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Muere el exalcalde de Sevilla Alfredo Sánchez Monteseirín

El exalcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín junto a María Jesús Montero

El exalcalde de Sevilla Alfredo Sánchez Monteseirín ha muerto a los 69 años, según han confirmado fuentes del PSOE y el alcalde de la capital andaluza, José Luis Sanz, quien ha publicado un mensaje en la red social X dando el pésame a familiares y amigos.

Sánchez Monteseirín sufrió un ictus en 2023 y varios episodios similares desde entonces que le tenían apartado de la vida política y pública.

Fue el alcalde de Sevilla que más tiempo estuvo en el cargo, desde 1999 y hasta 2011, cuando cedió el bastón de mando de la ciudad a Juan Ignacio Zoido (PP). De su mandato salieron intervenciones en la ciudad de Sevilla como las Setas, en el centro de la ciudad, la ampliación del carril bici o el proyecto de Torre Sevilla.

Sobre la muerte del exalcalde socialista se ha pronunciado este lunes la secretaria general del PSOE andaluz, María Jesús Montero, en un mensaje de su perfil en la red social X donde ha lamentado el fallecimiento de "un gran político y un visionario que transformó Sevilla".

Sánchez Monteseirín, ha indicado, hizo de la capital andaluza "una ciudad más humana, accesible e igualitaria", una huella que "permanecerá" en la memoria de los sevillanos.

Fuentes del PSOE han explicado a EFE que el partido hará un acto de homenaje y recuerdo al exalcalde pero aún no han concretado los detalles, que tienen que cerrar entre la agrupación municipal y la regional.

El actual alcalde de la capital hispalense, José Luis Sanz (PP), ha recordado también en un mensaje de X que Monteseirín "impulsó y transformó la ciudad durante sus doce años al frente del Ayuntamiento de Sevilla", y el Consistorio ha informado de que se ha guardado un minuto de silencio en su recuerdo.

También se ha pronunciado el exalcalde de Sevilla Juan Espadas (PSOE), quien ha asegurado que ha recibido la noticia de la muerte de Monteseirín con "enorme pesar" y le ha agradecido "por no olvidar" los barrios de la ciudad y por poner a las personas "en el centro" de sus políticas.

Doce años de alcalde

Alfredo Sánchez Monteseirín (La Rinconada, Sevilla, 1957) llegó a la Alcaldía de Sevilla en 1999 de la mano del Partido Andalucista (PA) de Alejandro Rojas-Marcos, con quien alcanzó un acuerdo tras rechazar este la mano tendida de Soledad Becerril (PP), quien también cortejó a los andalucistas.

Rojas-Marcos se decantó por el PSOE de Sánchez Monteseirín y abrió el mandato más largo en el Ayuntamiento de la capital andaluza, que duraría hasta 2011, cuando el PP del hoy eurodiputado Juan Ignacio Zoido ganó las elecciones municipales en mayo de ese año.

De su mano llegaron la Torre Sevilla, las Setas de la Encarnación y la inauguración del tranvía, que luego se amplió hasta llegar al barrio de Nervión desde la plaza Nueva.

Gobernando con IU, creó una amplia red de carriles bici y apostó por las peatonalizaciones de vías claves en el centro de la ciudad y en el barrio de Los Remedios con la calle Asunción.

Bajo su mandato también se abordó el cambio de la Alameda de Hércules, plaza pública del centro y epicentro de la vida alternativa de la capital andaluza.

Sánchez Monteseirín, en su largo mandato, también entregó llaves de hasta 15.000 viviendas de protección oficial en barrios como Los Bermejales o El Porvenir, en el sur de la ciudad. 

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El alcalde que reinventó Sevilla y levantó su Catedral del siglo XXI

La política, como los oficios que lindan con el sacerdocio, halla puntos de encuentro con la Santísima Trinidad: se basan en la fe y son un misterio. Doctores tiene la iglesia y médicos e inspectores de Sanidad tiene la política. Tal era el caso de Alfredo Sánchez Monteseirín –nacido en La Rinconada en el año 1957 y al frente del Ayuntamiento hispalense de 1999 a 2011, con un mandato previo en la Diputación–, quien, cual Platón en su día, cual teólogo o filósofo, como alcalde de Sevilla inauguró en su día la Avenida de la Astronomía y acabó su discurso –previa confusión entre los términos «astronomía» y «astrología»– diciendo: «Nosotros, los astronautas…». Monteseirín, que falleció este 26 de octubre tras no superar las secuelas del grave accidente cerebrovascular sufrido en 2023, reveló entonces su concepción del misterio de la política: el aire acondicionado lo ponía bajísimo –«Lo que suda este hombre», solía decir su antecesora– pero siempre tenía la vista puesta en las estrellas, más allá del corto plazo. «Sevilla es bella porque siempre es nueva», reivindicaba el alcalde, tan criticado durante sus tres mandatos como admirado después. El tiempo tiene querencia por poner las cosas en su sitio. Colón también regresó preso en su tercera travesía. «La ciudad de las personas» fue su máxima.

