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Puentes y aeronáutica: la colección ingenieril del Prado

Al fondo de «La Torre del Oro», de David Roberts, se percibe la silueta del puente de Barcas de Sevilla, una estructura construida por los almohades en el siglo XII, a partir de barcas amarradas entre sí por unas gruesas cadenas que sostenían los tablones que conformaban la pasarela. Fue la única unión entre esta ciudad y Triana durante casi 700 años. También en un detalle del «Luis XIV» de Hyacinthe Rigaud, se aprecia el histórico puente de Jambes sobre el río Mosa, al pie de la actual Bélgica. Y en la «Vista de Zaragoza» de Martínez del Mazo se muestra el puente de Piedra arruinado a causa de la tremenda crecida del río Ebro en 1643. «La presencia de la ingeniería en el arte nos habla del grado de desarrollo de la sociedad del momento, o del ojo del artista capaz de fijarse en infraestructuras importantes e interesantes para su creación», explicaba ayer Alfonso Palacio, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado, durante la presentación de un nuevo itinerario. Hasta el 21 de febrero, el visitante podrá observar la colección permanente desde un nuevo ángulo: «La ingeniería en el Prado: un puente entre el arte y la técnica».

Las pinturas mencionadas al inicio de este artículo son algunas de las 29 obras que componen esta nueva perspectiva, piezas en las que caminos, puentes, puertos, molinos, recintos fortificados y otras infraestructuras ocupan un lugar destacado. Desarrollado en colaboración con la Fundación Fhecor, y comisariado por los ingenieros Javier León y Francisco Javier Fernández, el itinerario se extiende por las tres plantas del Edificio Villanueva, y abarca obras de entre el siglo XV y finales del XIX. «El objetivo era difundir que la ingeniería está en todas partes, es algo evidente de la vida diaria, y lo mismo ocurre en el Prado», resume Fernández, matizando que la selección se ha realizado «de manera que hubiese un recorrido lógico por las diferentes salas del museo, y que no fuesen las grandes obras de la colección que ya todo el mundo visita».

Se incluyen así pinturas tan dispares como «El Tránsito de la Virgen», de Andrea Mantegna –incluye el puente que constituía la entrada principal a Mantua–, «Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez», de Antonio Carnicero –representa una obra de ingeniería aeronáutica, inédita en el XVIII–, o «La pradera de San Isidro», en la que Goya incluyó el puente de Segovia y el pontón de San Isidro de Madrid. Unas piezas que responden, dicen los comisarios, a tres bloques. En primer lugar, el que agrupa las obras donde la protagonista absoluta es la ingeniería, como en «El puente de Martorell», de Mariano Ramón Sánchez. Por otro lado, están las obras donde la ingeniería desempeña el papel de testigo mudo de la escena principal, como es el caso de la pintura de Goya. Y el tercer bloque es el que requiere de un mayor nivel de observación, pues son aquellas en las que encontrar la ingeniería resulta todo un reto, pues está prácticamente oculta. «Es muy interesante este último grupo, nos hace preguntarnos qué quiso el artista al incluir esos detalles», apunta Fernández, refiriéndose al que se cree como el Puente Buriano de Arezzo en la «Mona Lisa» del Prado, del taller de Da Vinci.

© Museo del Prado

«Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez», obra de Antonio Carnicero

© EFE

Presentación de 'La ingeniería en el Prado: un puente entre el arte y la técnica', una nueva mirada sobre sus colecciones
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