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Munch y Picasso se baten en duelo en Málaga, y el encuentro corta el aliento

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Un hombre yace muerto en el sofá, con la sangre chorreando sobre el tapizado de vivos colores. Su asesina, una mujer pelirroja, está al otro lado de la habitación y nos mira de frente con ojos verdes como perdidos. Algo triste y terrible acaba de suceder y sin embargo resulta difícil apartar la mirada de la escena. Eduard Munch lo pintó en 1906, cuatro años después de que la traumática relación que mantuvo con Tulla Larsen acabara de una forma violenta: ella, hija de una familia adinerada que quería casarse, amenazó con suicidarse. Él, aunque profundamente enamorado, se resistía. Pensaba que el matrimonio acabaría afectando su arte, pero para no ser menos que ella se disparó en la punta del dedo medio de la mano izquierda (con la que no pintaba). Poco después, con 44 años, se internó durante ocho meses en un psiquiátrico a causa de la crisis emocional que arrastraba y el alcoholismo.

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El Disseny Hub se rinde ante André Ricard, el diseñador que nos ha hecho la vida más ligera

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En su libro de memorias En resumen... (Angle Editorial), André Ricard (Barcelona, 1929) confesaba estar más interesado por su presente que por su pasado. “Si alguna nostalgia albergo, es por aquello que no viviré”, escribía en 2003. Y su presente, con 97 años, es incapaz de dejar de pensar e imaginar soluciones que hagan la vida más fácil sin que se note, simplemente haciéndola más ligera. En los últimos tiempos, explican quienes están cerca, le da vueltas a cómo diseñar cierres para piezas de ropa que las personas mayores, cuyas manos han perdido la destreza por la artrosis o el paso del tiempo, puedan abotonarlas con facilidad. Ricard 100% puro. Porque ese, la creación de objetos útiles, ha sido efectivamente el acicate de una trayectoria que no se sabe cuando empezó (a los 13 años ya anotaba ideas en una libreta) y no concluirá mientras conserve su capacidad para crear y ponerse en la piel de los demás.

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Artur Ramon celebra cien años con los besugos de Meléndes y el Warhol con marihuana

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“Yo nunca había visto en Barcelona una exposición con este arsenal de obras de tanto nivel y tan variadas cuyo destino lógico serían los museos”, señala con orgullo Artur Ramon frente a un autorretrato con calavera de Andy Warhol en el que se aún se aprecian los efluvios de la mariguana que fumaba su antiguo propietario, un pintor catalán al que el artista se lo regaló en Studio 54 de Nueva York en 1978; un Goya recién descubierto de San Pascual Bailón que próximamente se expondrá en el Museo del Prado o un maravilloso bodegón con besugos y naranjas de Luis Meléndez, uno de los mejores pintores europeos de naturalezas muertas del siglo XVIII. Las tres superan el millón de euros.

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Muere Robert Llimós, el artista que retrató a seres de otros planetas

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A Robert Llimós no le encajan las etiquetas. Decía que un pintor nunca ha de hacer lo que se espera de él, que su obra siempre debía sorprender. Y fue fiel a ese principio incluso a su pesar. Después de una primera etapa pegado al movimiento de la nueva figuración y de coquetear después con la abstracción y el arte conceptual, su trayectoria artística cambió radicalmente en 2009 a raíz del avistamiento de un ovni en la playa de Fortaleza, en Brasil. Salió hacia la playa, se sentó en unas dunas y se puso a dibujar. Desde entonces el tema de su obra han sido los alienígenas, los pasajeros que iban dentro de la nave, a los que dedicó numerosos retratos, modificando una y otra vez sus rasgos. “Yo solo pinto lo que vi”, decía. Y bajaba a menudo al detalle: “Me enviaron un mensaje para advertirme que las estaba pintando mal las orejas, que las humanizaba”.

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Los Museos Vaticanos llegan a Barcelona con los artistas que volvieron al templo en el siglo XX

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Un año después de ser elegido Papa, en 1963, Pablo VI se reunió con centenares de artistas en la Capilla Sixtina, bajo los frescos de Miguel Ángel. Era consciente de que, después de siglos en los que la Iglesia había ejercido un importante papel de mecenazgo con grandes pintores, pintores y arquitectos, los artistas se estaban alejando tanto de los temas religiosos como de las instituciones eclesiástica. “Tenemos necesidad de vosotros”, confesó; les pidió perdón por si en algún momento limitaron su creatividad y les tendió la mano: “Tenemos que volver a ser aliado”. Y un año más tarde volvía a enviarles un mensaje: el mundo necesita la belleza para no caer en la desesperanza.

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