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En el caso del escritor acusado de usar IA, lo importante no es si usó la IA

30 October 2026 at 08:39

En el caso del escritor acusado de usar IA, lo importante no es si usó la IA

El peruano David Silva Rojas niega haber escrito su novela ganadora del premio Almadía Ventosa-Arrufat con apoyo de la inteligencia artificial (aunque lo diga Pangram), así que la cuestión se desplaza a si es más confiable el detector tecnológico o el humano

El Goncourt retira como finalista una novela que considera “muy probablemente” generada con IA

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¿Podemos seguir confiando en nuestra intuición? Hasta de eso estamos dudando. Un premio de nueva creación está en suspenso a la espera de que el galardonado aporte pruebas que confirmen la autoría del manuscrito.

La historia la detonó El País, que pasó el detector de IA Pangram a la novela breve Donde el agua trabaja, del escritor peruano David Silva Rojas, con la que consiguió los 20.000 euros del premio Almadía Ventosa-Arrufat, creado por una alianza entre la fundación que gestiona el legado de un matrimonio de hosteleros catalanes exiliados a México y la editorial Almadía de ese mismo país, que tiene 20 años de buen catálogo y una oficina recién abierta en España. La editorial canceló las presentaciones del libro previstas para los días siguientes.

Al jurado del premio podemos calificarle de lo que se suele denominar como, esta vez sí, reconocido prestigio; palabras mayores, de lo mejor de la literatura latinoamericana. Las escritoras Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda escogieron Donde el agua trabaja entre 2.204 manuscritos procedentes de 22 países y cuatro continentes. Se quedaron finalistas Camila de Urioste, Ivo Marinich y Félix Bruzzone, tres autores con obra. Para Silva Rojas, en cambio, esta sería su primera publicación. De profesión abogado, acababa de obtener una mención en otro concurso con otra novela corta este mismo año.

En la nota del fallo, el pasado mes de julio, las escritoras definieron el lenguaje de la novela como “sutil”, formado por “oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas, sin caer nunca en la tentación del panfleto ni la declamación”.

Durante la investigación, no solo se pasó Pangram al libro, sino también a las respuestas del autor a una entrevista y a un texto de Silva Rojas sobre su novela, y el resultado apuntaló la teoría de la IA. Elizabeth Duval, una de las firmantes, decía que incluso los pies de foto de los post de Instagram del autor repiten “los tics” de la IA.

La sospecha la levantó una intuición de Duval. Pero esa intuición no apareció en las escritoras del jurado ni en los editores, cuyo “rigor” y “meticulosidad” han sido defendidos en una carta firmada por Mariana Enríquez, Juan Villoro o Liliana Colanzi, entre otros. “Nuestra mirada reúne experiencia, sensibilidad e interpretación”, dijeron de la editorial, que recibió la situación con “desconcierto” y pidió explicaciones al autor. Este dijo que no había usado IA y Almadía aseguró no tener “elementos para desconfiar de su palabra”.

La sospecha de la IA ha causado una reacción furibunda en América Latina, desde donde se han lanzado muchísimos mensajes que colocan el artículo de El País en una situación de ‘Europa blanca y colonial acusa con las herramientas de la industria tecnológica blanca y colonial’.

En algún lugar entre la fe furibunda en la máquina y el ataque ideológico furibundo podemos situar la pregunta (puede que furibunda también) del inicio de este texto, una pregunta que se hace más urgente e importante que la de si Silva Rojas usó IA o no : ¿vamos a seguir confiando en nuestra intuición o vamos a subcontratarla también a la tecnología?

A esta pregunta le sigue otra tal vez mucho más osada: ¿durante cuánto tiempo más vamos a seguir pensando que nuestra intuición e inteligencia están por delante de la máquina? Igual nos hemos quedado tan atrás en la carrera que creemos que vamos por delante porque ya no vemos a nuestro rival delante de nosotros.

Yo quiero seguir creyendo en mi intuición —que es inasible, indefinible, inconvertible en un prompt, olorosa, táctil— para detectar la buena escritura, la chispa que me revuelve, el aliento que me estremece. Pero soy una unidad de carbono, neuronas en desaparición, carne en descomposición, y quizás cada día menos fiable.

Y tengo, sí, una intuición: quizá, en la creación artística que se viene nos conquiste más lo mal hecho, lo sucio y lo imperfecto que la belleza cristalina que nos propone la perfección pulida de la máquina.

