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Una jornada con las campeonas del mundo de gimnasia rítmica: "Al principio suele ser un desastre, pero es bonito ver cómo va encajando todo"

El pasado 15 de agosto, el equipo español de gimnasia rítmica llegó a la cima: en el Mundial de Fránkfurt se colgó el oro, por segunda vez en la historia (la otra, en 1991). El premio añadido es la clasificación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Las campeonas son de Huesca, Vitoria, Valencia y León. Se marcharon de casa siendo unas niñas para entrar en el CAR de Madrid en busca de un sueño que ya han cumplido, pero que todavía continúa. La sintonía entre ellas se nota. No paran de reír.

El equipo es más que la suma de los individuos, pero ¿quién lo forma?

Andrea Fernández (A. F.): Soy Andrea Fernández y empecé a hacer gimnasia porque vi una exhibición de mi club, me enamoré del deporte y dije que quería estar allá abajo como ellas. Y aquí estoy.

Inés Bergua (I. B.): Soy Inés Bergua Navales, empecé con tres añitos la gimnasia rítmica porque mi tía lo hizo en su momento y mis padres decidieron que era buena idea apuntarme. Desde entonces no he parado y no he dejado de enamorarme de este deporte.

Marina Cortelles (M. C.): Soy Marina Cortelles y es verdad que yo al principio practicaba otro deporte, pero fue ver una competición internacional en la tele y mi madre me preguntó si me gustaría empezar a hacer gimnasia. Es verdad que empezó siendo algo más para pasar el rato de pequeña, pero poco a poco se fue convirtiendo en algo mucho más importante.

Salma Solaun (S.S.): Soy Salma Solaun y empecé en este deporte porque a los tres años mis padres decidieron apuntarme porque era una niña muy inquieta y no paraba en casa. Entonces dijeron: «Vamos a apuntarla a gimnasia a ver si agota un poco de energía». Así fueron mis inicios.

¿Funcionó?

S.S.: No funcionó.

Sigamos.

Andrea Corral (A.C.): Soy Andrea Corral y, como Salma, era una persona muy inquieta de pequeña y mis padres decidieron apuntarme a algún deporte para, igual, que agotase mi energía. Como mi prima ya hacía gimnasia rítmica, decidieron apuntarme con ella y probar a ver si a mí también me gustaba. Acertaron.

Lucía Muñoz (L. M.): Soy Lucía Muñoz y mi madre me apuntó a gimnasia porque mis compañeras del cole iban ahí y era lo que me pillaba más cerca de casa realmente; así que, pues gimnasia rítmica.

Son de distintas partes de España, entrenan juntas, viven juntas en la Blume... ¿Se puede decir que pasan todo el día juntas?

L.M.: Sí, estamos todo el día juntas. Sólo nos separamos para ir al instituto, a la universidad o lo que tenga cada una, pero eso es lo que menos tiempo ocupa en nuestras vidas. Estamos casi siempre o entrenando o vamos a comer o luego vamos a cenar. Sí, estamos casi siempre juntas.

Y cuando hay crisis, ¿en qué habitación se reúnen?

A.C.: Últimamente la de las reuniones suele ser la de Inés, pero de normal a la que pillemos o necesitemos.

 

Han pasado algo más de dos meses desde la conquista del oro. ¿Lo han asimilado ya?

A.C.: Pues yo creo que seguimos todas como un poco en shock. Sí que es verdad que vamos entrando más en la tónica de pensar que lo hemos conseguido, pero aún así nos cuesta creérnoslo porque es algo muy grande que lleva muchos años de trabajo detrás.

¿La clasificación olímpica es más importante de lo que pudiera parecer, cuando faltan dos años para Los Ángeles?

S.S.: Para nosotras era uno de los principales objetivos de este Mundial. Al final está claro que no nos vamos a relajar y vamos a seguir trabajando igual, pero no afrontas el año de la misma forma sabiendo que ya tienes esa plaza y no tienes que enfrentarte este año a ese mundial clasificatorio, porque tenemos la tranquilidad de saber que ya vamos a estar allí.

¿Cómo es el proceso para hacer una rutina? ¿Participan?

