El siniestro de Urda se cobra la vida de Antonio Vázquez, apoderado de Pablo Aguado y referente de la trastienda taurina
La confirmación del fallecimiento de Antonio Vázquez Ruano (1951 - 2026) pone el término más doloroso a las horas de incertidumbre vividas desde el grave accidente ferroviario de Urda. La localización de sus restos en el vagón número 8 del tren de Iryo —uno de los tramos que sufrió mayor devastación tras el impacto con el convoy de Renfe— ratifica el fatal desenlace para el veterano apoderado y veedor, cuya pérdida deja un hondo pesar en el panorama taurino.
El hallazgo se produce tras una jornada de confusión informativa y listas de emergencias contradictorias. Esas imprecisiones llevaron a su hermano, el matador Curro Vázquez, y a su hijo, Fran Vázquez, a desplazarse de urgencia al Hospital Universitario de Toledo con la esperanza de encontrarlo con vida. Tras el desmentido del centro médico y la petición de cautela de la familia ante el caos inicial, los trabajos de desescombro en la vía confirmaron el fallecimiento. El accidente sorprendió a Antonio en pleno viaje de trabajo hacia tierras andaluzas, donde tenía previsto visitar la ganadería de Núñez del Cuvillo para reseñar los encierros del próximo año.
Nacido en Linares pero de trayectoria y formación madrileñas, Antonio Vázquez inició su andadura en las plazas vistiendo el traje de luces. Su debut como novillero tuvo lugar en 1968 en la localidad de Pareja, pero una durísima cornada sufrida en el campo truncó su proyección, obligándole a afrontar una convalecencia de dos años. Aunque reapareció en julio de 1970 en el coso de Vista Alegre dentro de los festejos de La Oportunidad, la fortuna no le acompañó y su nombre terminó por apartarse de las combinaciones de los carteles.
Aquella retirada prematura encauzó su vocación hacia el campo bravo y la gestión. Marcado por la exigencia de la profesión y los percances que jalonaron la carrera de su hermano Curro, Antonio desarrolló una acusada capacidad de observación para juzgar el comportamiento de las reses en la dehesa. Su criterio para analizar el trapío y las hechuras lo convirtió en un veedor de referencia para las figuras, apoyado en una célebre libreta de anotaciones que utilizaba en sus visitas a las dehesas.
En su faceta de apoderado se mantuvo siempre fiel a un estilo sobrio, independiente y centrado en el valor del compromiso verbal. En los últimos tiempos compartía las labores de despacho con su hijo Fran, asumiendo la gestión de la carrera de Pablo Aguado. Antonio acogió al diestro sevillano desde su etapa de novillero sin caballos, guiando sus pasos hasta su irrupción en los grandes escenarios, entre los que destacaron actuaciones como la tarde de El Puerto de Santa María o la rotunda consagración con la Puerta del Príncipe en La Maestranza.
La marcha deAntonio Vázquez priva al sector de un profesional caracterizado por la seriedad en los despachos, el conocimiento del campo y una cercanía exenta de ostentación. Su figura quedará ligada al recuerdo de una manera clásica de entender la profesión, ejerciendo de sostén y guía silencioso de sus representados tanto dentro como fuera de la plaza.


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