El segundo aniversario de la dana está marcado este jueves por otra tragedia, esta vez en Toledo. Las instituciones valencianas, así como numerosos pueblos afectados, tenían programados sus respectivos minutos de silencio, homenajes y marchas en recuerdo de las 233 víctimas mortales que dejó la riada.
En el caso del minuto convocado por la Generalitat Valenciana a las puertas del Palau -al que también se ha sumado la Diputación provincial con su presidente, Vicente Mompó, y diputados- se ha hecho de manera conjunta por la dana y por el accidente ferroviario de Toledo, pese a que la tarde anterior ya se sumaron al convocado por el Ayuntamiento de Valencia en la fachada consistorial.
El Gobierno municipal también ha guardado este jueves otro minuto de silencio por la dana a las 12.00 horas, y previamente la alcaldesa se ha desplazado a la pedanía de Castellar-l’Oliveral -afectada por la dana- para hacer lo propio también allí junto a sus vecinos.
En otros municipios afectados también se ha recordado a las víctimas. Torrent lo ha hecho en silencio y con una ofrenda floral en el monumento conmemorativo de la rotonda del Mas del Jutge, uno de los espacios más castigados por las inundaciones. En el caso de Catarroja han sido tres los minutos de silencio, y también ha habido ofrenda floral.
Entre Cheste y Chiva, una marcha silenciosa ha partido desde el punto donde confluyen tres barrancos: el Poyo, el Grande y Cueva Morica. Esta ha estado encabezada por una pancarta con el lema «Nuestros familiares han muerto por vuestra incompetencia. Asesinos».
Paterna ha homenajeado a las víctimas preservando la Senyera con barro de Paiporta que el alcalde del municipio, Juan Antonio Sagredo, llevó al Senado días después de la dana como símbolo de unión y solidaridad del pueblo valenciano. Precisamente el Ayuntamiento de Paiporta ha realizado un minuto de silencio junto al monumento en homenaje a las víctimas, situado en Villa Amparo, donde recordaron que las pérdidas "siguen doliendo".
Todo ello en un día marcado por las imágenes del accidente de tren de Urda (Toledo), y la huelga de maquinistas, que ha provocado numerosas incidencias durante la jornada dejando intranquilos a los pasajeros.
En España últimamente parece que no ganamos para disgustos. Este martes se vivió en Toledo la segunda tragedia ferroviaria de un mismo año. La primera fue en Adamuz el 18 de enero. Y además un día después del accidente de Urda, en Valencia se conmemora este jueves el segundo aniversario tras la dana del 29 de octubre, que dejó 233 fallecidos y daños incalculables. A todo ello se suma, además, la huelga ferroviaria durante toda la jornada.
Los ánimos en las estaciones de alta velocidad del país no están por las nubes, y la estación Joaquín Sorolla de Valencia es buena prueba de ello, con rostros serios y voces bajas. Pero la vida sigue, y los pasajeros que tenían un billete para este día deben continuar su camino y subirse al tren. Siempre y cuando no se haya cancelado por la huelga, claro, como algunos que ya lucen así en los paneles informativos de la estación.
Es el caso de Pepi y Vicenta. Son primas hermanas, valencianas, y en la mañana de este jueves se dirigen hacia Galicia para darle una sorpresa a la hermana de una de ellas. Son de las pocas personas que permanecen en la estación Joaquín Sorolla de Valencia en torno a las 11.30 horas. En una conversación con este periódico, aseguran que lo ocurrido no les frena, aunque "no tiene ni pies ni cabeza".
Sobre el accidente de Urda, creen que "no podemos pensar que nos va a pasar algo a nosotras porque entonces no saldríamos de casa". "Yo ni pienso en lo que pasó ayer, porque no tiene ni pies ni cabeza, es una sin razón", añade Pepi.
Ellas se encuentran esperando a su tren, primero con destino Madrid para después subirse a otro tren en dirección Galicia. Una vez descartado el miedo por los accidentes recientes, sí que miran con recelo las pantallas que indican los trenes con retraso o cancelados por la huelga. "Hemos visto que no nos afecta, que también es muy importante", apuntan.
Han tenido suerte, porque las incidencias en el servicio de Renfe por la huelga de maquinistas sí que afectan a las conexiones Madrid-Valencia y Castellón-Madrid, así como servicios con origen o destino en Alicante, con la supresión de un 22% de los trenes de alta velocidad y un 20% de Euromed.
