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María Velasco: "Se están denigrando y deshumanizando las infancias"

El filósofo Joan-Carles Mèlich sostiene que la infancia "es la patria de la incertidumbre"; y María Velasco la amplía señalando que también lo es "de la vulnerabilidad". Bien lo sabe ella, que vivió en primera persona una niñez no del todo ideal. Décadas después, de aquello "solo" quedan las cicatrices que le han hecho ser la persona y la autora del hoy. Pero no saca pecho por ello. Lo critica. Y clama por un futuro de infancias felices. ¿Utópico? Seguramente, pero está permitido soñarlo.

Con ese espíritu presenta la Premio Nacional de Literatura Dramática 2024 este 'Mantener fuera del alcance de los niños' (Teatro de la Abadía; de hoy al 22 de noviembre) en el que mezcla su historia con la 'Carrie' de Stephen King, la "performance" y el flamenco que la acompañó, de la mano de la comunidad gitana, en la clase de necesidades educativas especiales.

Lo primero que hace María Velasco cuando se le pregunta por su estreno es resoplar: "Uf". Toma aire. Y arranca: "Es una obra que me está poniendo patas arriba. Mis obras suelen ser muy transformadoras en el proceso y eso es una condición para que le suceda algo al público", expone la autora, directora e intérprete de esta pieza.

"Hasta los 16 años no fui feliz de verdad"

–¿Por qué volver a subirse a las tablas?

–Eso también hace especial a esta pieza. Volver a lo que hice en el pasado en algunas "performances", en Pradillo o en Réplika. Aunque desde 2016, en la Cuarta Pared, no hacía una obra como tal. Pero esta vez, según iba escribiendo, sentía que yo necesitaba "encuerparlo" porque es un testimonio de mi infancia. Se reproducen el aula y los baños de un centro escolar. Es como volver al lugar del crimen para sanarlo o sublimarlo. Es una especie de masoquismo el querer volver deliberadamente.

–¿Qué le sucedió en estos espacios?

–No es una obra sobre el "bullying". Nadie me lo hizo. Pero sí es una etapa de Primaria en la que estuve tres años en el aula de necesidades educativas especiales. Me sentí muy incomprendida, sola. También en Secundaria sentí una profunda soledad como niña, desamparada. Y eso sin ser una niña en riesgo de exclusión o con diagnósticos cada vez más complejos, como con los que convivía en clase.

–¿Por qué le llevaron a esa aula?

–Nunca tuve un diagnóstico. Luego uno trata de informarse sobre los síntomas y creo que tenía una ansiedad social muy fuerte; una persona altamente sensible (PAS). También creo que hoy sobrediagnostican a los niños. Y ya de adulta, haciendo terapia, he vuelto mucho a la infancia. Y ahí da comienzo todo. Como se dice en 'El Principito': todos los adultos han sido antes niños. Pero también polemizo con lo que dijo el novelista irlandés John Banville de que "lo peor para un autor es tener una buena infancia". No estoy de acuerdo. Yo, y lo digo en la pieza, en el futuro querría tener una infancia feliz. Creo en esa aspiración.

–Pero la María actual, tanto la autora como la persona, no existiría sin su pasado.

–Somos nuestra infancia, pero es que hay niños y niñas que no llegan a superarla. En la obra mencionamos casos reales de suicidios de menores. Es estremecedor. Uno puede sublimar el trauma cuando lo sobrevive, pero no siempre es posible.

–¿Entonces, su infancia fue difícil?

–No. Problemas de una infancia normal en el Burgos de los años 90. Momentos de sentirse desamparado. Pero no me quedo en lo testimonial o íntimo. Lo extrapolo a infancias sobreprotegidas. Al final sirve para hacer una reflexión sobre cómo entendemos la niñez en el siglo XXI, como esa deshumanización de los menores no acompañados (menas). Son casos que ya se citan en la obra de Charles Dickens, que tuvo una especial sensibilidad para escribir Oliver Twist; igual que el escritor marroquí Mohammed Chukri, que fue un niño de la calle. Nos echamos las manos a la cabeza pero actualmente se está denigrando y deshumanizando terriblemente a las infancias. Son tiempos difíciles.

"La violencia forma parte de la naturaleza humana, pero la infancia necesita profilaxis y sensibilidad"

–¿Y cuándo comenzó a ser feliz?

–De verdad, a partir de los 16 años. Di con mi sitio y eso tiene mucho que ver con el teatro, con encontrar vías de expresión que no eran las que trabajaba en el colegio, donde se trataba de normalizar algunas conductas. Yo no tenía un lugar en las actividades extraescolares. Fui feliz cuando tuve la libertad de elección para acceder a enseñanzas artísticas públicas.

–¿Qué hay que 'Mantener fuera del alcance de los niños'?

–La violencia. Forma parte de la naturaleza humana, pero la infancia necesita profilaxis y sensibilidad.

–Tiempos en los que usted misma reconoce que echa en falta estar más en la calle.

–Tengo FOMO (miedo a perderse algo). Creo en las manifestaciones, creo en la multitud como sujeto político. He estado en Sol, me he manifestado por Palestina, por la vivienda... Tengo que controlar mi FOMO y saber que desde mi trabajo también tengo la oportunidad de hacer comunidad.

© Laura M. Lombardía

María Velasco se abre en canal con esta pieza que estrena en el Teatro de la Abadía

© Laura M. Lombardía

Velasco compartirá escena con cantaor Al-Blanco y el bailarín-perfomer Mario Patrón
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