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Los agujeros en la versión de Puente para salvarse

Puente ha vuelto a comparecer para explicar el accidente ferroviario de Urda, pero su reconstrucción de los hechos presenta una debilidad fundamental: identifica el lugar donde pudo producirse el error sin aclarar por qué los mecanismos de seguridad y supervisión no consiguieron evitar sus consecuencias. El ministro ha ofrecido una cronología detallada, ha defendido la fiabilidad del sistema ferroviario y ha descartado su dimisión. Sin embargo, las principales preguntas sobre el funcionamiento de Adif continúan sin respuesta.

La primera contradicción aparece en el origen del accidente. Puente reconoce que todavía se desconoce qué provocó la caída del sistema LZB, pero insiste en que se trata de una tecnología robusta y fiable. Ha admitido alrededor de 170 incidencias durante este año, una cifra que por sí sola demuestra deficiencias estructurales y que obliga a conocer su naturaleza, frecuencia y consecuencias. ¿Cuántas afectaron a la línea Madrid-Sevilla? ¿Se habían producido fallos semejantes? ¿Qué conclusiones extrajo Adif de esas incidencias? El ministro no ha sido capaz de ofrecer una respuesta suficientemente precisa.

La segunda incógnita resulta todavía más comprometida. Según la reconstrucción presentada, el centro de control autorizó a las 8.36 horas que el AVE reanudara su marcha pese a que el LZB estaba fuera de servicio y otro tren permanecía detenido por delante. Puente considera errónea aquella decisión, pero no aclara por qué pudo adoptarse sin que ningún mecanismo de supervisión impidiera sus consecuencias. ¿Quién controlaba el cumplimiento de los protocolos? ¿Existían sistemas de advertencia? ¿Qué información tenían los responsables del centro sobre la posición de ambos convoyes?

Pero hay un tercer interrogante especialmente delicado: los minutos anteriores a la colisión. A las 8.48, la maquinista del Iryo comunicó que no podía reanudar la marcha. El choque se produjo aproximadamente cinco minutos después. La investigación deberá determinar qué información recibió el centro de control, qué decisiones se adoptaron y si existía alguna posibilidad material de detener el AVE. No está demostrado que hubiera tiempo suficiente para evitar la tragedia, pero tampoco se ha explicado satisfactoriamente qué ocurrió durante ese intervalo. Es una cuestión esencial para reconstruir la cadena de decisiones.

Tampoco se conoce por qué el Iryo no pudo volver a circular. Puente ha reconocido expresamente esa incógnita. Resulta, por tanto, difícil sostener una explicación concluyente sobre las causas del siniestro cuando todavía permanece sin aclarar uno de los elementos fundamentales de la secuencia. El ministro insiste en que los indicios apuntan al centro de control, pero la investigación técnica y judicial debe establecer si concurrieron otros factores.

La defensa de la organización de Adif también es claramente insuficiente. Para responder a las informaciones sobre posibles carencias de personal, Puente ha destacado que la plantilla de los centros de control ha pasado de 1.008 trabajadores en 2016 a más de 1.700 actualmente. El dato puede acreditar un incremento de efectivos, pero no demuestra que el centro de Atocha estuviera adecuadamente dimensionado aquella mañana. Faltan explicaciones sobre los trabajadores presentes en el turno, su carga de trabajo, la formación recibida y los procedimientos previstos para gestionar simultáneamente varias incidencias.

A estas dudas se suma el retraso de aproximadamente un año en la implantación del sistema europeo ERTMS en la línea Madrid-Sevilla. Puente debe explicar las razones del incumplimiento del calendario y las evaluaciones de seguridad realizadas mientras continuaba funcionando el sistema anterior. Puente también ha anunciado nuevas medidas para reforzar la seguridad y no descarta una auditoría externa, y esto subraya aún más su responsabilidad sobre qué controles existen, qué deficiencias habían detectado y si algunas de las mejoras previstas ahora podían haberse adoptado anteriormente.

El ministro ha explicado esta mañana por qué considera que debe permanecer en el cargo, pero no ha despejado las dudas que afectan a la organización bajo su responsabilidad. Y mientras la investigación avanza, hay una conclusión que Puente ignora: la responsabilidad de garantizar el funcionamiento correcto del sistema de seguridad ferroviario era de la cúpula política de Adif y del ministro del ramo.