I.B.: La música principalmente la eligen las entrenadoras. Es cierto que es un proceso común en el que continuamente intentan que todo el equipo esté involucrado y que nosotras también podamos decir qué nos parece o si creemos que nos encaja con nuestra forma de movernos y de expresarnos, pero las cabezas de esta misión son las de las entrenadoras Ana [María Pelaz] y Alejandra [Quereda]. Ellas eligen la música, la cortan, intentan que tenga ese sentido, que tenga también ese mensaje, y ya posteriormente, una vez está la música decidida, se empieza a incluir cada movimiento dentro de ella, cada elemento, cada lanzamiento. Es largo, pero es bonito ese proceso de crear algo que no solamente sea bonito, que también nos dé puntos. Aunque al principio siempre suele ser un desastre y no nos sale nada, lo bueno también es ver cómo con ese trabajo finalmente acaba saliendo todo superencajado y superbién.

¿Alguna vez tienen alguna idea que en un principio parece demasiado loca?

M.C.: Al principio siempre todo nos parece un poco más complicado, pero como nuestro deporte es a base de repetición, en base a esas repeticiones solemos sacar casi todos los elementos que se proponen. Algunos se quedan ahí en la recámara para cuando estemos más adelantadas en el trabajo y otros simplemente salen desde un principio y fluye todo.

Vemos el bonito resultado final en los grandes campeonatos. ¿Cuántas veces pueden repetirlo en los entrenamientos?

A.F.: Cálculo como tal no creo que llevemos la cuenta de cada día, pero la entrenadora sí tiene todos los entrenos anotados, así que por contarlos podríamos contarlos perfectamente. Son muchos. Muchísimos.

¿Lo van haciendo por partes?

A.F.: Al principio como no sale nada, se hacen mini partecitas de 15 segundos y se van practicando. Y luego se van aumentando, lo dividimos en cuatro, lo dividimos en dos, y ya por último es el ejercicio entero.

"Nos gusta visualizar el ejercicio antes de competir, juntarnos, unir las mentes. Eso nos ayuda"

LUCÍA MUÑOZ

Antes de la competición, visualizan el ejercicio. ¿Cómo es ese momento?

L.M.: Antes de ir a cada competición tenemos algún ritual en el que nos concentramos y visualizamos los dos ejercicios, depende del que toque hacer ese día. Nos gusta mucho visualizar el trabajo bien hecho, juntarnos y unir las mentes, porque creemos que es algo que nos hace bien. Cuando salimos a competir eso nos ayuda bastante.

Y justo antes de salir al tapiz pegan un grito. ¿Es como una liberación?

A.C.: Es lo que dice Lucía, la visualización la solemos hacer horas antes de la competición y el grito lo hacemos justo antes de salir al tapiz. Es la última cosa que hacemos, el último momento en el que todas nos miramos las caras antes de salir a competir. Es un momento muy clave para que salgamos al tapiz todas unidas con la cabeza centrada y juntas.

¿Nada más terminar saben si ha salido bien?

S.S.: Sí, o sea, nosotras de normal a no ser que sea un fallo que quizá haya ocurrido en un momento en el que una de nosotras no lo haya visto, siempre, según va pasando el ejercicio, sabemos perfectamente qué recogida se ha comido una o lo que no hemos hecho o lo que hemos fallado. De normal lo sabemos y en cuanto terminamos el montaje, nos miramos a la cara y ya hablamos y sabemos perfectamente cómo ha ido. Luego también está claro que nuestro deporte tiene esa parte quizá subjetiva, que las juezas también puntúan nuestro trabajo, y tenemos que esperar a la nota final. Pero de normal si haces un buen ejercicio esperas que la nota sea alta y que estemos entre los primeros puestos en la clasificación.

¿Les parece justa la forma de puntuar?

M.C.: El factor competición siempre está ahí, y también hay jueces de muchos países, pero en cada ejercicio está calculada su nota de ejecución. Cada ejercicio tiene su estructura, aunque luego llegas a la competición y hay alguna recogida que no has hecho y entonces te baja la nota.

"Hemos estado en el 'top 1' y ahora todo el mundo va a tratar de batirnos. No podemos relajarnos"

INÉS BERGUA

¿Cada año hacen una rutina nueva? ¿Habrá una en el Europeo de Pamplona de 2027?

I.B.: Eso ya lo veréis vosotros mismos, ya depende de la estrategia que quiera seguir cada país. También depende mucho del momento porque cada año es completamente distinto. Nosotras en el anterior ciclo hubo algún año en el que renovamos los dos ejercicios y en otro en cambio sólo cambiamos uno. Entonces, bueno, ya quedan menos meses para que veáis el resultado final. Independientemente de lo que pase van a ser ejercicios muy ambiciosos y muy competitivos, como lo han sido hasta ahora, buscando siempre la máxima nota y sin conformarnos, porque hemos estado en el «top 1» y ahora todo el mundo va a intentar de nuevo batirnos entonces no podemos relajarnos; tenemos que seguir confiando, trabajando, evolucionando... Lo bueno de este equipo es que tenemos esa ambición y ese nivel y esa capacidad, y que también tenemos margen de mejora y eso es algo bueno y positivo. No hemos tocado techo aún, por suerte, así que ojalá los dos ejercicios que podáis ver en Pamplona, en el Mundial, en el resto de competiciones, os gusten.

