Munch y Picasso se baten en duelo en Málaga, y el encuentro corta el aliento
Un hombre yace muerto en el sofá, con la sangre chorreando sobre el tapizado de vivos colores. Su asesina, una mujer pelirroja, está al otro lado de la habitación y nos mira de frente con ojos verdes como perdidos. Algo triste y terrible acaba de suceder y sin embargo resulta difícil apartar la mirada de la escena. Eduard Munch lo pintó en 1906, cuatro años después de que la traumática relación que mantuvo con Tulla Larsen acabara de una forma violenta: ella, hija de una familia adinerada que quería casarse, amenazó con suicidarse. Él, aunque profundamente enamorado, se resistía. Pensaba que el matrimonio acabaría afectando su arte, pero para no ser menos que ella se disparó en la punta del dedo medio de la mano izquierda (con la que no pintaba). Poco después, con 44 años, se internó durante ocho meses en un psiquiátrico a causa de la crisis emocional que arrastraba y el alcoholismo.