Renfe ha informado de que se registran cancelaciones y supresiones de servicios mínimos por la huelga, y en los servicios comerciales -AVE, Avlo, Alvia, Euromed e Intercity- se ha registrado un 12,5% de supresiones en los servicios mínimos: 6 de las 48 circulaciones programadas.
Con algo más de incertidumbre se encuentran José y Pilar en las estación. Ellos, también valencianos, tienen un viaje de turismo a Zamora. Para llegar a su destino primero deben coger un AVE hasta Madrid, y después enlazar con otro tren que les lleva hasta su lugar de vacaciones. Pero no saben si la huelga se lo permitirá.
"Todavía no está confirmado si se ha cancelado o no. Hemos preguntado pero tampoco lo saben", explican. Y añaden: "Nos han dicho que podemos cancelar o cambiar el billete pero claro, el precio sería más alto y me han dicho que igual luego lo podría reclamar". Lamenta que nadie les dé una solución firme.
A estos interrogantes por la huelga se suma, además, su miedo a coger un tren tras el reciente accidente de Toledo: "No existe la seguridad que teníamos antes. Íbamos más tranquilos y ahora ves que la seguridad falla".
Subraya José que, a su parecer, lo ocurrido "es un desastre total", algo "bestial" que no entiende cómo puede ocurrir en un país "desarrollado": "Parece tercermundista", añade.
Afecciones
La circulación de la línea de alta velocidad entre Madrid y Levante se encuentra afectada este jueves por retrasos debido a una incidencia técnica en el pantógrafo y la catenaria entre Valdemoro (Madrid) y Villarrubia de Santiago (Toledo), según ha informado Adif en su cuenta de la red social X.
La catenaria es el cable eléctrico aéreo fijo que transmite la energía a lo largo de las vías, mientras que el pantógrafo es el brazo mecánico móvil instalado en el techo del tren para recoger esa electricidad.
Según ha informado Renfe también en X, el origen de la incidencia es una avería de un tren Ouigo que afecta al suministro eléctrico.
Como consecuencia, la circulación por la vía I entre Valdemoro y Villarrubia de Santiago se encuentra interrumpida.
Palmira Cortina, a sus 56 años, se ha reinventado. Esta mujer paiportina afectada por la dana se vio obligada a dar un nuevo rumbo a su vida tras perder el negocio en el que había trabajado desde siempre, el horno Hermanos Cortina. Asegura que incluso Juan Roig se ofreció a ayudarla para reabrirlo, pero ella prefirió pedirle trabajo: "Me dijo que si yo era trabajadora, trabajo con él no me iba a faltar". Y así ha sido.
Cuando la riada arrasó el local en el que había invertido la mayor parte de su vida, Palmira no supo qué hacer. Lo veía todo negro. A falta de unos pocos años para jubilarse, se veía sin trabajo y sin fuerzas de reabrir su horno. Dos años después, puede decir que es "una gran afortunada": ha cambiado de trabajo, tiene contrato a jornada completa e indefinido desde el minuto cero. Es feliz.
Han sido dos años duros. Palmira recuerda cómo el 29 de octubre el agua le pilló trabajando en el horno. "Fue todo muy rápido, en 20 minutos nos inundamos", lamenta. Para ella, lo peor fue al día siguiente: "Cuando bajamos y vimos la realidad, lo habíamos perdido todo". Por suerte ninguna vida, aunque destaca que "solo alrededor del horno murieron doce personas".
Hay momentos que, confiesa, todavía se repiten en su cabeza. "Estar oyendo gritos de ayuda, de personas que decían que se ahogaban, y después escuchar el silencio fue terrible", recuerda. Y añade: "Esas cosas no se olvidan, y conforme pasa el tiempo te acuerdas más".
Todavía tiene su local. Vacío, limpio y sin actividad tras la dana. Pero Palmira ya se ve con fuerzas para reactivarlo. No será ella quien lo regente, sino que lo alquilará para volver a dar vida al espacio.
Ella no se veía con fuerzas. "Por la edad, por el dinero que hacía falta y porque mi hijo no iba a querer continuar después", reconoce. No fue por falta de ayuda, ya que como destaca Palmira, World Central Kitchen "se ofrecieron a montar el horno si queríamos". "Cáritas también dijo que había dinero para reabrir", añade.
Después llegó Juan Roig. Y como subraya Palmira, ella sintió que le había "tocado la lotería". "Él venía mucho por Paiporta y yo le pedí trabajo", relata. Asegura que él mismo le instó a que reabriera su negocio, incluso que fabricase para él, pero ella se negó y le pidió trabajo. No quería volver a su horno. De hecho, confiesa que cada vez que entra en su local llora.