La reflexión de Anthony Hopkins, actor estadounidense, sobre hacerse mayor: “Según envejeces, sabes menos cosas. Cuando era joven sabía de todo. ¿Pero ahora? Nada”

30 October 2026 at 06:30
(REUTERS/Mike Blake)

Es uno de los actores más reconocidos de Hollywood, fue alcohólico durante décadas, es experto en Shakespeare -ha participado en más de una decena de obras y adaptaciones del dramaturgo- y compositor de bandas sonoras. No hay intérprete como Anthony Hopkins (Margam, Gales, 1937). El hombre que aterrorizó al mundo como Hannibal Lecter en El silencio de los corderos, que ha ganado dos premios Oscar y que lleva más de seis décadas poniéndose en la piel de otros, empezó su carrera en la actuación porque se hartó de que le llamaran “estúpido” debido a su dislexia. “Algo en mi naturaleza me pedía estar aislado. Pero sí tenía un lado creativo y a los 17 años decidí que estaba harto de que me llamaran estúpido. Me dije: “Voy a hacer algo. No sé cómo, pero voy a ser actor”, le contó a El País hace tres años.

Aquel adolescente terminó estudiando en el Cardiff’s Royal Welsh College of Music & Drama y más tarde, tras el servicio militar, ingresó en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art de Londres, de la que se graduó con medalla de plata en 1963. Después llegarían el teatro, la compañía del National Theatre dirigida por el actor y director Laurence Olivier y, finalmente, una carrera cinematográfica que lo convertiría en uno de los mejores actores de la industria.

La paz de no tener respuestas

“Cuando era un actor joven era muy intenso y ambicioso”, reconoció en la misma entrevista. Una forma de enfrentarse a su profesión —y a la vida— que, según Hopkins, se ha ido diluyendo con la edad. “Al envejecer te das cuenta de que no es para tanto”. ¿Le daba poder hacerse mayor? ¿Acumular lo vivido y lo experimentado? “Lo que te da es una sensación de paz. Creo que según envejeces sabes menos cosas. Cuando era joven sabía de todo. ¿Pero ahora? Nada”, afirmó. “Intuyo que no entender nada es parte del final de la vida. (...) Me fascina porque nadie puede explicar qué es el tiempo. Simplemente, no tiene sentido y me hace dudar de todo. En fin, solo soy un actor y no sé nada de nada. “Apenas puedo salir de la cama cada mañana”, añadió.

Esa incertidumbre parece haber sustituido también algunas de las expectativas que tuvo durante su juventud. “No me he puesto objetivos, de hecho, procuro depurar mi mente de cualquier deseo. Es mejor no esperar nada. No pidas nada, no esperes nada y acepta todo. Ese es mi lema”, puntualizó, para añadir que “el miedo no es un buen acompañante”.

Y por eso sin miedo a nada, este pasado agosto publicó Life Is a Dream, su primer álbum de música clásica, una colección de doce composiciones escritas a lo largo de más de seis décadas e interpretadas por la Philharmonia Orchestra bajo la dirección del venezolano Gustavo Dudamel. “La música fue mi primer deseo, mi primer anhelo. He estado componiendo toda mi vida”, explicó Hopkins con motivo del lanzamiento. Las piezas recorren recuerdos de su infancia en Gales, su familia y algunas de las experiencias que lo han acompañado durante toda su vida.

Manuel Galán, alcalde de Urda: "Llegará el momento en el que nos pegue el bajón y habrá que soportarlo"

30 October 2026 at 04:00

De la misma manera que en enero le tocó a Rafael Moreno, alcalde de la localidad cordobesa de Adamuz, en esta ocasión es Manuel Galán, regidor de la modesta Urda, quien se ha visto obligado a dar un paso al frente para gestionar y ayudar en lo posible a las víctimas del accidente de tren que deja al menos 69 muertos y decenas de heridos. En medio de una labor incansable, Galán atiende a 20minutos.

La incertidumbre consume a las familias de los desaparecidos: "El tiempo ya va haciendo mella"

30 October 2026 at 04:00

Padres, madres, hermanos, hijas, parejas... decenas de familiares viven en vilo a la espera de noticias sobre sus seres queridos, que iban a bordo de alguno de los dos trenes que colisionaron cerca de Urda (Toledo) en uno de los mayores accidentes ferroviarios de las últimas décadas. Desde la mañana del miércoles, la incertidumbre les consume y, aunque alguno no ha terminado de perder la esperanza, saben todos que a cada minuto que pasa, las probabilidades de que finalmente el desenlace sea el peor de los posibles aumentan. Manuel San Emeterio lleva desde ayer buscando a su hermano Pepe, desaparecido tras el siniestro. Entra y sale del centro habilitado para atender e informar a los familiares en la Casa de ejercicios El Buen Pastor, en Toledo, donde también ha echado la noche mientras van llegando los resultados de las pruebas de ADN recogidas por la Guardia Civil en la zona cero, a poco más de 70 kilómetros de ahí.

