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Bob Dylan, el enigma

Un día iban en un coche Bob Dylan y Leonard Cohen y sonó en la radio “Just Like a Woman”. Cohen dijo: “Bob, eres el número uno”. Y Dylan respondió: “No, Leonard: tú eres el número uno. Yo soy el número cero”. Así lo ha contado a EFE Eduardo Jordá, quien ha titulado su libro sobre Bob Dylan "Número Cero" (Libros del Asteroide).

"Evidentemente, el número cero es mucho más enigmático y mucho más importante que el número uno. Con el número uno no puedes entender la nada ni el infinito ni el universo. Pero con el número cero, sí. Dylan se situaba más allá de toda comparación, era una forma de darse importancia aparentando quitársela", ha dicho Jordá en entrevista con EFE.

Poeta, novelista, ensayista, traductor y autor de libros de viajes, además de columnista en la prensa, Jordá también califica a Dylan de “hombre invisible” porque "hay una obsesión en Dylan por mantenerse a salvo de toda sobreexposición pública y por vivir sin que nadie pueda meter las narices en su vida privada".

"En 'Like a Rolling Stone' tiene un verso que dice: 'Ahora eres invisible y ahora ya no tienes nada que ocultar'. Ese sería el ideal de vida de Dylan, a pesar de que no puede parar de actuar y de publicar discos. Es la tensión irresoluble entre la obsesión por ser invisible y la obsesión contraria por atrapar la atención del gran público lo que define su vida y su obra".

De hecho, Jordá ha afirmado que "lo más raro de Dylan es Robert Allen Zimmerman, ese hombre invisible que nació en un pueblo de Minnesota y del que no sabemos absolutamente nada", en alusión a su nombre real.

El hombre que se atreve a decepcionar

Mientras que ha considerado que lo más fascinante del personajes es "su música y sus letras y sus canciones. Cómo va mutando, cómo va escurriéndose de todo lo previsible que pueda haber en su obra, y cómo se atreve a hacer lo que sabe que va a decepcionar a los seguidores más entregados".

El autor ha recordado cuando quedó fascinado por Dylan: "Cuando tenía 14 años y oí en la radio una canción de alguien que no sabía quién era: “Wigwam”, un estallido de plenitud vital o de pura alegría de vivir en el que la letra sólo decía: “Da da da dadada da da”. Luego supe que era de Bob Dylan. Desde entonces".

A Jordá no le caben dudas sobre los merecimiento de Dylan para tener el Nobel de Literatura: "Absolutamente. Y más aún si pensamos que Dylan no es un solo poeta, sino múltiples poetas distintos que conviven en la misma personalidad creativa: el poeta comprometido de su primera época, el poeta beatnik que crea un surrealismo a su medida en la fase eléctrica, el poeta que canta la dulzura de la vida retirada en el campo -un nuevo Fray Luis de León-".

Y ha seguido enumerando: "el poeta religioso de la fase cristiana, el poeta hastiado y desorientado de los años 80, el poeta que se ha convertido en un oscuro músico de blues que toca en un tugurio, y por último, el poeta de ultratumba que nos susurra con una voz rota desde otra dimensión de la realidad y nos habla de la muerte, de la memoria y de lo poco que vamos a dejar atrás -sólo música-".

Moby Dick Dylan en una lata de sardinas

Sobre la condición angelical de Dylan, Jordá la ha admitido si es "en el sentido que le daba Rilke -un poeta que le gusta mucho a Dylan- cuando dijo que 'todo ángel es terrible'".

El autor no ha admitido que su libro sea una biografía y lo ha definido como "un experimento dylaniano que combina ensayo, biografía, ficción, poesía e investigación sobre la creación artística, todo a la vez y en sólo cien páginas. He intentado meter a Moby Dick Dylan -la gran ballena de la música popular del siglo XX- en una lata de sardinas".

Después de haber leído cuanto se ha publicado sobre Dylan, Jordá duda sobre cuál sea el principal rasgo de su carácter: "Es imposible saberlo... Llegas a la conclusión que es una especie de Odiseo del siglo XX, el hombre “polytropos” de los mil rostros y mil giros y mil viajes y mil mentiras que anda errante por el mundo".

¿Cuándo estuvo Jordá más cerca de conocer a Dylan?: "Nunca. En Sevilla lo vi pasar en uno de sus enormes autobuses negros a la salida de un concierto. Parecía un enorme furgón mortuorio con las ventanillas tintadas. Eso fue lo más cerca que he estado de él. En cuanto a mi libro, Dylan no lee libros sobre su vida, aunque estoy seguro de que tiene un equipo legal que rastrea todo lo que se publica sobre él por si puede amenazar con una demanda a alguien que revele detalles sobre su privacidad".

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Bob Dylan

© EUROPAPRESS

El Centro Andaluz de las Letras organizará este martes un encuentro con Eduardo Jordá sobre la figura de Bob Dylan
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