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Banco Central de Argentina admite recesión tras caída de la actividad económica
Explicable

La primera reacción del ministro de Transportes al describir la orden del centro de control como “inexplicable” es lo contrario de lo que debe hacer un servidor público. Puede que fuera un lapsus en medio del shock. Pero en un servicio tan regulado claro que hay explicaciones. Otra cosa es que sean múltiples y que lleve tiempo dilucidarlas
Una avería técnica y una cadena de errores humanos provocaron el fatal accidente de Urda
El 19 de junio un tren que viajaba del centro de Inglaterra hacia Londres embistió por detrás a otro parado en la vía cerca de Bedford, en el este del país. Murió uno de los maquinistas y más de 160 personas fueron heridas. La tragedia no fue mayor porque el tren circulaba antes del impacto a 80 kilómetros por hora: el Reino Unido no tiene una red de alta velocidad, solo el tramo inglés de la línea que conecta Londres con el continente.
El primer informe de la comisión de accidentes se ha publicado este mes y es provisional, pero dibuja múltiples factores que fallaron en el sistema: el freno automático, un semáforo en rojo tal vez poco visible y órdenes no entendidas. También explora la posible sobrecarga de trabajo y la falta de tecnología más moderna. Ambos trenes eran de East Midlands Railways, la compañía privada que tiene el monopolio de varias rutas entre el centro y el sur de Inglaterra. Investigar requiere tiempo y sigue habiendo preguntas sin contestar, pero lo que pasó tendrá una explicación, o mejor dicho, varias. Eso es lo mínimo que se puede pedir a las autoridades para que no vuelva a ocurrir: explicaciones y medidas.
El modelo ferroviario británico es uno de los más caros e ineficientes de Europa, consecuencia del modelo de liberalización que ofrece lo peor de los dos mundos –monopolio por rutas sin competencia y cargos que al final tiene asumir el Estado, que ha tenido que intervenir ante la quiebra de los operadores privados, en ocasiones en manos de fondos– y de la falta de inversión suficiente en el mantenimiento de las infraestructuras después de años de recortes. El proceso de renacionalización en curso es testimonio del fracaso de su modelo. La falta de consenso, de experiencia y de trabajadores explica también por qué el Reino Unido es el único país grande de Europa sin alta velocidad (sí, cuesta más llegar a Birmingham que a la Luna, como escribí).
Pero lo que hacen bien las autoridades en el Reino Unido es buscar respuestas a conciencia. En cualquier tragedia, sea la pandemia, el incendio de un edificio de apartamentos o un accidente ferroviario, tienen claro que hay explicaciones humanas y técnicas, y también responsabilidades públicas que deben ser diseccionadas. Se trata de determinar las causas para prevenir que se repitan.
La primera reacción del ministro de Transportes, Óscar Puente, al describir la orden del centro de control minutos antes de la tragedia en Urda como “inexplicable” es lo contrario de lo que debe hacer un servidor público. Puede que fuera un lapsus en medio del shock. Pero en un servicio público tan regulado claro que hay explicaciones. Otra cosa es que sean múltiples y que lleve tiempo diseccionarlas, pero por supuesto que las hay, y es la responsabilidad de las autoridades encontrarlas y exponerlas con transparencia. Así lo hará la comisión independiente encargada de investigar accidentes y el proceso judicial ya en marcha.
Por lo que sabemos hasta ahora, como cuenta nuestro reportero Arturo Puente, ya hay indicios de varias maneras en las que falló el sistema. No hay que olvidar que los errores humanos a menudo se producen por los fallos del contexto en el que trabajan las personas, y ya hay información que apunta en esa dirección.
Las explicaciones de qué pasó pueden servir de escaso consuelo para tantas personas destrozadas por la pérdida y el trauma. Pero investigar y explicar hasta el último detalle qué pasó el miércoles es la única manera de salir adelante.
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El Gobierno británico sube impuestos a los grandes bancos y baja la factura del gas a los hogares

El ejecutivo de Andy Burnham anuncia un "respiro" modesto a los hogares en su primer presupuesto con la eliminación del cargo fijo del gas y el aumento de una tasa para las entidades financieras con más beneficios
El Gobierno británico vuelve a autorizar perforaciones de gas en el mar del Norte por la “inestabilidad global” provocada por la guerra de Irán
Con el escaso margen en las cuentas públicas británicas, el Gobierno de Andy Burnham utilizó este miércoles su primer presupuesto para ofrecer “un respiro” a las facturas eléctricas de los consumidores y subir temporalmente impuestos a los grandes bancos que más ganan.
