«Llevo 27 años en el campo y nunca había vivido una situación tan mala»
En la calle Génova, una columna de tractores acapara la calzada con numerosos agricultores llegados de distintas comarcas de Madrid. Entre ellos Álvaro Gavilanes. Tiene 45 años y lleva 27 dedicado a la agricultura. Trabaja junto a sus dos hermanos en una explotación de secano en Brunete, donde se dedican al cultivo del trigo, la cebada y la avena. Durante los últimos años han sobrevivido a sequías, malas cosechas y años en los que apenas había beneficios, pero asegura que nunca había visto una situación como la actual. «Yo llevo en esto 27 años y es la peor situación con diferencia», lamenta mientras comparte con sus compañeros una tortilla de patata. No hay más que levantar la vista para ver la concentración de personas en la Plaza de Colón poco antes de darse media vuelta a sus respectivos municipios al desconvocarse la protesta prevista por el accidente ferroviario. Álvaro Gavilanes volvió a subirse a un tractor para recorrer las carreteras madrileñas y participar en una nueva protesta del campo. Era la tercera vez que acudía a una manifestación en Madrid. Y no ocultaba su desesperación: «Tengo 45 años y llevo luchando por esto muchos años y veo que se va a ir al traste». Desde Brunete, además, habían salido nueve tractores que se incorporaron a la columna.
Los agricultores no ocultaban las dificultades para vivir de un sector con un encarecimiento del gasóleo, los fertilizantes y las semillas, unido a los bajos precios por sus cosechas y a unos márgenes cada vez menores. «Nos han subido tantísimo los insumos que estamos ahora mismo ya trabajando a pérdidas», explica Gavilanes. El agricultor madrileño echa cuentas de la deriva de la situación: el gasóleo agrícola costaba unos 65 céntimos por litro en 2020 y subió a 85 céntimos en 2021. Pero el encarecimiento no afecta únicamente al combustible. «Muchos son derivados del petróleo, como puede ser los nitrogenados o fertilizantes», señala. En concreto, asegura que el nitrato que utilizaban en sus explotaciones ha pasado de 250 euros por tonelada en 2020 a unos 650 euros en la actualidad.
«Si de por sí ya es un negocio de un margen mínimo, hay que mover muchas hectáreas para poder subsistir». Y en este momento «se ha cerrado tanto el margen que ya es imposible sobrevivir».
A las dificultades económicas se suman los efectos de las malas campañas. Gavilanes recuerda la sequía de 2023 y 2024, dos años especialmente complicados para los agricultores de secano. Las mejores cosechas posteriores tampoco han servido para recuperar las pérdidas acumuladas. «Llevábamos dos años muy malos, entonces las poquitas ganancias se las comió». Por eso teme que el nuevo incremento de los costes termine por hacer inviables muchas explotaciones familiares.
En el otro extremo, en la calle Goya, también cundía el desconcierto entre los agricultores que habían acudido al centro de Madrid a protestar contra el Gobierno y se vieron sorprendidos por la dramática noticia del accidente ferroviario.
Era el caso de José Ignacio Revuelta Benito, agricultor de Ciempozuelos, que llegó a Madrid con la columna procedente de la zona de Arganda y Las Vegas. Trabaja unas 100 hectáreas de regadío y otras 200 de secano, y en los últimos años se ha dedicado principalmente al cereal. «No da para vivir de la agricultura. Vamos muy, muy ajustados», lamenta. Su principal queja es que los agricultores no tienen capacidad para fijar los precios de lo que producen, mientras deben asumir los que les imponen sus proveedores. «Si a mí me ponen el precio en todo y yo a lo mío también me lo ponen, pues voy mal», explica. Y pone como ejemplo el maíz. Mientras el combustible y la electricidad se encarecen, asegura que está vendiendo su cosecha más barata que hace dos años. «Pues no me sale la cuenta. Ni a mí ni a nadie».
Revuelta también critica las condiciones de competencia con las producciones procedentes de terceros países y expresa su rechazo al acuerdo con Mercosur y a determinadas exigencias medioambientales. Pero junto al enfado aparece el cansancio de quienes llevan años manifestándose sin apreciar cambios suficientes. «Mucha gente no viene porque ya estamos también aburridos, pues esto no vale para nada», lamenta.
Ivana Martínez, técnica de la organización agraria COAG en Madrid, lleva 30 años trabajando con los agricultores. Conoce de cerca las dificultades de las explotaciones madrileñas y advierte de que el encarecimiento de los costes está llevando a algunos productores a replantearse su actividad. «Llenar el depósito de un tractor, que son 300 litros, hace un año costaba unos 210 euros y ahora cuesta 486», explica. A esa factura hay que sumar el precio de las semillas, los fertilizantes y los productos fitosanitarios. «Hay muchos agricultores que se están pensando si les sale rentable salir a sembrar y a cultivar las tierras», advierte.
Martínez insiste en que las ayudas puntuales no son suficientes para garantizar el futuro del sector. «Lo que necesitamos son reformas estructurales». Entre ellas cita un gasóleo agrícola profesional, cambios en la tributación y reducciones fiscales que tengan en cuenta los costes reales de las explotaciones. También alerta de las consecuencias que podría tener el abandono de los cultivos. "Si el sector primario no cultiva, España dependerá cada vez más de los productos que lleguen de otros países sin exigencias de calidad".


© Rocío Ruiz


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