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Crítica de "Disforia": suicidios frente al fin del mundo ★★★

Director: Christopher Cartagena. Guion: Christopher Cartagena, Joan-Pol Argenter e Imanol Ortiz López. Intérpretes: Claudia Salas, Fariba Sheikhan, Eloy Azorín y Noah Casas. Duración: minutos. España, 2025. Terror.

Disforia: estado de ánimo de tristeza, ansiedad o irritabilidad. ¿Y quién no la padecería en un futuro mediato como este? El mundo se derrumba, una crisis económica a nivel internacional provoca manifestaciones muy violentas, las ciudades son saqueadas y los suicidios, como si fuera una especie de pandemia, se cuentan en el planeta por miles y miles porque «la muerte es una liberación», la única. Esther, con serios problemas mentales, y Tomás, un matrimonio en crisis, escapan con su pequeña hija Say (que esconde tras la máscara de un simio el miedo que siente por la muy inestable situación emocional de la joven) de la destrucción para llegar a una casa de campo, apartada de todo y que compraron en tiempos mejores, para venderla rápidamente y cruzar la frontera hacia Francia al día siguiente.

Pero lo que parecía una huida desesperada y casi necesaria oculta algo: Tomás esconde un terrible secreto que pondrá en peligro la vida de su familia. En medio del caos, este desaparece mientras llega a la propiedad una chica que dice tratarse de la compradora. Una atmósfera ciertamente claustrofóbica, asfixiante, envuelve la interesante y sangrienta opera prima de Christopher Cartagena que, quizá al final, debe hacer algunos malabares para cerra la propuesta. Pero, vaya, un debut que se las trae.

Lo mejor:

El violentísimo duelo, llevado hasta el límite, entre los dos personajes femeninos

Lo peor:

No quiero ni imaginar los traumas que provocará en esta pobre niña todo lo que pasa

© Imdb

Un fotograma de "Disforia"
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Crítica de «Tiempos de ilusión»: Vive les années 80! ★★★ 1/2

Directores: Olivier Nakache, Eric Toledano. Guion: O. Nakache, E. Toledano y Nathalie Hertzberg. Intérpretes: Louis Garrel, Camille Cottin, Pierre Lottin, Simon Boublil. Francia, 2026. Duración: 116 minutos. Comedia

En las paredes, en la radio y en los tocadiscos reinaban The Cure, Georgel Michael, Imagination, Depeche Mode... Los vídeo clubs estaban aún atestados y comenzaba a proliferar los ordenadores, unos armatostes tremendos. Bienvenidos, de nuevo, a los años 80, concretamente, al París de ese tiempo, hasta donde nos llevan Nakache y Toledano, autores, entre otras, de la sobrevalorada «Intocable», esta vez con una comedia que quizá sea ya la mejor de su trayectoria.

Tierna, entrañable, divertida y blanquísima, Vincent, de 13 años, pertenece a una familia de raíces judías y árabes donde el padre disimula malamente que se ha quedado en el paro, la madre intenta escalar puestos en la empresa donde trabaja y su hermano mayor se saca unos buenos francos vendiendo radiocasetes con la mejor música del momento. Vincent comienza a sentir algo distinto por una chica del colegio mientras se plantea preguntas sobre su propia identidad y la película apunta, aunque más tímidamente, a otros asuntos, como la emancipación femenina o la crisis económica que padeció Francia entonces. Pero, sobre todo, «Tiempos de ilusión» es las trastadas de los niños, el baile que ambos adultos se marcan un día de pronto en el salón, el primer beso bajo un cinematográfico aguacero; una encantadora tarde de cine, en fin, al ritmo de cualquier temazo de Duran Duran o, por ejemplo. ¿Se acuerdan, no?

Lo mejor: El reparto, la ambientación y una banda sonora que encantará a muchísimos

Lo peor: Se nota bastante que evita todo el tiempo profundizar en cualquier tema peliagudo

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La familia protagonista de «Tiempos de ilusión»
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