El accidente de Urda, un escenario más dantesco que Adamuz y un rescate extremo palmo a palmo: "Al levantar una plancha había dos muertos y otros cuatro a los que aún no se puede llegar"


Lo que comenzó como unas simples declaraciones sobre el encargo de una nueva talla para una cofradía ha terminado en un revuelo mayúsculo que incomoda a las demás hermandades del municipio madrileño de Alcalá de Henares. Pese a que el encargo era privado y ya estaba realizado a un imaginero sevillano, será el Ayuntamiento complutense el que destine 28.000 euros de dinero público a este mismo profesional para costear la nueva talla que exhibirá cada domingo de resurrección la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado y Nuestra Señora de la Salud y el Perpetuo Socorro y San Diego. Oposición, cofradías y asociaciones vecinales critican este movimiento que el Consistorio defiende como una forma de “mejorar la Semana Santa”.

© Ayuntamiento de Alcalá (Ayuntamiento de Alcalá)
Levantarse ha sido difícil en estos últimos días para Damián Bernabéu (Jaén, 63 años). Este profesor de Formación Profesional (FP), que llevaba 36 años ejerciendo hasta que se quedó en paro este verano, decidió unirse el 19 de octubre a las protestas de los docentes madrileños que están en huelga indefinida por la educación pública. La policía cargó contra Bernabéu y otros participantes frente al Palacio de Santoña, en el centro de la ciudad, a las puertas de un acto de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, mientras los profesores pedían mejorar las condiciones de un trabajo que él espera recuperar algún día. Un agente le empujó con un escudo policial, se cayó al suelo y se dio contra una pared. El impacto le dejó un gran moratón e hinchazón en la espalda que le provoca dolor cada vez que intenta levantarse de una silla o de la cama. Ahora ha presentado una denuncia en un juzgado de guardia por lo que considera una “fuerza bruta contra una gente totalmente pacífica”.

© Jaime Villanueva



La librería más antigua de Madrid protagoniza estos días un thriller inmobiliario en el que no todo es lo que parece. Para contar la historia que hay detrás, hay que presentar a sus tres protagonistas: la dueña del local y de la librería, Ana Serrano, una mujer que heredó el negocio de su familia y que lo regentó junto a su hermana toda la vida; Juan José Janeiro, un inversor extranjero que aprovechó el momento en que se anunció el cierre hace algo más de cuatro años y quiso rescatarla; y Pablo Cerezo, un joven entusiasta comprometido con la cultura. El conflicto amenaza con hacer desaparecer Pérgamo, una librería con estanterías de otro siglo y por la que han pasado los autores más reconocidos del mundo.