El ministro de Economía, John Healey, presentó ante el Parlamento un paquete modesto de ayudas que incluye la eliminación del cargo fijo de la factura del gas –la principal fuente de energía de los hogares británicos– y otras ayudas para aliviar las cargas recurrentes de los hogares con menos recursos. A la vez, sube el coste por el consumo, pero el Gobierno cree que así incentiva el ahorro energético y que más de la mitad de los hogares gastará unos 53 euros menos al año en su factura eléctrica (el gasto medio supera los 2.000 euros). La medida entrará en vigor en 2027, según el anuncio del Gobierno.
Desde el 1 de octubre, el Gobierno ya aplica la eliminación del IVA de las facturas domésticas de electricidad, que están entre las más altas del mundo por la dependencia del gas. El precio del gas se ha triplicado desde febrero, según destacó el ministro en su discurso ante la Cámara de los Comunes.
El Gobierno laborista también anunció la subida de un impuesto extra que pagan los bancos a partir de beneficios superiores a 100 millones de libras (unos 119 millones de euros) y que el Gobierno conservador redujo del 8 al 3% en 2023. En todo caso, la tasa aplicada será menor que la original y será temporal: será del 6% y se aplicará durante 15 meses a partir de enero.
Así el Tesoro espera recaudar el equivalente a más de 2.600 millones de euros al año por los impuestos de los cuatro grandes bancos del país. Los beneficios de los grandes bancos se han disparado por los tipos de interés altos del Banco de Inglaterra, que están en un 3,75% en contraste con el 2,5% del Banco Central Europeo.
El ministro británico de Economía insistió en el carácter temporal del impuesto y alabó a las entidades financieras: “Bancos, celebro y agradezco el papel que jugáis”, dijo.
También subirán los impuestos para las máquinas de juego y empresas de apuestas. A la vez, bajarán impuestos a productos importados de primera necesidad. El Gobierno también ha aprobado una beca de ayuda extra para la Imagination Library de Dolly Parton, un proyecto que regala libros a millones de niños en Estados Unidos y también funciona en el Reino Unido. El salario mínimo subirá un 3,4% hasta las 13, 21 libras (15,77 euros) a la hora para los mayores de 21 años.
Burnham no se ha atrevido, en cambio, a subir el impuesto sobre ganancias de capitales o el patrimonio, y en total las subidas de impuestos serán más reducidas que las de su predecesora laborista, Rachel Reeves. El incentivo a la inversión para las cuentas de ahorro se mantiene. Las acciones de bancos como Lloyds y Barclays subieron tras este anuncio.
Un mundo muy incierto
El principal argumento de la subida de impuestos para los bancos es intentar recuperar las cuentas públicas del efecto de la guerra de Irán y los próximos movimientos en Oriente Próximo.
“El mundo es un lugar muy incierto”, dijo el ministro de Economía, John Healey. “Los conflictos internacionales están empujando hacia arriba los precios de energía y el coste de la vida en casa, añadiendo presión a los hogares, las empresas y nuestras finanzas públicas”.
Healey reconoció que su país afronta “tiempos difíciles” por las “tormentas internacionales” en un momento en el que el Reino Unido, aislado por el Brexit de sus principales socios comerciales, está sufriendo más que otros vecinos.
El Estado británico afronta los costes más altos para financiarse desde la crisis de 2007. El bono a diez años del Tesoro británico tiene una rentabilidad del 5,35% (el de España en comparación ronda el 4%). El ministro insistió en que “la disciplina fiscal” guiará sus decisiones y que su objetivo es tener que pedir menos dinero prestado.
Pesimismo
La confianza de los consumidores está en su nivel más bajo desde el Brexit y, pese al apoyo a Burnham, los británicos temen que no haya manera de salir del círculo vicioso del bajo crecimiento y el elevado coste de la vida. El 40% de los británicos creen que el Reino Unido está en recesión (no lo está), según la última encuesta de More in Common. Más de la mitad de los británicos dudan de que la crisis por el coste de la vida vaya a terminar nunca y, aunque la mayoría apoya a Burnham, sólo un 29% cree que logrará bajar los precios.
Según los datos de More in Common, la respuesta más habitual sobre el origen de los males de la economía es que “la inmigración es demasiado alta” (lo dice el 36%), aunque hay variaciones según la ideología.
La mayoría de los votantes laboristas le echa la culpa al Brexit del estado de la economía, mientras que los conservadores creen que se debe a las ayudas públicas y los de Reform, a la inmigración. Burnham ha prometido reabrir el debate sobre la relación con la UE y deja abierta la puerta a una vuelta plena del Reino Unido a la Unión.