❌

Reading view

París recibe con bombas a los Reyes de España

La visita de los Reyes de España a la republicana Francia estaba anunciada desde agosto de 1976. Era un paso decisivo para la integración del proyecto democratizador de Juan Carlos I en la Europa de la época. Se trataba de acabar con el medio siglo de distanciamiento y zancadillas de Francia a nuestro país. En las 48 horas previas al aterrizaje del avión real en el aeropuerto de Orly, el 27 de octubre, una cadena de potentes explosiones sacudió París. Durante las dos noches anteriores, cinco artefactos estallaron de forma coordinada en diversos puntos estratégicos de París y sus alrededores. Los objetivos seleccionados por los terroristas estaban vinculados a empresas industriales francesas con intereses en España y a sedes de organismos internacionales.

La autoría de estos ataques fue reivindicada por el denominado Grupo de Acción Juvenil y por la organización anarquista «Puig Antich-Oriol Solé», constituida en homenaje a dos militantes del Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate. El primero de los citados fue ejecutado en 1974, y el otro, murió como consecuencia de los disparos policiales cuando iba a cruzar la frontera francesa tras fugarse de la cárcel de Segovia en abril de 1976. Al mismo tiempo, organizaciones de la extrema izquierda gala, como la Liga Comunista y el Partido Marxista-Leninista, junto con el Comité de Información y de Solidaridad con España, lanzaron convocatorias de protesta en las calles parisinas para denunciar la «dictadura» de Juan Carlos I.

Ante la inminencia de la llegada de los Reyes y el riesgo manifiesto de nuevas acciones violentas terroristas y callejeras, el Ministerio del Interior francés activó un dispositivo de seguridad de dimensiones colosales. La gendarmería, las Compañías Republicanas de Seguridad y las fuerzas de policía local reforzaron los controles en todas las carreteras fronterizas del País Vasco francés y las principales calles de París. En la capital francesa no iba a moverse un manifestante sin que lo quisiera el Gobierno.

Como parte de estas medidas preventivas, las autoridades francesas decretaron el confinamiento forzoso de once «refugiados políticos», trasladándolos bajo custodia a la isla de Yeu -situada frente a las costas de la región de Vendée- hasta la conclusión de la estancia real el 30 de octubre. Entre los confinados en la isla atlántica figuraban Francisco Celaya, Miguel Uba Otaola, Pedro Goyeneche, Juan María Iraola, José Villar Gurruchaga, José Zapirain, Santiago Zapirain, Gaspar Zubimendi, Juan Ochoantesana, José Garriaga y José Mazusta. Asimismo, más de treinta refugiados residentes en la zona fronteriza fueron obligados a presentarse dos veces al día en las comisarías policiales.

Los activistas de la extrema izquierda, simpatizantes con el terrorismo de ETA y GRAPO en España, persiguieron a los Reyes. La conferencia que el Monarca tenía previsto pronunciar ante los alumnos de la Escuela Politécnica de Palaiseau, a unos 25 km al suroeste de París, fue suspendida a última hora ante el riesgo de un escrache estudiantil violento. La intervención académica fue reemplazada por un acto de profundo calado institucional en la histórica Escuela Militar de París, donde no hubo problemas.

Giscard, muy tolerante con ETA

A pesar de la tensión ambiental, a las tres en punto de la tarde del miércoles 27 de octubre de 1976, los dos aviones Mystère que trasladaban a la representación española tomaron tierra en el aeropuerto de Orly. En el pabellón de honor, el presidente de la República Francesa, Valéry Giscard d’Estaing, acompañado por su esposa Anne-Aymone y el Gobierno en pleno encabezado por el primer ministro Raymond Barre, tributó a los Reyes una calurosa recepción de Estado. Aquella visita, gestionada por el embajador secreto de Juan Carlos I, Manuel Prado y Colón de Carvajal, fue difícil de conseguir. Giscard, muy tolerante con ETA, no quería a España en Europa y, como luego confesó el Rey, se trataba de un personaje engreído y vanidoso.

