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Anthropic’s record $2tn IPO could bring global risks to a head

27 October 2026 at 10:50

Anthropic, developer of AI chatbot Claude, has filed its prospectus and is expected to go public on Wall Street in November at a valuation of up to US$2 trillion. That would make it the highest-valued initial public offering (IPO) ever, ahead of SpaceX’s $1.77 trillion listing in June. OpenAI, the maker of ChatGPT, is expected […]

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Renovables para pagar la vivienda pública y pensiones: la propuesta para crear un fondo soberano “a la noruega”

27 October 2026 at 10:01

Renovables para pagar la vivienda pública y pensiones: la propuesta para crear un fondo soberano “a la noruega”

La fundación Hope! lanza la campaña ‘España puede ser la hostia’ para aprovechar de forma colectiva el sol y el viento como escudo social, imitando el fondo soberano noruego con el petróleo.

El secreto de habitar una muy buena casa por 700 euros al mes

La bombilla se le encendió tras leer una noticia: el fondo soberano noruego —el mayor del mundo— acababa de comprar casi la mitad de una planta renovable operada por Iberdrola. No era la primera operación de este tipo. El fondo noruego tiene el 49% de siete plantas fotovoltaicas y de una eólica operadas por la energética española.

Este instrumento, gracias al cual Noruega costea un cuarto de su gasto público, se beneficia de lo que producen los parques renovables del país. “El sol español está pagando las pensiones de los noruegos. ¿Por qué no puede pagar las de los españoles?”

Ese fue el razonamiento del divulgador ambiental Javier Peña, detrás del canal Hope!, seguido en redes por cientos de miles de personas, y creador de la serie homónima de RTVE. La fundación acaba de lanzar una propuesta para crear en España un fondo generacional “a la noruega”: aprovechar colectivamente el recurso energético nacional—en el país escandinavo, el petróleo; en España, el sol y el viento— para pagar la vivienda pública y las pensiones.

La idea, incluida en la campaña ‘España puede ser la hostia’ —que coordina Hope!, pero en la que confluyen decenas de entidades, y presentada a los partidos políticos ante la convocatoria electoral del 29N—, es que el nuevo mecanismo se inspire en el fondo que Noruega creó en la década de 1990 para no gastar los beneficios de su petróleo. Después de encontrar oro negro en el Mar del Norte, en 1969, Noruega apostó por activar un fondo soberano como forma de colectivizar la riqueza, extenderla a lo largo de generaciones y financiar con ella generosos servicios públicos como la sanidad, la educación o las pensiones.

“El fondo da seguridad a todos los que vivimos en Noruega de que tendremos pensiones y podremos mantener el Estado de bienestar”, explica Stig Schjølset, director de la ONG noruega Zero Emission Resource Organisation (ZERO). Sin embargo, también se muestra crítico con las inversiones del fondo en empresas petroleras como Exxon Mobil, Shell, Chevron, BP, TotalEnergies o Repsol.

Hoy, el fondo noruego paga cerca de un 27% del gasto público del país, y cubre el déficit presupuestario, que asciende al 13% de su PIB. Es un escudo financiero ante crisis globales —los noruegos salieron mejor parados de la recesión económica del 2008 que sus vecinos nórdicos— y contribuye a enfrentar un problema creciente: el envejecimiento de la población. Los beneficios del petróleo van a parar a este fondo, que invierte en empresas extranjeras únicamente (para no sobrecalentar la economía local) y posee de media un 1,5% de las empresas cotizadas del mundo.

Javier Peña y su equipo llevan medio año trabajando junto a otros especialistas en economía y energía y colaborando con entidades como Ecooo, Fundación Renovables o Greenpeace, entre otras, para pensar cómo podría ser un fondo español capaz de recoger la riqueza del sol y del viento y usarla para aliviar problemas comunes, como la vivienda o las pensiones.