"Iba en el vagón 8, detrás de la máquina. Estoy a la espera de noticias, porque mi hermano cuenta como desaparecido, igual que un montón de gente, y lo que estamos esperando es que la Guardia Civil coteje los ADN que les dimos anoche con los que tienen en los hospitales y de entre los fallecidos… y nos digan: 'Oye, tu hermano está aquí o allí'", cuenta a 20minutos.

Cuenta San Emeterio que averiguó que su hermano había sufrido un accidente por su reloj inteligente, que tiene guardado a su hermano como contacto de emergencia. "A mí a las 9.05 de la mañana me llegó una alerta de mi hermano. Lo miré y pensé: 'Pepe se habrá caído o algo por el estilo', pero luego miré y estaba en medio del campo", relata ya a varios medios. Fue entonces cuando se empezó a inquietar, sobre todo cuando llamó a su hermana y le dijo que Pepe estaba en un tren a Sevilla, el mismo que aparecía ya en todas las televisiones completamente destruido y descarrilado por un terraplén.

Más de 24 horas después, sigue sin noticias de su hermano. "El tiempo al final va haciendo mella... y la incertidumbre, uf, es complicado llevarla, pero siempre hay que sumarle cierta ilusión y esperanza y con eso contrarrestar un poco", reconoce. Su hermana también espera junto a él y otros muchos familiares que salen a tomar el aire con la cara desencajada por el dolor. "Esto va a picos de esperanza y momentos en los que te vienes abajo. "Lo que estamos deseando es que nos llamen y que nos digan que mi hermano está en el hospital, que están operándolo, que está inconsciente y que por eso él no nos ha llamado... es la única esperanza que nos queda", dice Esther, que cuenta que sí encontraron vivo a Trece, el perro de su hermano que viajaba en el tren dentro de un transportín.

Como ellos, hay otras muchas personas rogando por una noticia de sus allegados. Las redes sociales se han llenado de imágenes, nombres y fotos de los desaparecidos, como David Martínez Méndez, de 25 años; Maricarmen, que iba en el coche 7, José Rico Ortega, que viajaba en el mismo vagón, Roberto Alfonso Delegado Andrade, Carmen de Santa Andrea Olmos, en el ocho... Los familiares aguardan desesperados cualquier noticia que les haga salir de la incertidumbre y poder seguir adelante. Todavía quedan por identificar al menos medio centenar de cuerpos, según la Guardia Civil, por lo que es muy probable es que todavía queden horas hasta que terminen de localizar a todos aquellos que, desde que subieron al tren, están en paradero desconocido.

"No nos han dicho cuándo será, ni deberían. Estamos hablando de personas y equivocarte en el dato de una persona puede ser devastador. Hay que dejar que la Guardia Civil esté tranquila y que haga las cosas bien hechas y que tenga sus medios, y estoy completamente seguro de que lo sacarán", señala Manuel.

El día después en Urda: del silencio en el pueblo a la vorágine de la zona cero del accidente

29 October 2026 at 21:30

El día después en Urda: del silencio en el pueblo a la vorágine de la zona cero del accidente

La localidad toledana trata de recuperar la normalidad mientras a unos kilómetros, un operativo de 900 personas trabaja para buscar posibles desaparecidos, recuperar la vía y recabar pruebas

Una avería técnica y una cadena de errores humanos provocaron el fatal accidente de Urda

“Esta mañana cuando me he levantado he dicho, ‘mira, hasta el tiempo llora’. Cuando he salido de casa solo había silencio, silencio, silencio”. Ana, una de las panaderas de Urda, la localidad más cercana al lugar donde se produjo el choque entre dos trenes que ha dejado por el momento 69 fallecidos, empezó a repartir este jueves el pan a sus vecinos bajo una espesa niebla. El miércoles no hubo reparto. En cuanto se enteró del accidente, cargó en su furgoneta las cinco cestas de pan que distribuye diariamente y las entregó en los bares del pueblo y en los dos pabellones dispuestos para recibir a heridos y familiares de las víctimas. 