¿Cuándo lo sabremos?

I.B.: En marzo, que empiezan las competiciones, ya veréis.

¿Hay algún elemento o aparato especialmente complicado?

A.F.: Sí, es verdad que todas tenemos un elemento que se nos complica, que se nos cruza y crea tensión, pero con el trabajo se soluciona.

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Deslegitimar la alternancia

El trágico accidente ferroviario de ayer debería congregar en torno al dolor de víctimas y familiares a todas las fuerzas políticas, tendiendo un manto de unidad sobre la ponzoña frentista de esta precampaña. Desgraciadamente, no va a ser así. Me gustaría imaginar a la vuelta de unas pocas semanas, digamos cuando se constituyan las nuevas cortes el 23 de diciembre, un panorama de normalidad democrática sostenida en la alternancia en el poder, con una campaña electoral previa alejada de la crispación y una posterior jornada del «29-N» celebrada con la armonía democrática que se le presume a un sistema consolidado. Quisiera también contemplar, gane quien gane y sume quien sume, a un presidente del gobierno saliente entregando deportivamente la cuchara y estrechando la mano del nuevo jefe de gobierno investido con los votos de una mayoría parlamentaria emanada de la voluntad de los españoles.

En términos de normalidad, todo esto debería ser una obviedad, pero las circunstancias y los elementos que subyacen ni vaticinan una campaña sosegada y pacífica –más bien todo lo contrario, como ya estamos viendo– ni una jornada electoral protegida de tentaciones deslegitimadoras, ni un periodo posterior a los comicios en el que el resultado de las urnas sea aceptado y asumido por absolutamente todas las partes.

Es justamente ahora cuando, en boca del propio Sánchez, candidato socialista a seguir en La Moncloa, se lanza casi preventivamente el argumento de la deslegitimación hacia la alternancia a tenor de lo escuchado al propio presidente, que no duda, allá donde le pueden entrevistar, en cuestionarla como clave de bóveda de toda democracia, sencillamente porque no le gusta la opción que, encuestas en mano, podría sumar una mayoría de gobierno conservadora tras las elecciones, como tampoco dudada hace días ante los periodistas en afirmar su seguridad de continuar al frente de un gobierno hasta 2030 «de una manera o de otra». Resulta muy fácil tachar de tremendistas a quienes vienen reclamando garantías absolutas en el proceso electoral, pero maniobras como la ley de nietos, las fundadas reservas de un notable número de votantes ante la institución de correos o la palabra «impugnación» flotando entre tertulia y tertulia ayudan poco a la confianza. Pueden deslegitimarse muchas cosas, pero no una alternancia en el poder que decide, no quien la ostenta, sino los ciudadanos. Hoy, por desgracia, la precampaña pasa a segundo plano. Todos con las víctimas de Urda.

© Canal de Youtube 'Keep it Cutre'

Pedro Sánchez revela que decidió adelantar las elecciones tras comer con sus padres dos días después de caerse los decretos de vivienda
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María Velasco: "Se están denigrando y deshumanizando las infancias"

El filósofo Joan-Carles Mèlich sostiene que la infancia "es la patria de la incertidumbre"; y María Velasco la amplía señalando que también lo es "de la vulnerabilidad". Bien lo sabe ella, que vivió en primera persona una niñez no del todo ideal. Décadas después, de aquello "solo" quedan las cicatrices que le han hecho ser la persona y la autora del hoy. Pero no saca pecho por ello. Lo critica. Y clama por un futuro de infancias felices. ¿Utópico? Seguramente, pero está permitido soñarlo.

Con ese espíritu presenta la Premio Nacional de Literatura Dramática 2024 este 'Mantener fuera del alcance de los niños' (Teatro de la Abadía; de hoy al 22 de noviembre) en el que mezcla su historia con la 'Carrie' de Stephen King, la "performance" y el flamenco que la acompañó, de la mano de la comunidad gitana, en la clase de necesidades educativas especiales.