Durante las jornadas siguientes, Don Juan Carlos mantuvo tres entrevistas privadas en el Palacio del Elíseo con el presidente Giscard d’Estaing, mientras los ministros de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja y Louis de Guiringaud, repasaban los aspectos bilaterales en el Quai d’Orsay. Por su parte, la Reina Doña Sofía visitó las excavaciones arqueológicas de Notre-Dame, y ambos Monarcas asistieron a una recepción en el Ayuntamiento de París (Casa de la Villa) donde fueron aclamados por la colonia española y el pueblo parisino. La prensa francesa subrayó el éxito del viaje para el entendimiento bilateral. Aquí, un periodista entrevistó al Rey por la visita y vinculó la democracia con la libertad del activismo de la extrema izquierda. Juan Carlos se revolvió y preguntó: «¿Qué pensarías tú si voy a un pueblo español y se cercan con vallas las calles?».

© GTRES

El Rey Juan Carlos I y la Reina Sofía, en Francia, en 1976.
  •  

España conmocionada por otra tragedia

Transcurridos ya dos días desde la tragedia de Urda, está muy abierto el debate acerca de la causa primera de lo sucedido. Consolidándose la opinión entre los especialistas de que se encuentra en el sistema LZB de frenado. Que falló en Urda y que está en uso en la línea Madrid-Sevilla desde su inauguración, con ocasión de la Expo de 1992. Un sistema tecnológico de calidad, pero que tras 34 años de servicio se encuentra necesitado de especial mantenimiento, y cuya sustitución ya debía haberse producido. El propio Sánchez ayer en una comparecencia sin preguntas –como suele ser lo habitual en él– declaró que «van a reforzar la seguridad para que esto no vuelva a suceder». Lo que implícitamente significa reconocer un claro fallo técnico. Y preguntarle que si ya pasó una tragedia similar en Adamuz hace 9 meses, y en el mismo trayecto, ¿ha tenido que producirse esta otra tragedia para decidirse a mejorar la seguridad? ¿Y por qué todavía no se había reforzado? Ayer hubo un problema en la red ferroviaria que, afortunadamente, no fue otra tragedia, sino una nueva «incidencia». Fue un enganchón de catenaria de un convoy de Ouigo que cubría la ruta entre Murcia y Valladolid y que lo retuvo durante varias horas sin suministro eléctrico en el interior de un túnel a la altura de Aranjuez. Podemos imaginar, tras el impacto inicial y lo sucedido a continuación, el estado emocional de los viajeros. Y precisamente en la operadora que, a diferencia del ave de Renfe y de Iryo, no se había visto afectada por las tragedias de Urda ni de Adamuz. Es un dato significativo que las dos grandes tragedias sucedidas este año se hayan producido en la línea de la red entre Madrid y Sevilla. Pero pese a ello, la línea Madrid-Barcelona, de especial importancia, se ve afectada por la huelga de igual manera, invocando carencia de seguridad. El dolor de los familiares y amigos de las víctimas está siendo compartido por gran parte de la sociedad española, informada a través de los medios de comunicación que lo están difundiendo ampliamente. Ayer, la cifra de víctimas mortales se incrementó a 74 viajeros, además de 54 heridos de distinta gravedad. También se confirmó el fallecimiento de Fátima Báñez, quien fuera gran persona y ministra de Empleo y Seguridad Social, y que iba a Sevilla para participar en el acto del Día de la Empresa. Sin duda, esta tragedia a un mes de las elecciones generales del 29 N ha incidido en la precampaña electoral, eclipsando, de momento, el debate exclusivamente político. Pero exigiendo una investigación rigurosa de lo sucedido. Que es un gravísimo daño a nuestra reputación internacional.

© EUROPAPRESS

Sánchez se desplaza al Puesto de Mando Avanzado habilitado tras el accidente ferroviario en Urda (Toledo)
  •  
❌