No es por malos modales: ¿por qué los escandinavos no usan nunca “por favor” en sus idiomas?
Cuando viajamos a otro país, aprender unas cuantas expresiones básicas suele ser una de las primeras tareas: saludar, despedirse, pedir ayuda y dar las gracias. Son pequeñas herramientas que permiten desenvolverse con más seguridad y demostrar respeto por las costumbres locales. Sin embargo, hay ocasiones en las que las reglas que damos por universales dejan de funcionar y una frase aparentemente sencilla se convierte en un pequeño rompecabezas cultural.
En los países nórdicos, pedir un café, comprar el pan o solicitar una indicación puede poner de manifiesto una diferencia llamativa entre idiomas. Lo que en español resolvemos añadiendo un «por favor» al final de la frase no siempre tiene una traducción directa en danés, sueco o noruego. Pero eso no significa que sus hablantes prescindan de la educación: la clave está en entender que la cortesía no funciona igual en todas las lenguas.
La ausencia de una palabra no significa que falte educación
La idea de que los escandinavos no dicen nunca «por favor» necesita algunos matices. En realidad, estos idiomas cuentan con palabras que pueden traducirse de esa manera, aunque su uso no coincide necesariamente con el del español o el inglés.
En sueco, por ejemplo, existe snälla, que puede utilizarse para suplicar o insistir en una petición. En noruego, vennligst aparece sobre todo en instrucciones, avisos y situaciones formales. Son expresiones válidas, pero no sirven como fórmula automática para acompañar cualquier solicitud cotidiana.
En lugar de buscar una equivalencia exacta, conviene fijarse en cómo se construye la frase. En danés, una petición puede comenzar con må jeg bede om, una fórmula que se aproxima a «¿me podría dar…?» o «quisiera…». En sueco y en otras lenguas de la región, el agradecimiento también puede integrarse en la propia petición o aparecer inmediatamente después. El resultado puede sonar más directo a un visitante acostumbrado a suavizar cada solicitud con una expresión de cortesía. Sin embargo, la intención no es necesariamente menos amable.
El agradecimiento ocupa un lugar importante
Una de las palabras más útiles para quien viaja por Escandinavia es precisamente la que significa «gracias». En danés se dice tak; en noruego, takk; en sueco, tack; y en islandés, takk. En finés, la expresión habitual es kiitos.
Estas coincidencias no implican que todos los países compartan exactamente las mismas normas sociales, pero muestran que agradecer constituye un recurso fundamental en las interacciones cotidianas. En determinados contextos, una petición formulada de manera sencilla y acompañada de un agradecimiento puede resultar completamente natural.
También importa la construcción de la frase, la entonación y la situación. No se habla igual con un amigo que con un desconocido, ni se formula una solicitud urgente del mismo modo que una petición rutinaria en una tienda. La cortesía se transmite mediante un conjunto de señales, no exclusivamente a través de una palabra concreta.
Por eso, interpretar la comunicación nórdica desde las reglas del español puede conducir a conclusiones equivocadas. Una frase breve no tiene por qué ser brusca, del mismo modo que una expresión muy elaborada no garantiza que suene sincera.
Parte de la explicación puede encontrarse en las normas sociales. En Dinamarca, por ejemplo, la comunicación cotidiana suele ser bastante directa y no se considera imprescindible añadir fórmulas ceremoniosas a cada petición. Decir simplemente qué se necesita puede ser perfectamente aceptable, siempre que el tono y el contexto sean adecuados.
Qué debe hacer un viajero para no parecer maleducado
Para quien visita estos países, la mejor estrategia no consiste en eliminar las expresiones amables, sino en observar cómo se utilizan localmente. En una cafetería danesa, añadir tak al pedir una bebida es una opción sencilla y natural. En Suecia, tack resulta igualmente útil, aunque su función concreta dependerá de la frase.
También conviene recurrir a peticiones formuladas como preguntas o expresar con claridad lo que se desea, sin asumir que una frase breve es una orden. La sonrisa, la entonación y el agradecimiento al terminar la interacción pueden contribuir a transmitir una actitud respetuosa.
Hay, además, una precisión importante: Finlandia forma parte de los países nórdicos, pero no de Escandinavia en el sentido geográfico y lingüístico más estricto. El finés pertenece a la familia urálica, mientras que el danés, el sueco y el noruego son lenguas germánicas; el islandés también pertenece a este último grupo. Agruparlas todas bajo una única regla sería, por tanto, simplificar en exceso realidades diferentes.
La cortesía, por tanto, no tiene una fórmula universal. En España, decir «por favor» suele ser una manera habitual de suavizar una petición; en algunos contextos nórdicos, esa misma función se reparte entre otras palabras y convenciones. Lo que a un visitante puede parecerle frialdad es, en ocasiones, simplemente una forma distinta de comunicarse. Antes de juzgar los modales de una sociedad por las palabras que utiliza, merece la pena aprender a reconocer cómo expresa el respeto.


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