“El espíritu de la propuesta es acelerar la conquista de la soberanía energética nacional”, señala el divulgador. Se trata, dice, de una transición que redunda en el interés del país: “para blindarnos de los shocks de inflación que provoca el petróleo y el gas y lograr la soberanía energética, bajar el coste de la factura energética y atraer industria, porque vamos a tener la energía más competitiva de toda la Unión Europea”.

España depende en un 68,4% de los recursos energéticos que importa: principalmente, combustibles fósiles, según el Ministerio para la Transición Ecológica. La meta que plantea esta campaña para 2040, y que se conseguiría en parte gracias a este fondo, es que esa dependencia se reduzca a menos del 20%. La fórmula: electrificar a la vez hogares, industria y transporte con renovables, almacenamiento y redes “al ritmo de esa nueva demanda y con lo público como catalizador”. Y zanjan los coordinadores: “Alemania acaba de fijar 2045 para abandonar los combustibles fósiles. España, con mucho más sol, puede llegar antes”.

Por otro lado, el fondo ayudaría a recaudar dinero para las pensiones. Los expertos que han participado en la campaña —entre ellos, el economista Rafael Pinilla o los especialistas en energía Cote Romero y Manel Rivero— han desarrollado un modelo con datos y supuestos que se pueden consultar en su página web a través de un simulador. Según sus cálculos, con un impulso fuerte al fondo, la rentabilidad de las inversiones podrían llegar a cubrir el 4,7% del gasto anual en pensiones en 2050 (teniendo en cuenta los cambios demográficos proyectados). “Esto no significaría comprometer las pensiones, sino incorporar un mecanismo nuevo para blindarlas y mejorarlas”, precisa Peña.

Como, a diferencia de Noruega —donde el Estado tiene un 67% de la petrolera Equinor—, en España el recurso energético no es público, para el fondo español habría que añadir un paso previo. ¿De dónde saldría el dinero para invertir en renovables? Por un lado, de los Presupuestos Generales del Estado. El coste estimado para el Estado sería de unos 2.300 millones de euros anuales hasta 2040, dinero que compraría activos (no se gastaría). El resto lo aportaría la hucha de pensiones, que por ley puede invertir en títulos públicos, y la deuda verde; una libreta generacional que copiaría el modelo francés Livret A —un mecanismo de ahorro garantizado por el que las familias pueden invertir con una rentabilidad asegurada— que permitiría a la ciudadanía contribuir al fondo y beneficiarse de manera más directa; y las hidroeléctricas cuya concesión caduque próximamente. La campaña sugiere que estas plantas no vuelvan a licitarse y que el retorno de los embalses aporte también a la inversión en renovables. “Si ya está amortizada la planta y prácticamente solamente va a generar beneficios, no entiendo muy bien por qué no la podríamos utilizar para esto”, argumenta Peña.

Con ese dinero, el Estado se podría convertir en accionista de nuevos proyectos de energía fotovoltaica, eólica y de almacenamiento. La idea es que adquiera el 30% de cada nueva planta, a precio de coste.

Los beneficios que den las renovables se repartirían así: la mitad iría a una cartera de inversión diversificada, mientras que la otra mitad serviría para construir un parque público de vivienda en alquiler —el Banco de España cifra en 750.000 viviendas el déficit habitacional acumulado en este país— y para rehabilitar edificios sin derrama. “Un piso de 75 metros cuadrados se paga con un alquiler de unos 470-510 euros al mes”, argumenta el plan, cuya presentación coincide con el llamado a las urnas en España, un adelanto electoral motivado por la crisis de la vivienda, con algunas plazas y calles españolas ocupadas por centenares de miles de manifestantes. 

Y la rentabilidad del fondo, imitando el modelo noruego, iría a pagar las pensiones: a partir de 2040, cada año se destinaría a este fin un 3,5 % del valor de la cartera (en Noruega la regla fiscal limita el dinero que el Estado puede retirar del fondo al 3%, que es la rentabilidad anual estimada a largo plazo). 

