Crítica de "Esta soledad": después del amor ★★★
Dirección: Javier Giner. Guion: Javier Giner y Luisa Matienzo. Intérpretes: Oriol Pla, Marina Salas, Gemma Martínez y Kai Etxaniz. España, 2026. Duración: 110 minutos. Drama.
Hay una hermosa idea vertebral en “Esta soledad”: el hecho de contar lo que ocurre después de una ruptura amorosa que se intuye traumática sin explicar los motivos que la causaron y observando los restos del naufragio por separado, descartando las clásicas segundas oportunidades, dejando a sus personajes a la deriva, lidiando con lo que significa estar solos de nuevo. Esa radical separación desembocará, finalmente, en una preciosa secuencia, que demuestra que el plano/contraplano sigue siendo la mejor figura retórica para potenciar la mirada de los afectos en el lenguaje cinematográfico.
Pero, hasta llegar ahí, Leo (Oriol Pla, con esa corporalidad tan presente, tan expresiva) y Lorea (Marina Salas, que tiene que cargar con demasiada hostilidad sobre sus hombros) han de transitar caminos pedregosos, que riman en un aspecto fundamental -la conflictiva relación con sus respectivas madres, que no es sino otra manera de reflexionar sobre su identidad en estado de demolición-, lo que se convertirá en su particular cruzada contra sí mismos.
El debut en el largo de Javier Giner después de la serie “Yo, adicto” sobrevive con pericia a sus propios desequilibrios. El principal procede del drama de sus personajes, mucho mejor definido en el caso de Leo, cuyo sentimiento de orfandad parece contagiarse a todas sus acciones, a su estar en el mundo: a su monólogo teatral; a sus descansos en el supermercado en el que trabaja; al momento en que, en la ambulancia, pregunta si su padre se va a morir; a la secuencia de su encuentro decisivo con el pasado. A su lado, el malestar de Lorea queda desdibujado, y su peripecia con una expresidiaria como improvisada ‘roommate’ suena del todo postiza. Acaso la tensión no resuelta que acabó con la ruptura de Leo y Lorea se traslada a la propia película, inestable por naturaleza.
Lo mejor:
El planteamiento, la escena final y Oriol Pla, siempre es un placer verle.
Lo peor:
Los desequilibrios dramáticos entre las historias de los dos personajes descompensan el conjunto.

