Francia controla la violencia de un movimiento con cifras a la baja
La jornada de este sábado se presentaba con un índice de riesgo muy alto según el ministerio del Interior francés porque a los 350 puntos designados para concentrarse o manifestarse por todo el país a la llamada de sindicatos, chalecos amarillos y asociaciones estudiantiles, había que sumarle los festejos de Halloween como un elemento de ”riesgo suplementario" durante la tarde, en el crítico momento de la dispersión que suelen utilizar los vándalos para provocar altercados. Se trataba de una situación compleja en su gestión para las fuerzas del orden. Los altercados que sí se han producido al inicio de la noche en algunas ciudades no han sido, sin embargo, de la magnitud de semanas anteriores. Incluso el ministro del Interior, Laurent Núñez, explicaba a media tarde que la jornada discurría con calma general. Teniendo en cuenta de dónde viene Francia, esto ya no es poco. A pesar de algunos enfrentamientos con fuerzas del orden que han acontecido en París, Toulouse o Lyon, esta tercera gran jornada de movilización ha ido a la baja si tenemos en cuenta las cifras. El Ministerio del Interior ha contabilizado 320.000 manifestantes este sábado en toda Francia, frente a los 410.000 del 24 de octubre y los 550.000 del 17 de octubre.
Los sindicatos elevan la cifra a medio millón este sábado, pero coincide la tendencia a la baja. Al cierre de esta edición ya había 422 detenidos y 10 policías detenidos tras la jornada. Cifras altas pero también, bastante inferiores a las de jornadas anteriores. El sábado 17, cuando todo estalló en Francia, esa cifra de detenidos llegó a los 2.628. El amplio dispositivo policial se ha mantenido durante toda la noche debido a los numerosos llamados de grupos radicales en redes sociales para provocar altercados aprovechando los festejos de Halloween.
Esta caída de la participación se debe, según los dirigentes estudiantiles, a la estrategia del “caos” que, según ellos, puso en marcha el Gobierno de Macron con las restricciones de las manifestaciones no sindicales y los vaivenes jurídicos para autorizar marchas en zonas muy alejadas de los centros urbanos, en especial en París. En la capital francesa, varias instancias judiciales han emitido varios pronunciamientos que han provocado cambios constantes del lugar de la manifestación principal en las horas previas a su celebración. Una intentona, aseguran algunos estudiantes, de desorganizar las protestas, por un lado, y de dividir a los manifestantes.
Varias ciudades francesas han aplicado toques de queda desde las 23 horas de este sábado hasta las 6h de la mañana de hoy domingo y repetirán la medida excepcional en la madrugada del domingo al lunes. En el caso de París, los toques de queda se han aplicado en dos distritos céntricos que fueron los más impactados por los destrozos de las jornadas anteriores. Al cierre de esta edición circulaban por redes sociales convocatorias para manifestarse de formar salvaje durante la madrugada en algunos puntos de París donde se había impuesto el toque de queda. Los menores no acompañados también se ven afectados por los toques de queda en otras ciudades, como Burdeos, Marsella o Le Mans.
La baja cuantitativa en el movimiento de este sábado acontece después de que algunas asociaciones estudiantiles hayan reconocido que varias medidas anunciadas por el gobierno en los últimos días van “en la buena dirección”. Se trata de las medidas con menor impacto en el maltrecho presupuesto de una Francia muy endeudada como el abandono de la plataforma Parcoursup, muy criticada por los estudiantes, que designa la pasarela de acceso a la universidad. Pero pese a ello, los estudiantes afirman que van a seguir en las calles. El martes habrá nuevos bloqueos pero la siguiente gran fecha en rojo en el calendario en Francia será el próximo jueves con una huelga nacional convocada por la intersindical. Paralelamente a los anuncios, el gobierno de Macron juega la carta de la firmeza también en el plano judicial con la aceleración del trámite parlamentario de la nueva ley contra el vandialismo, que rige el principio "el que rompe paga" con multas de hasta 10.000 euros. El texto llega con polémica porque no sólo sanciona a los que destrocen directamente sino también a los que se mantuvieran en el lugar de los destrozos tras 2 avisos policiales.
De poco parece haber servido la multiplicación de mensajes a favor de una vuelta en calma a las aulas el lunes lanzados por Macron y por su ministro de Educación, Édouard Geffray, quien en una carta abierta enumeraba el viernes las principales iniciativas ya anunciadas. Entre ellas figura limitar a 28 el número de alumnos por clase en segundo curso de secundaria en la mitad de los institutos menos favorecidos, a partir de septiembre de 2027, antes de extender la medida a todos los centros en 2028, así como contrataciones de docentes.
Por su parte, los chalecos amarillos intentan tener su eco social entre los estudiantes y los sindicatos mostrando confluencia en ocasiones y en otras, agenda propia. La coordinadora de los chalecos, cuya convocatoria este viernes a hacer caceroladas quedó bastante descafeinada, llamó de nuevo este sábado a una asamblea de asambleas del movimiento para finales de noviembre con el objetivo de agrupar las distintas luchas sociales, tras lo que calificó de “éxito inmenso” y punto de inflexión del movimiento en la jornada de protestas del 17 de octubre de 2026.


© EFE




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