La campaña aspira a que los partidos políticos se apropien de la idea y la formulen de acuerdo a las consideraciones de cada uno. “Más que definir una receta muy concreta, lo que proponemos son distintos mecanismos que podrían hacer que esto funcione”, afirma Peña.

En Noruega, el fondo soberano cuenta con un consenso amplio entre la sociedad: el debate en torno a su existencia se centra en cuánto dinero retirar, o en qué empresas se debería o no invertir  —y para ello cuenta con un consejo de ética que marca líneas rojas—, pero ningún partido, ni siquiera los más extremistas, ha amenazado nunca con extinguir este instrumento. 

Además de la educación, la sanidad o las pensiones, en el caso de Noruega el dinero del fondo del petróleo, paradójicamente, ha servido para acelerar la transición ecológica. Por ejemplo, incentivando movilidad eléctrica con ayudas y exenciones de impuestos en la compra de vehículos eléctricos que han colocado al país escandinavo en la cabeza de esta transformación del parque móvil.

“Tenemos el ejemplo de Reino Unido y de Noruega con un mismo recurso: el petróleo del Mar del Norte. Noruega creó este mecanismo de riqueza generacional. Reino Unido, no. Reino Unido ahora no tiene nada, solo las tasas que se pagasen en su momento, y Noruega tiene el pilar de uno de los mejores Estados de bienestar del mundo, generando riqueza para las generaciones”, resume Peña. “Creo que es simplemente una opción más inteligente como país”.

‘El libro de la desaparición’: una obra hermosa y valiente entre Jaffa y Tel Aviv

27 October 2026 at 04:30

Como después de un truco mágico de David Copperfield en el que desaparece un edificio de la línea del cielo de Manhattan, un día —no sabemos si “un buen día”—, las recolectoras palestinas de flores en los invernaderos israelíes, los prisioneros palestinos, los conductores palestinos de autobuses en Tel Aviv, los propietarios palestinos de pequeños locales de hummus, desaparecen de Israel. ¿Será una huelga, una maniobra política por parte de la resistencia, una estrategia del ejército israelí, una conspiración? Existe una oposición dentro de Israel contra los desmanes de su gobierno a la que esta novela da voz; sin embargo, aquí la voz fundamental es la de los israelíes para quienes la desaparición constituye una ofensa y un alivio. Ibtisam Azem reflexiona sobre la usurpación de bienes, memoria y discurso; sobre la imposibilidad de asumir la franja gris en determinadas circunstancias históricas y políticas; sobre cómo se pervierte la racionalidad y se devalúa el significado de palabras como democracia. Lo más inquietante es que este libro fue publicado en 2014. Entonces, el pueblo palestino ya contaba con argumentos para denunciar una situación que, como poco, se remonta a 1948 con la creación del estado de Israel y la Nakba, la Catástrofe, que supuso la expulsión de más 700.000 palestinos. Hoy, en pleno genocidio, la lectura de El libro de la desaparición nos alcanza con pertinente vibración ideológica para recordarnos la dimensión ética y la oportunidad política de los textos literarios.

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El libro de la desaparición

Ibtisam Azem Traducción de María Luisa Prieto Las afueras, 2026 280 páginas. 19,95 euros

© EDITORIAL LAS AFUERAS (EL PAÍS)

Retrato promocional de la autora Ibtisam Azem.

La subasta de los bienes que los Franco sacaron del Pazo de Meirás: "Vengo a por un recuerdo de la España franquista"

26 October 2026 at 21:42

La subasta de los bienes que los Franco sacaron del Pazo de Meirás: "Vengo a por un recuerdo de la España franquista"

Entre el interés disparado por los admiradores del régimen franquista y las críticas de las asociaciones memorialistas, este martes se adjudicarán cientos de objetos, entre los que está un maletín del dictador o la fotografía que le dedicó Juan Carlos I, con un precio de salida de 200 euros

El Supremo confirma la sentencia que ordena a los nietos de Franco devolver al Estado el Pazo de Meirás

No deja de sonar el teléfono. La casa de subastas lleva apenas una hora abierta, pero su personal se afana en responder las llamadas de quienes aspiran a hacerse con uno de los objetos de esta puja “especial y única”. Así la define Magna Art Auctions, la empresa a la que la familia Franco ha encargado vender los bienes que retiró del Pazo de Meirás en verano. La subasta es este martes 27 en su sala de Madrid, en el barrio de Salamanca, considerado “zona nacional” durante la Guerra Civil. “Está generando mucho interés, ya lleva varias pujas”, se oye decir a una empleada al teléfono.

