wimbledon y en Roland Garros. Las diferencias, al menos, no son tan exageradas como antes, ya no es el juego con efecto y estratégico en tierra y el saque y volea en hierba. Casi siempre se juega desde el fondo.
Ahora se entra en una fase de la temporada en la que se añade un elemento: los torneos se juegan bajo techo. No hay viento ni sol que puedan hacer que los efectos o los botes se compliquen, suelen ser pistas más o menos rápidas que premian el juego más plano y directo. Si a eso se une que es final de temporada, el resultado histórico es que no se trata de terreno habitualmente favorable para los tenistas españoles.
En Viena está jugando Carlos Alcaraz, y superó la primera ronda contra Khachanov a trompicones (6-4 y 7-6 [7/5]). En el primer set tuvo que recuperar un break en contra. En el segundo, desperdició tres pelotas de partido al resto con 5-4 y después estaba contra las cuerdas, porque cedió su saque, para ponerse 5-6. No lo aprovechó el ruso, que tampoco supo rentabilizar un 1-3 en el desempate que terminaría siendo definitivo. "Esos puntos de partido podría haberlos jugado un poco mejor. Diría que jugué demasiado rápido, me excedí y luego cometí algunos errores. Pero aun así estaba contento y satisfecho con mi nivel de juego. Sólo tenía que estar ahí, luchando, siendo fuerte mentalmente para intentar darme otra oportunidad. Lo logré en el 5-6, aproveché el punto de rotura y, obviamente, fue un gran desempate", analizó el murciano, que vuelve a una cita que ya disputó en 2021, el año de su explosión en el circuito. Allí logró la segunda victoria contra un «top 10», Berrettini.
También en Austria perdió Martín Landaluce contra Alexander Zverev (7-5, 3-6 y 7-6 [13/11]). El duelo fue apasionante y el madrileño tuvo cuatro pelotas de partido en el tie-break final, una de ellas con el saque. Acabó llorando, pero es una de esas derrotas que acabarán sumando. Zverev habló largo rato con él en la red y después tuvo bonitas palabras para Martín: "Está claro que tengo que mejorar, pero me ha llevado al límite. Ha jugado realmente bien". El alemán está a una victoria de asegurarse ser número uno el próximo lunes. En cualquier caso, terminará siendo el rey de la ATP antes de que acabe la temporada. En esta cita sólo hay dos triunfos nacionales en la historia: ganó en 2004 Feliciano López y David Ferrer en 2015.
En Basilea participa Rafa Jódar, que ganó a Tabilo (6-4 y 6-2) y se acerca a una doble hazaña: ser «top 10» y clasificarse para las ATP Finals en su primer año como profesional. En el torneo suizo no hay vencedores españoles.
Después queda por disputarse el Masters 1.000 de París, donde sólo Ferrer sale en el palmarés de los campeones (2012). Las ATP Finals también son «indoor». Ganó Orantes en 1976, y sobre moqueta, una superficie más rápida aún que ha desaparecido. También triunfó Corretja (1998).
Por último está la Davis, que también suele disputarse a cubierto. España tiene seis Ensaladeras. Cuatro de ellas fueron en casa, bajo techo pero en tierra batida. En 2009 fue en pista dura, la inolvidable de Mar del Plata. La de 2019 en Madrid ya tuvo el nuevo formato y unas circunstancias parecidas a las de Bolonia.