Cuando abrió la bolsa de trabajo para el Roig Arena aplicó, y ahora lleva más de un año en la cocina. Se siente una completa afortunada, y aunque al principio le dio vértigo el cambio, se ha sabido adaptar a su nueva vida profesional. "Yo solo sabía hacer pan, y llegué a un sitio totalmente diferente. He pasado de ser autónoma a trabajar para otro", explica.
Precisamente por esta decisión de no reabrir su negocio es que se quedó sin ayudas económicas de la administración, con quienes Palmira es bastante crítica. Defiende que no se trata de ideales políticos, y para ella ninguna institución ha estado a la altura. "No se hizo nada. Desde mi punto de vista, lo público no funciona", denuncia.
Argumenta estas palabras con su vivencia personal: "Por tener seguro no nos ha correspondido ninguna ayuda pública, dicen que con lo que hemos cobrado de él tenemos bastante". Y añade: "También nos negaron los 5.000 euros de autónomo por cerrar el negocio, y para que nos diesen el paro de autónomo tuvimos que justificar lo injustificable".
"No puede ser que el dinero privado llegue enseguida y lo público no funcione". Así, Palmira se acuerda de la ayuda prestada por World Central Kitchen, Juan Roig y Amancio Ortega, entre otros. "Nos dieron de comer y nos animaban a reabrir", recuerda.
Esos días, semanas, en los que pasaron "hambre y miseria" ya quedaron atrás, pero Palmira tiene muy presente todavía lo que vivió aquel 29 de octubre de 2024 y todo lo que vino después. Cada vez que llueve, confiesa, es "una psicosis".
Recuerda cómo en uno de los recientes episodios de lluvia que ha vivido la Comunitat Valenciana, la dana Adam, los primeros rayos y truenos del sábado por la noche la sorprendieron cenando en casa de unos amigos. Era a apenas 200 metros de su propia casa, pero sintió la necesidad de recoger e irse.
Tampoco le ayudan las alertas. Ni el Es-Alert ni las sirenas que han instalado en los municipios de l'Horta Sud para avisar de posibles peligros. "Parece que estemos en la Segunda Guerra Mundial. Es horroroso vivir aquí", exclama.
Sobre todo, Palmira confiesa no entender por qué se instalan estas sirenas "que son necesarias", pero al mismo tiempo existen otros aspectos igualmente importantes que no se han abordado. Se refiere a las alcantarillas: "Que levanten las calles y arreglen el alcantarillado, que aún no lo han hecho".
"Hay calles sin luz, hemos estado con apagones durante más de un año, el día de Navidad no tuvimos luz y en la noche de Reyes tampoco", lamenta. Y añade: "Se gastan el dinero en tirar el puente viejo cuando hay otras cosas que arreglar".
Denuncia que, dos años después de la dana, en Paiporta "no tenemos auditorio, ni polideportivo, ni piscina. Han pasado dos años y están ahora empezando a levantar las calles para arreglar las alcantarillas". Ya se dijo que la reconstrucción tras la dana sería lenta y costosa y Palmira, habiendo dado un giro radical a su vida, da fe de ello.
Estrés, ansiedad, depresión. La tragedia de la dana trastocó la vida de miles de valencianos que se vieron afectados por la riada del 29 de octubre de 2024, un episodio que causó 233 muertos y unos daños incalculables.
El agua llegó de noche, hacía frío y humedad. Los vecinos de l'Horta Sud vieron cómo poco a poco el agua llegaba a las puertas de sus casas, se colaba en su interior y arrasaba con toda una vida. El ver cómo de la noche a la mañana su vida habitual se había esfumado hizo que muchos se vieran afectados también a nivel psicológico y precisasen de ayuda. Dos años después, algunos todavía la necesitan.
La Conselleria de Sanidad ha facilitado a LA RAZÓN los datos de la evolución de la atención sanitaria en la zona cero de la dana (l'Horta Sud) hasta septiembre de 2026. Sobre ellos, desde el departamento de la Generalitat aseguran que dos años después de la tragedia, los datos "muestran una evolución favorable de la salud mental en las zonas más afectadas".
Así, explican que "disminuye significativamente el número de pacientes atendidos por estrés, ansiedad y depresión -los principales grupos diagnósticos asociados a las catástrofes-, mientras los recursos profesionales se han incrementado un 47%".