En la galería no cabe un objeto más, hasta los despachos están repletos de porcelanas, lámparas, alfombras, pinturas, relojes, muebles y otros artículos que poblaron la residencia de verano ocupada por Franco durante las cuatro décadas de dictadura y otros que fue acumulando allí la familia. En total son 689 lotes que escudriñan con atención varios interesados. “Es de 1991 o sea que Franco ya estaba muerto”, informa una de las trabajadoras de la sala a una mujer que pregunta por un cenicero de plata. “Oh, vaya...”, responde decepcionada antes de seguir consultando piezas.

El pasado mes de julio, los Franco sacaron del pazo lo que fue considerado de su pertenencia y que el Estado no reclamó después de que la Justicia dictaminara que el inmueble de Sada (A Coruña) es de propiedad pública. Son estos los bienes que se subastan este martes, entre los que hay objetos comunes de valor y otros con iconografía del régimen: desde un armario en madera de castaño con el águila y el yugo y las flechas, con un precio de salida de 700 euros, al tapiz repostero con el escudo franquista (850 euros) o dos retratos de Franco que oscilan entre los 100 y 300 euros.

El maletín "personal" de Franco y la fotografía dedicada del Rey Juan Carlos, en la exposición de la subasta.
El maletín "personal" de Franco y la fotografía dedicada del Rey Juan Carlos, en la exposición de la subasta.

La galería los describe en su catálogo por su estilo, su época y su estado de conservación, pero no son objetos de una herencia cualquiera. Personal de sala admite que es una subasta “especial” con un atractivo “diferente” al de otras pujas, no solo por su origen, sino por el interés que está despertando entre admiradores de Franco y nostálgicos de la dictadura que pugnan por llevarse a casa alguna de las cosas que supuestamente usó el dictador. Muchos son hombres mayores, pero también jóvenes “de 18 o 20 años” que no acuden a pujar pero están atraídos por el significado de la subasta, reconocen los trabajadores.

Los precios de salida van de los 20 a los 5.000 euros, que es la cifra adjudicada a un óleo sobre lienzo de San Francisco atribuido al círculo de Luis Tristán. Sin embargo, no es ni de lejos el artículo más cotizado. La sede de Magna Art Auctions, dirigida por José Miguel Carrillo de Albornoz, vizconde de Torre Hidalgo, lleva recepcionando pujas desde que la exposición se abriera al público, ya sea por teléfono o en persona. Por eso, la compañía asume que los precios por el que se venderán definitivamente los lotes serán muy superiores debido a que los importes están “inflados” de antemano.

Catálogo de la subasta.
Catálogo de la subasta.

“Muchos vienen directamente pidiendo algo que usaran los Franco. Hay quienes directamente dicen 'soy franquista'”, explican los trabajadores de la sala, que cada día atienden, escuchan y enseñan los objetos a los interesados que la visitan. Un hombre que lleva un rato observando varios de los artículos asegura que pujará este martes por alguno de ellos, aunque aún no ha decidido cuál. Lo que tiene claro es que lo que busca es “un recuerdo”. “Porque tengo una opinión muy buena de la España de Franco”, afirma.