El tiempo colocó el mandato de Monteseirín a la altura modernizadora de la Expo’92. Cuando le cuestionaban «por qué» a alguno de los proyectos (peatonalizaciones, plan de barrios, metro, tranvía, túneles, festival de cine, carriles bici), el regidor respondía: «Por qué no». «El pasado y el inmovilismo no traen bienestar», citaba.

El 27 de marzo de 2011, con cuatro años de retraso y un 70% de sobrecoste, «la ciudad de Sevilla inauguró este espacio siendo su alcalde don Alfredo Sánchez Monteseirín», reza una placa, con la forma del contorno que dibuja la estructura de «las setas» desde el cielo, en el Metropol Parasol. Con esta obra, dijo entonces el regidor, «inauguramos la Sevilla del siglo XXI». La placa, la última descubierta por Monteseirín como alcalde, se ubica en la Plaza Mayor de un complejo, paradójicamente, privado durante, al menos, 40 años, el tiempo de concesión a la constructora. Monteseirín se vio solo en su último acto, después de que Griñán lo relegara a la categoría de «pato cojo», teletipo mediante, frente a Espadas, en relación a la contienda con Zoido, a quien no perdonó la judicialización de la política. Ni presidentes, ministros ni consejeros. Apenas el subdelegado del Gobierno Faustino Valdés y socialistas próximos como Evangelina Naranjo o Carmeli Hermosín, en su condición de amigos. Tampoco estuvieron los ex delegados de Urbanismo Emilio Carrillo y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, impulsores y delfines, junto a Monteseirín y el presidente de la Agrupación de Interés Económico, Manuel Marchena –que sí estuvo–, de lo que denominaron «la catedral del siglo XXI». Un gran desgaste político y mediático –con el «caso Mercasevilla» ab initio más la guerra interna socialista frente a Viera– y más de 123 millones de coste en un proyecto que consumió fondos con voracidad de oca, los continuos retrasos y cinco fechas de culminación incumplidas, probablemente, estuvieron detrás de tanta ausencia. Ahora todo el mundo es de Monteseirín pero entonces vivió en carne propia el ‘fuego amigo’, el amargo don de la promesa y la lacerante soledad en la muchedumbre. «Ha sufrido más de lo que merecía. Es una pérdida personal absolutamente insustituible», señalaba Fran Fernández, edil de aquella época. «El alcalde que miraba al futuro siempre estará presente en Sevilla», indicó su familia, que rehusó la capilla ardiente en el Consistorio. «Ser alcalde de Sevilla es muy difícil por el carácter de los sevillanos», señalaba el regidor. Aquel día en «las Setas», Monteseirín no dudó de que lo que llamó «sevillanía rancia» «hará este espacio suyo, como las peatonalizaciones, el carril bici o la Plaza de España» y pidió que «no tengan miedo a cambiar de opinión». «Será uno de los lugares más sevillanos, símbolo secular de la Sevilla eterna», pórtico de otra era. Años después, tras un autoexilio madrileño y su regreso, primero, como personal por concurso de la Consejería de Sanidad y, después, como delegado de la Zona Franca de Sevilla, el propio Monteseirín admitió que también a él «le estaban empezando a gustar» la faraónica obra de Jürgen Mayer.

Monteseirín dijo adiós con una obra colosal, «la catedral del siglo XXI», en un día como de boda pero con iluminación de entierro. Decía Bergamín que «sólo el toro puede juzgar al torero». El tiempo también juzga a los dirigentes y ya en vida dejó dicho –con la entrega de la Medalla de la Ciudad por un alcalde del PP, José Luis Sanz, y una plaza con su nombre junto a la Torre Pelli– que el alcalde más longevo de Sevilla, como el obispo Waleran de «Los pilares de la tierra», no subió a las alturas sólo para caer sino que de verdad inauguró una nueva era. Monteseirín, bético, socialista de Pablo Iglesias, a ratos ciclotímico y orgulloso hijo y nieto de maestros, se despidió en la obra que tantas dificultades le ocasionó. Su legado. «El mayor riesgo es no asumir ninguno», dijo, solemne, citando a Juan Ramón: «Tira la piedra de hoy, olvida y duerme. Si es luz, mañana la encontrarás, ante la aurora, hecha sol». El legado Monteseirín resplandece.

© Diputación de Sevilla

El alcalde durante tres mandatos de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín

Monteseirín, por fin, inauguró el Metropol Parasol
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