Lo primero que hace María Velasco cuando se le pregunta por su estreno es resoplar: "Uf". Toma aire. Y arranca: "Es una obra que me está poniendo patas arriba. Mis obras suelen ser muy transformadoras en el proceso y eso es una condición para que le suceda algo al público", expone la autora, directora e intérprete de esta pieza.

"Hasta los 16 años no fui feliz de verdad"

–¿Por qué volver a subirse a las tablas?

–Eso también hace especial a esta pieza. Volver a lo que hice en el pasado en algunas "performances", en Pradillo o en Réplika. Aunque desde 2016, en la Cuarta Pared, no hacía una obra como tal. Pero esta vez, según iba escribiendo, sentía que yo necesitaba "encuerparlo" porque es un testimonio de mi infancia. Se reproducen el aula y los baños de un centro escolar. Es como volver al lugar del crimen para sanarlo o sublimarlo. Es una especie de masoquismo el querer volver deliberadamente.

–¿Qué le sucedió en estos espacios?

–No es una obra sobre el "bullying". Nadie me lo hizo. Pero sí es una etapa de Primaria en la que estuve tres años en el aula de necesidades educativas especiales. Me sentí muy incomprendida, sola. También en Secundaria sentí una profunda soledad como niña, desamparada. Y eso sin ser una niña en riesgo de exclusión o con diagnósticos cada vez más complejos, como con los que convivía en clase.

–¿Por qué le llevaron a esa aula?

–Nunca tuve un diagnóstico. Luego uno trata de informarse sobre los síntomas y creo que tenía una ansiedad social muy fuerte; una persona altamente sensible (PAS). También creo que hoy sobrediagnostican a los niños. Y ya de adulta, haciendo terapia, he vuelto mucho a la infancia. Y ahí da comienzo todo. Como se dice en 'El Principito': todos los adultos han sido antes niños. Pero también polemizo con lo que dijo el novelista irlandés John Banville de que "lo peor para un autor es tener una buena infancia". No estoy de acuerdo. Yo, y lo digo en la pieza, en el futuro querría tener una infancia feliz. Creo en esa aspiración.

–Pero la María actual, tanto la autora como la persona, no existiría sin su pasado.

–Somos nuestra infancia, pero es que hay niños y niñas que no llegan a superarla. En la obra mencionamos casos reales de suicidios de menores. Es estremecedor. Uno puede sublimar el trauma cuando lo sobrevive, pero no siempre es posible.

–¿Entonces, su infancia fue difícil?

–No. Problemas de una infancia normal en el Burgos de los años 90. Momentos de sentirse desamparado. Pero no me quedo en lo testimonial o íntimo. Lo extrapolo a infancias sobreprotegidas. Al final sirve para hacer una reflexión sobre cómo entendemos la niñez en el siglo XXI, como esa deshumanización de los menores no acompañados (menas). Son casos que ya se citan en la obra de Charles Dickens, que tuvo una especial sensibilidad para escribir Oliver Twist; igual que el escritor marroquí Mohammed Chukri, que fue un niño de la calle. Nos echamos las manos a la cabeza pero actualmente se está denigrando y deshumanizando terriblemente a las infancias. Son tiempos difíciles.

"La violencia forma parte de la naturaleza humana, pero la infancia necesita profilaxis y sensibilidad"

–¿Y cuándo comenzó a ser feliz?

–De verdad, a partir de los 16 años. Di con mi sitio y eso tiene mucho que ver con el teatro, con encontrar vías de expresión que no eran las que trabajaba en el colegio, donde se trataba de normalizar algunas conductas. Yo no tenía un lugar en las actividades extraescolares. Fui feliz cuando tuve la libertad de elección para acceder a enseñanzas artísticas públicas.

–¿Qué hay que 'Mantener fuera del alcance de los niños'?

–La violencia. Forma parte de la naturaleza humana, pero la infancia necesita profilaxis y sensibilidad.

–Tiempos en los que usted misma reconoce que echa en falta estar más en la calle.

–Tengo FOMO (miedo a perderse algo). Creo en las manifestaciones, creo en la multitud como sujeto político. He estado en Sol, me he manifestado por Palestina, por la vivienda... Tengo que controlar mi FOMO y saber que desde mi trabajo también tengo la oportunidad de hacer comunidad.

© Laura M. Lombardía

María Velasco se abre en canal con esta pieza que estrena en el Teatro de la Abadía

© Laura M. Lombardía

Velasco compartirá escena con cantaor Al-Blanco y el bailarín-perfomer Mario Patrón
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