El dolor de las familias: así es la angustiosa espera de noticias
En las estancias de la Casa de Ejercicios «El Buen Pastor» de Toledo el tiempo no transcurre en minutos, ni en horas, sino en la angustia de decenas de familias que aguardan noticias en una vigilia dolorosa. Tras el devastador choque de trenes de Urda (Toledo), que se ha cobrado decenas de vidas y deja más de un centenar de heridos, la incertidumbre devora a los allegados de quienes viajaban a bordo. Con más de sesenta denuncias formales por desaparición contabilizadas por la Guardia Civil, el centro de acogida toledano se convirtió desde el miércoles en el epicentro donde el dolor busca sostén frente al silencio.
Hoy ya les han dicho que las esperanzas para que los desaparecidos sean localizados con vida sin ínfimas y están a la espera del certificado de defunción.
Porque tras la asepsia de las cifras oficiales se esconden vidas cotidianas truncadas en un trayecto que debía unir Madrid con Andalucía por trabajo, reencuentros o celebraciones familiares. Lejos de fríos listados administrativos, las historias de los no localizados se cruzan en los pasillos de «El Buen Pastor» y en las dependencias de la Guardia Civil donde los allegados entregan muestras de ADN.
Fue el caso de Curro, de 51 años, cuya imagen vistiendo un traje de cuadros y camisa azul comenzó a circular por redes sociales y WhatsApp pocas horas después del siniestro. Como recogíamos ayer desde la versión digital de LA RAZÓN, sus familiares y amigos lanzaron una campaña desesperada solicitando cualquier pista a quien pudiera haberlo visto o reconocido en algún centro sanitario de la región.
Una angustia similar a la de la joven Ana Román al comprobar que su madre, Ana Avilés Uruñuela, no llegaba a su destino. Viajaba en ese tren para asistir este sábado a la boda de su propia hija, quien mostraba entre lágrimas la fotografía de su madre ante las cámaras de televisión, rogando que cualquier persona con datos sobre su paradero se pusiera en contacto con los centros hospitalarios.
La colisión golpeó con violencia inusitada a las composiciones traseras del tren AVE, convirtiendo al vagón 8 en uno de los puntos más dramáticos de la búsqueda. Ocupando el asiento 13A de ese coche viajaba el padre del actor sevillano César Vicente, quien aguarda en Toledo junto a su madre bajo una entereza asombrosa: «La incertidumbre es lo que más nos está matando, pero hay que estar calmados». Apenas unos centímetros al lado, en el asiento 13B, se encontraba David Benítez, cuya familia peinaba desesperadamente los hospitales manchegos tras obtener el rastreo de una ficha médica, mientras su madre entregaba muestras biológicas en Sevilla.
En ese mismo coche viajaba también David Reina, un joven técnico de Renfe de 22 años.
La tecnología devolvió señales estremecedoras en el caso de José Ángel San Emeterio, de 54 años. Según las declaraciones recogidas por Europa Press, el reloj inteligente que llevaba en la muñeca emitió una alerta automática de impacto situando su ubicación exacta sobre las vías del tren en Toledo. Desde el centro de atención a las víctimas, su hermana Esther relataba la devastadora montaña rusa emocional de la espera: «Hay picos de esperanza absoluta y picos en los que te vienes abajo».
En mitad de la desolación, el hallazgo con vida de Trece, el perro de Pepe que viajaba en un transportín, supuso un pequeño milagro que permite a la familia mantener la fe en que Pepe se encuentre ingresado e inconsciente en algún hospital.
En esta misma trama de ausencias se entrelazan las vidas de servidores públicos e ingenieros, como el agente de la Guardia Civil Juan José García Palacios, el policía nacional Iván Romano Ramos (42 años) o el joven ingeniero David Martínez Méndez. A ello se suman episodios de crueldad involuntaria, como el sufrido por la familia de Antonio Vázquez –apoderado taurino y hermano del maestro Curro Vázquez–, que acudió al Hospital Universitario de Toledo tras recibir una pista sobre su supuesto ingreso que resultó ser falsa: a pesar de estar registrado su nombre en la base de datos, allí no estaba.
Mientras los forenses avanzan en el Instituto de Medicina Legal de Toledo, la Guardia Civil insiste en que las notificaciones se realizarán de forma presencial, alertando contra los mensajes fraudulentos que ayer circularon entre algunos familiares. Nunca la Guardia Civil informaría de algo así vía mensaje de móvil.


© EFE