Cómo, por qué y que no vuelva a suceder. Este ha sido el mensaje que Felipe VI ha querido transmitir tras el choque de trenes de ayer en Urda (Toledo) que ha causado al menos 69 fallecidos.
La campaña electoral discurría por los derroteros de la frivolidad, hasta que otra tragedia nos recordó para qué sirve votar. Mientras algunos se dedicaban a la virtualización política, hablándonos de partidos útiles, de jugadas maestras o de cómo sacar más escaños fusionándose en una misma candidatura electoral, la realidad llamó a la puerta. Una setentena de españoles perdió la vida en el choque de trenes en Toledo. Sin embargo, no esperen que el poder político asuma tampoco esta vez ninguna responsabilidad.
Tras vivir una tragedia como el accidente de trenes de Toledo, el mundo de las víctimas se derrumba. Cae la sensación de invulnerabilidad, la convicción de que el mundo es un lugar seguro que podemos controlar. De que, siempre que uno actúe como debe, no ocurrirá nada malo. Esta idea, explican los psicólogos, surge en los primeros años de vida. Es entonces cuando el niño desarrolla un sentido de confianza básica: la percepción de que el mundo es un lugar predecible donde, si uno se comporta bien, todo irá bien. El mundo no funciona así, pero a veces es necesario pensar que sí para poder llevar una vida funcional. Poder coger el coche, el tren o salir a pasear sin pensar que podemos morir en cualquier momento. La recuperación psicológica de las víctimas, en gran medida, pasa por reconstruir dichas suposiciones. Dejar de ver el mundo como un lugar eternamente peligroso y volver a confiar.
El fatídico accidente ferroviario sufrido en la línea Madrid-Sevilla, el segundo en lo que va de año, ha vuelto a poner el foco en el mantenimiento de la red ferroviaria de alta velocidad. Con la cifra de fallecidos y heridos aún sin cerrar y las circunstancias del suceso aún por aclarar, ingenieros y académicos reclaman una revisión de la gestión de la red. Esta ha multiplicado su tráfico mientras la conservación quedaba en un segundo plano: España ha preferido estrenar kilómetros de alta velocidad antes que cuidar la solidez de las vías, la señalización y los sistemas en los corredores ya operativos, coinciden varios de los expertos consultados. Entre 2018 y 2022, España dedicó a mantener su red de alta velocidad unos 240 millones de euros al año, el 16% de lo que gastó en ella; los otros 1.240 millones se fueron a obra nueva, según la Comisión Europea. En Francia y Alemania, lo destinado a mantener, renovar y mejorar las líneas existentes ronda un tercio del gasto total.