Algunas cosas ya han multiplicado ampliamente su precio de salida. Entre ellas está el maletín “personal” de piel marrón dedicado “al Generalísimo Franco Caudillo de España y Jefe Nacional de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S”, según indica el catálogo. Su valor inicial es de 350 euros, pero más de veinte personas ya han pujado por más dinero. Ocurre lo mismo con la fotografía del rey Juan Carlos con la bandera franquista detrás y una dedicatoria manuscrita que le regaló al dictador en 1970: “Al Excelentísimo Franco, con mucho cariño y mucho respeto. Juan Carlos”. Su precio de salida es de 200 euros.

Hay interés por las casullas y otra indumentaria litúrgica que había en la capilla del Pazo de Meirás, por la raqueta de tenis Wilson (70 euros) o por los juegos de sábanas de dos tipos que se subastan: unos con la F bordada y la corona ducal de la hija del dictador y otras con el escudo personal de Franco, con precios de salida de 180 euros. También son codiciadas las piezas de vajilla y cristalería con diferentes escudos ligados al régimen o al propio dictador, cuyos precios van de los 150 a los 650 euros. Un pergamino genealógico con antepasados de Franco sobre terciopelo alcanza el valor inicial de 1.200 euros y hasta los 2.500 llega un conjunto de ocho armas procedente de Marruecos.

La colección incluye una fotografía coloreada del dictador, su mujer, Carmen Polo, y su hija o un fotomontaje de la concentración que el régimen celebró en la Plaza de Oriente el 1 de octubre de 1975. Hay sillas, arcones, maquetas de barcos, baúles, camas, y objetos que decoraban los diferentes espacios del Pazo de Meirás, entre ellos, varias esculturas, dos parejas de torcheros de madera por 2.500 euros cada una o un par de armaduras toledanas (500 euros) que estaban en el vestíbulo del palacio, que es Bien de Interés Cultural (BIC).

“Enriquecimiento ilícito”

En septiembre de 2020 la Justicia condenó a los Franco a entregar al Estado el Pazo de Meirás y en marzo de este año el Tribunal Supremo puso punto y final al periplo judicial. Por el camino, un juzgado de Madrid dio la razón a la Abogacía del Estado en su reclamación de más de 500 objetos que los herederos del dictador pretendían mantener en su poder y que se dictaminó que pertenecen al erario público. Muchos de ellos ya estaban en Meirás cuando era de la escritora Emilia Pardo Bazán.

Imagen del vestíbulo del Pazo de Meirás con parte de los objetos que se subastan.
Imagen del vestíbulo del Pazo de Meirás con parte de los objetos que se subastan.

Sin embargo, las organizaciones memorialistas consideran que “parte” de los objetos que se subastan y que la familia ha podido quedarse podrían también tener esa naturaleza y “no deberían ser fuente de enriquecimiento” de los herederos de Franco. La Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica de A Coruña (CRMH) ha encontrado fotografías que “atestiguan” que, por ejemplo, las dos armaduras del vestíbulo ya estaban allí instaladas antes de 1938, cuando Franco ocupó el espacio.

Por eso, su presidente, Carlos Babío, reclama al Gobierno central y a la Xunta de Galicia su “intervención” en la puja de este martes a fin de “verificar” si los artículos de la subasta “pudieran tener la condición de bienes de dominio público o estar sujetos a otro régimen legal de tutela y protección”. “Sabemos que los Franco expoliaron el pazo antes de 2020, pero resulta bochornoso que se siga permitiendo el enriquecimiento ilícito de esta familia”, apunta Babío.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) pidió hace unos días al Gobierno que instara a la suspensión cautelar de la subasta a través de la Fiscalía “hasta que la familia Franco demuestre que estos objetos son de su propiedad y no fueron regalos a la jefatura del Estado” porque “entonces pertenecerían a Patrimonio Nacional”. La organización carga también contra el catálogo de la puja, en el que la casa de subastas asegura que el pazo “ha pertenecido” a la familia Franco “durante muchas décadas”. “Es una falsedad que ha quedado demostrada documental y judicialmente”, asegura.

¿Quién es Raúl Cárdaba, el frutero de Ciudad Lineal que ha convertido las frutas exóticas en un fenómeno viral?

26 October 2026 at 23:05
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