Un día después, esta localidad de 2.500 habitantes ubicada a 70 kilómetros de Toledo trata de volver a la normalidad. Donde ayer todo era un ir y venir de ambulancias y vehículos de los equipos de emergencia hoy solo hay un “silencio tremendo”, dice Magdalena, que pasó todo el miércoles echando una mano donde se necesitaba. El pabellón del colegio donde se trasladó a los allegados de los pasajeros está cerrado a cal y canto. En una de las puertas todavía está pegado un cartel en el que puede leerse, en mayúsculas, la palabra ‘familias’. 

“Hay mucha tristeza en el pueblo, pienso mucho en la gente que estaba en los trenes y sus familiares. Eso es ya para toda la vida”, dice Ana antes de subirse a su furgoneta para seguir con el reparto de pan. Las calles de Urda están desiertas. Pasaría por un jueves normal si no fuera porque un centenar de periodistas esperan en la plaza donde está en Ayuntamiento la llegada del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que aprovechó la ocasión para cargar contra el Gobierno por “echar la culpa” del accidente a un operador del centro de control de Atocha. Más allá de la nube de periodistas, la visita del líder de la oposición apenas despierta la curiosidad de algunos vecinos. 

Alberto Núñez Feijóo, durante su comparecencia en Urda.
Alberto Núñez Feijóo, durante su comparecencia en Urda.

Mientras Feijóo atiende a los medios, una camioneta de la ONG World Central Kitchen (WCK), fundada por el chef José Andrés, carga víveres en uno de los supermercados del pueblo. Bricks de caldo de pollo, leche, bocadillos… Se dirige al Puesto de Mando Avanzado (PMA) ubicado a apenas ocho kilómetros, en el lugar del accidente. Allí un operativo de casi un millar de personas trabaja para retirar el amasijo de hierro en el que se han convertido los trenes, buscar restos biológicos de posibles víctimas y recabar las pruebas que nutrirán la investigación judicial que ya ha abierto un juzgado de Orgaz. 

En una llanura situada al borde de la carretera, la Guardia Civil y Protección Civil han instalado dos enormes carpas. También hay un vehículo del 112 de la Junta de Castilla-La Mancha. En la mañana de este jueves, el operativo de emergencia continúa plenamente desplegado en el punto del accidente ferroviario y las localidades colindantes, con más de 900 efectivos sobre el terreno.

El dispositivo cuenta con 422 agentes y 123 medios de la Guardia Civil —que incluye tres helicópteros, drones del Servicio Aéreo, Puesto de Mando Avanzado, Oficinas Móviles de Atención a la Ciudadanía, patrullas de caballería y guías caninos del Servicio Cinológico—, respaldados por 250 militares y 85 medios de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Completan la intervención 143 agentes y 26 vehículos de la Policía Nacional procedentes de las comisarías provinciales de Toledo y Ciudad Real, así como 102 miembros de Protección Civil dedicados a labores de apoyo y asistencia logística.

El día después en Urda.
El día después en Urda.

La agente Llanos Olivares, que ejerce tareas de portavocía, explica que parte del trabajo de la Guardia Civil está centrado en localizar restos biológicos en los trenes para tratar de localizar a las personas que aún continúan desaparecidas. Durante la mañana, el instituto armado despliega también un dispositivo aéreo contra drones intrusos al detectar “drones intrusos” sobrevolando los restos de los trenes sobre los que se está trabajando tanto en la búsqueda de pasajeros como en la investigación del siniestro.

En la zona, el ritmo es frenético. Agentes de la Guardia Civil, miembros de la UME y operarios de Renfe y Adif se acercan a la carpa instalada por WCK para coger algo de comer. Hay café, chocolate, bocadillos. Javier Sánchez, cocinero de la ONG, explica que están preparando comida para entre 700 y un millar de personas. “Nos iremos los últimos, cuando aquí no quede nadie. Nos reconforta poder ayudar dentro de nuestras posibilidades”, sostiene. 

En la zona también presta su ayuda la psicóloga Teresa Martín, especializada en la atención a los intervinientes en operativos de emergencias. Su labor es prestar asistencia psicológica a los agentes y técnicos que están participando en la búsqueda de desaparecidos. “El peso del uniforme no permite expresar emociones”, dice esta experta. Explica que, en estos momentos, su labor consiste en ayudarles con “pequeñas ventilaciones” para tratar de reducir el impacto del estrés acumulado y en darles pautas para cuando se retiren de la zona cero y sean conscientes de la “impactante” realidad vivida.

El día después en Urda.
El día después en Urda.
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