El arzobispo de Toledo sobre los desaparecidos del accidente de tren: “La esperanza no quita nada del dolor”
Todo el dolor del mundo cabe en el jardín arbolado que se extiende ante la casa sacerdotal Buen Pastor de Toledo, el lugar habilitado en la capital castellanomanchega para acoger a decenas de familiares de las víctimas desaparecidas. Aquí comen, algunos duermen y esperan noticias desde hace dos días. La gente charla en corrillos diseminados, en un ambiente en el que se mezclan la tristeza, la frustración, la rabia y la incertidumbre; las personas se abrazan de esa forma larga en la que a uno le da tiempo a acariciar la espalda del otro, se oyen durísimas conversaciones en voz baja —“Ella es pequeña, pero madura…”; “es bueno que pueda llevar una flor a una lápida”— y de vez en cuando se eleva un llanto desconsolado que provoca un nudo en el estómago.
