La Policía Nacional ha detenido en Valencia a un menor de 17 años como presunto responsable de crear los canales de comunicación denominados “Blocus Vlc”, en los que se instigaba a cometer saqueos y actos de pillaje en comercios de la ciudad. La detención, según ha informado la Jefatura Superior de Policía, se produjo ayer por la mañana, después de que los investigadores identificaran al joven como creador de dos grupos en aplicaciones de mensajería instantánea.
Hay heridas que nunca cicatrizan. Son aquellas que provocan la pérdida de seres queridos o las que permanecen eternas por las patologías físicas y psicológicas permanentes. Hay heridas que cicatrizan, pero duelen cuando se recuerdan los hechos que provocaron la pérdida de una casa no recuperada, el negocio perdido, la ruina económica o la esperanza de una vida mejor truncada. Y hay heridas que, aunque cerraron, siguen supurando la rabia de lo que se podía haber evitado aquel fatídico 29 de octubre de hace dos años, cuando una dana provocó la muerte de 233 personas, 2.000 heridos y centenares de miles de damnificados en la provincia de Valencia.
Estuve ayer en Paiporta, en Catarroja y en Massanassa. Tres municipios de la comarca de L'Horta Sud arrasados por la dana de hace dos años. Suelo moverme en moto, y eso me permitió recorrer con facilidad buena parte del barranco del Poyo, que parte en dos estas poblaciones. Por su cauce circuló la tromba de agua que acabó con la vida de 233 personas y dejó tras de sí miles de hogares destrozados y una enorme población damnificada. Sería injusto, sin embargo, reducir el recuerdo de aquella jornada al barranco del Poyo. El Magre, afluente del Xúquer, también sembró la muerte y el dolor en La Ribera Alta aquel fatídico 29 de octubre de 2024, en poblaciones como Algemesí, Guadassuar o l'Alcúdia. Hoy se cumplen dos años de una catástrofe que sigue bajo investigación judicial, con Salomé Pradas y Emilio Argüeso como imputados, y sobre la que permanecen abiertas demasiadas preguntas. Una tragedia que continúa muy presente en la memoria de centenares de miles de valencianos que, directa o indirectamente, vieron cómo el agua acababa con la vida de sus seres queridos o arrasaba sus hogares.