© INMA FLORES
El Ayuntamiento de Madrid ha abierto este lunes el plazo para solicitar su nueva convocatoria de ayudas por nacimiento o adopción. La iniciativa, enmarcada en el Plan de Fomento de la Natalidad y Conciliación 2024-2029 del consistorio, contempla ingresos de entre 500 y 1.000 euros en un pago único por cada menor que se incorpore a la familia.
El gobierno municipal ha dotado esta medida con una partida plurianual de 15,4 millones de euros. De esta cantidad, 4,7 millones son para la recta final de 2026 y 10,7 millones para el ejercicio 2027. El consistorio prevé ampliar ese presupuesto si el volumen de peticiones supera las estimaciones iniciales.
Su principal baza frente a otros subsidios sociales es su carácter universal, ya que no establece límites de renta en la unidad de convivencia ni topes de edad a los progenitores, centrando el filtro en el arraigo administrativo dentro de la capital.
El importe final que abona el Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad depende de la posición que ocupe el recién nacido en la familia.
Cuando se dan partos múltiples o procesos de adopción simultáneos, la cuantía no se entrega como un bloque cerrado. Se calcula sumando el dinero individual que corresponde a cada menor en función de su orden. En estas situaciones, además, la administración local exige formalizar una solicitud independiente para cada uno de los bebés.
El corte principal para optar a este ingreso extraordinario no figura en la nómina, sino en el padrón municipal. Las bases dictan que al menos uno de los dos progenitores o tutores legales debe sumar un mínimo de cinco años continuados e ininterrumpidos empadronado en la ciudad de Madrid con anterioridad a la petición. Residir en municipios como Getafe, Alcobendas, Leganés o Pozuelo de Alarcón deja fuera de la convocatoria al solicitante.
A este requisito de arraigo se suman las condiciones legales habituales. El solicitante debe tener la nacionalidad española o permiso de residencia en vigor, mantener la patria potestad del menor y no acumular deudas tributarias ni con la Seguridad Social.
En cuanto a las fechas que dan derecho al cobro, la convocatoria cubre a los niños nacidos o adoptados legalmente entre el 1 de septiembre de 2026 y el 31 de diciembre de 2027.
El margen fijado por el consistorio es estricto. Las familias disponen de dos meses naturales para registrar el expediente y agotar esa ventana supone perder el derecho a percibir el dinero. No obstante, el inicio del cómputo varía según la fecha del nacimiento:
El trámite puede gestionarse tanto por canales digitales como presenciales:
Tras cotejar los datos con el padrón y validar los documentos, el consistorio ingresa la ayuda mediante una transferencia directa en un único pago en la cuenta bancaria indicada.
Este es el aspecto que genera más dudas entre los solicitantes. El cheque bebé municipal (exclusivo para familias empadronadas en la capital) no debe confundirse con la ayuda de fomento de la natalidad del gobierno regional, que abarca a toda la Comunidad de Madrid. Se trata de dos prestaciones gestionadas por administraciones distintas. Son 100% compatibles y acumulables entre sí, lo que permite percibir ambas si se encaja en sus respectivos criterios.
La diferencia radica en el formato y los límites. Mientras el Ayuntamiento concede un pago único sin límite de ingresos para vecinos de la capital, la Comunidad de Madrid abona una paga mensual continuada de 500 euros desde la semana 21 de gestación hasta que el hijo cumple dos años, sumando un máximo de 14.500 euros por menor.
A diferencia del trámite municipal, la ayuda autonómica no abre plazos puntuales esta semana, sino que mantiene su registro disponible durante todo el año. En contrapartida, limita su acceso a madres de hasta 30 años (ampliable a 35 a partir de 2027 en caso de esperar un tercer hijo) con ingresos anuales por debajo de los 30.000 euros en declaración individual o 36.200 euros en conjunta, exigiendo cinco años de padrón en cualquier punto de la región.
De esta manera, una madre empadronada en la capital que cumpla esos baremos puede ingresar la cuota mensual regional desde el embarazo y sumar, tras el parto, el pago único de hasta 1.000 euros del Ayuntamiento.
Existe en la vida pública española una variedad fascinante de misticismo administrativo: la conciencia que solo despierta cuando se cierra la ventanilla de las prebendas. Hasta la tarde de este domingo, don Francisco Martín Aguirre, delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, era un hombre de una flexibilidad espiritual admirable, capaz de digerir sapos institucionales con la serenidad de un faquir en hora punta. Sin embargo, bastó un ligero descuido tipográfico —la ausencia de su nombre en las listas del PSOE al Congreso y al Senado para el próximo 29 de noviembre— para que al caballero le sobreviniera, de golpe, un ataque agudo de dignidad.
Si Evelyn Waugh hubiera tenido la fortuna de pasear por la calle Miguel Ángel en lugar de por Mayfair, habría encontrado en don Francisco al protagonista ideal para una secuela castiza de Merienda de negros. Nuestro hombre concibió la Delegación del Gobierno no como esa aburrida oficina encargada de velar por el orden público y la neutralidad institucional, sino como un pintoresco laboratorio de agitación lírica y despropósitos logísticos.
Su debut en el gran teatro del absurdo patrio quedará para siempre ligado a aquella mañana en la que, con la solemnidad de quien descubre la pólvora mojada, tuvo a bien instruirnos sobre el verdadero patriotismo. Según su exégesis, los herederos políticos de Bildu habían hecho infinitamente más por los españoles y por España que todos los ciudadanos de los «patriotismos de pulsera». Uno podía imaginar a don Francisco frente al espejo, ensayando el gesto de estadista audaz, sin sospechar que ni siquiera tamaño tributo verbal le garantizaría un modesto taburete en la Carrera de San Jerónimo. El hombre hipotecó el diccionario y ni siquiera le dieron el recibo.
Pero su talento no se limitaba a la oratoria creativa; también brillaba con luz propia en el arte del caos urbano. Bajo su celosa tutela, la Puerta del Sol dejó de ser el kilómetro cero de las carreteras radiales para convertirse en un campamento estacional donde las tiendas de campaña florecían con la complacencia de su despacho, siempre tan comprensivo con el desorden ajeno cuando rimaba con la consigna propia. Y qué decir de la gloriosa estocada a la etapa final de la Vuelta Ciclista a España en el corazón de Madrid: porque nada proyecta mejor la imagen de una capital moderna y segura que la incapacidad —o el desgano— para garantizar que unos señores en bicicleta puedan dar pedales por la Castellana sin que el dispositivo gubernamental colapse entre excusas y sectarismos.
Tragó quina, defendió lo indefendible y convirtió su cargo en una trinchera de partido sin que un solo músculo de su ética protestara
Todo ello —los incendios dialécticos, el boicot tácito a la convivencia madrileña, el entusiasmo de comisario aplicado— lo ejecutó don Francisco con una sonrisa imperturbable. Tragó quina, defendió lo indefendible y convirtió su cargo en una trinchera de partido sin que un solo músculo de su ética protestara.
Y, de pronto, el milagro. Al comprobar que los arquitectos de Ferraz habían olvidado incluir su sacrificado apellido en el boletín de los elegidos, don Francisco descubrió que tenía principios. Se marcha hoy dando un portazo que pretende sonar a tragedia griega, aunque en realidad suene al tintineo melancólico de una aspiración frustrada. Es la «dignidad sobrevenida», esa virtud tardía que nunca asoma cuando se maltrata a los ciudadanos o se degrada una institución, pero que estalla con furia indomable en el preciso instante en que a uno le dejan sin escaño. Madrid pierde a un delegado, sí, pero la picaresca contemporánea gana a su mártir más involuntariamente cómico.
A la una y media de la madrugada, un hombre llamado Rubén circula por la carretera en dirección a su vivienda en Arroyomolinos (Madrid). Es 22 de febrero de 2023, apenas hay tráfico, pero una patrulla de la policía le da el alto. Él para el vehículo pensando que es un control rutinario, cuando, de repente, se ve envuelto en una maraña de golpes e insultos y esos supuestos agentes lo meten a trompicones en su coche. Al mismo tiempo, en su casa, cuatro encapuchados, también vestidos como policías, sacan a su mujer y sus hijos de la cama y los meten en otro coche. Es el inicio de una noche de terror y brutalidad a manos de una banda a la que no le temblaba el pulso para conseguir todo el dinero y las joyas que pudiera. ¿Su límite? Una anotación en un papel en la mesilla de noche de uno de los criminales da una idea de sus expectativas: “Riqueza Éxito - un millón de euros”.