‘24 Hour Party People’, aquella historia real de desmadre por amor a la música y al arte de perder millones
Hay que agradecer a Michael Winterbottom, director de 24 Hour Party People (2002), que huyera de los clichés que hacen de las películas que retratan tribus musicales hagiografías insufribles. Porque aunque la película estrenada esté titulada por la canción del mismo nombre de Happy Mondays y se venda como la caótica historia de Factory, aquella discográfica británica que marcó la música de los años ochenta con grupos como New Order, el director convierte el filme en la biografía camuflada de uno de sus cuatro fundadores, Tony Wilson.
Protagonistas secundarios

Winterbottom convirtió a los otros tres fundadores de Factory en personajes menores. Una injusticia que sin embargo ayuda a no desviar el foco de la historia, que en ningún momento oculta que es parcial, subjetiva y, en algunos casos, falsa. Tony Wilson jamás escondió su pasión por las derrotas épicas ni la miseria moral de algunas de sus elecciones personales. No fue precisamente un marido ejemplar. Fallecido de un infarto en 2007, con 57 años, en una entrevista sobre la película definió su pensamiento en una frase: “Haz las cosas y ya luego descubrirás por qué las haces. En nuestro caso lo hicimos por puro amor a la música”.

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