Pero esta conclusión no significa que tras la dana no se incrementasen las atenciones por salud mental. De hecho sí que lo hicieron, y mucho, ya que las inundaciones afectaron a numerosos municipios y "la pérdida de familiares, viviendas, bienes materiales y la alteración de las condiciones de vida suponen importantes factores de riesgo para la salud mental".
Para comparar los datos hace falta conocer primero los previos al 29 de octubre de 2024. Durante los primeros nueve meses de ese año, los servicios públicos de salud atendieron en la zona cero a 360 personas por estrés, a 7.454 por depresión y a 9.253 por ansiedad. En total fueron 17.067 atenciones.
Cabe destacar, antes de continuar, que los datos no contabilizan el número de pacientes sino de servicios prestados. Y como apuntan desde la Conselleria, una misma persona pudo ser atendida en más de un aspecto.
En cualquier caso, el aumento de casos es más que notable. Entre enero y septiembre de 2025 se registró una crecida en el número de pacientes atendidos respecto al mismo periodo de 2024. En total se pasó de los 17.067 previos a la dana a los 18.403, con un aumento total de 1.336 casos en la zona cero.
Aquí el incremento más llamativo es el de los pacientes atendidos por estrés, donde se registró un incremento del 163,3% de casos. Antes de la dana, en nueve meses se atendió a 360 personas, y en el mismo periodo del año siguiente fueron más del doble: 948.
Por depresión y ansiedad también consta un incremento de casos, pero en bastante menor medida. En concreto, 7.817 pacientes necesitaron ayuda por depresión (aumentaron un 4,9%) y 9.638 por ansiedad (un 4,2% más).
Tras este repunte de casos durante el año posterior a la dana, entre enero y septiembre de 2026 volvieron a descender significativamente, aunque los casos por estrés todavía son superiores a los registrados antes del 29 de octubre. En concreto son 640 -han descendido un 32,5%-, pero igualmente contrasta con los 360 registrados en los primeros nueve meses de 2024.
En cuanto a depresión, este año se han contabilizado 7.332 pacientes, con un descenso del 6,2%. Y de ansiedad han descendido un 8,4% los casos, y este año son 8.824 pacientes.
La psicóloga Noelia Marina, contratada -como sus otros once compañeros- por el Colegio Oficial de Psicología de la Comunitat Valenciana (COPCV) y que trabaja en diferentes ayuntamientos de poblaciones afectadas por la dana, asegura que la demanda de atención por parte de la población "ha sido fluctuante": "No sé si diría que ha bajado. Cuando ocurre algo vuelve a aumentar la demanda por parte de la población y también de los agentes municipales".
El perfil de paciente "es muy variado". Asegura Marina que va desde niños hasta personas incluso de 92 años. Ella, en concreto, trata a adultos. "He atendido a muchas personas en edad de trabajar que aún hoy en día están de baja por los síntomas de ansiedad y depresión", explica. En el caso de los más mayores, apunta la psicóloga que "sobre todo tienen miedo de volver a sus casas y dormir solos por la noche". En general, explica que los pacientes tienen síntomas "de malestar, de sensación de injusticia, de abandono, de bronca y de impotencia", entre otros.
La presencia profesionales en la zona cero aumentó tras la tragedia. Desde la Conselleria de Sanidad explican que las plantillas de salud mental de los departamentos de La Fe, Hospital General y Doctor Peset "se han reforzado considerablemente respecto a la situación anterior a la dana". Se trata de un incremento de 88 profesionales, un 47% más, para pasar de los 186 previos a la tragedia a los 274 posteriores. Respecto a las áreas de especialización de las 88 nuevas incorporaciones, esta se desglosa en 22 psiquiatras, 46 psicólogos y 20 profesionales de enfermería de salud mental más.
Una de ellas es la psicóloga clínica Ana Sabater, del Hospital La Fe, que prácticamente desde el día después de la dana pisó la zona cero para atender a los afectados. "Fuimos cuatro psicólogas y dos psiquiatras, pero durante los primeros días no vino mucha gente porque no podían acceder", relata. Así, optaron por atender a quienes se encontraban en la calle.
Sabater estuvo más de un año atendiendo de manera voluntaria a pacientes de la zona cero, tanto individualmente como en grupos. "Yo llevé uno de duelo con familiares de fallecidos y otro de personas con trauma o estrés postraumático", recuerda. Entre los problemas que presentaban, destaca "cuadros de ansiedad, insomnio, disociación y shock".