El tren AVE que chocó este miércoles contra un Iryo parado en las vías de alta velocidad en Urda (Toledo) impactó cuando circulaba a una velocidad de entre 160 a 200 kilómetros por hora, según estima la Autoridad Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes (AITAT), que analiza desde un punto de vista técnico los hechos. El dato aparece recogido en una nota difundida un día después del grave accidente que ha causado la muerte a 69 personas, balance aún provisional.
Ouigo ha anunciado esta tarde la cancelación total de sus trenes para el 30 de octubre y el 2 de noviembre para evitar el colapso en las estaciones debido a la huelga de los maquinistas, manteniendo solo programados los trayectos del 31 de octubre y del 1 de noviembre. Poco después, el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf) ha anunciado nuevos días de huelga en Renfe para los próximos 10 y 12 de noviembre —el paro será total la primera jornada, y parcial la segunda—, debido al “bloqueo a los compromisos de seguridad ferroviaria”, según ha explicado en un comunicado.
Cómo, por qué y que no vuelva a suceder. Este ha sido el mensaje que Felipe VI ha querido transmitir tras el choque de trenes de ayer en Urda (Toledo) que ha causado al menos 69 fallecidos.
La víspera del accidente de Urda (Toledo) el Consejo de Ministros aprobó una ampliación del contrato de mantenimiento de las instalaciones de control de tráfico y sistemas de la línea de alta velocidad con Andalucía. El acuerdo suponía incrementar en 11,5 millones de euros el contrato vigente concedido a la unión temporal de empresas GTS y que incluía cuestiones como el mantenimiento de elementos de señalización y los sistemas de control de los trenes como el LZB, cuya caída inició la cadena de fallos que llevó al fatal desenlace en el siniestro de este miércoles. El pliego de condiciones especifica que este contrato debe mantener, entre otras, las instalaciones de control del tráfico del centro de Urda.
Alberto Núñez Feijóo eleva el tono y exige “responsabilidades políticas” por el accidente ferroviario de Urda, que deja de momento 69 fallecidos y alrededor de 200 personas que resultaron heridas, tan solo nueve meses después de la tragedia de Adamuz (46 víctimas mortales y 292 heridos). El líder de la oposición no ha pedido explícitamente la dimisión o cese de Óscar Puente como ministro de Transportes, pero ha recalcado que la asunción de responsabilidades no puede demorarse. “Yo sé lo que haría si fuera el presidente del Gobierno. Las responsabilidades políticas no son opcionales, son imprescindibles desde el punto de vista ético y moral”, ha aseverado en el municipio de Urda después de su visita al Puesto de Mando Avanzado levantado en la zona cero de la catástrofe, que se encuentra a unos 12 kilómetros de la localidad de 2.500 habitantes gobernada por el PP.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido este jueves tras la reunión que el Cecopi ha mantenido esta mañana en la sede del 112 en Toledo, junto al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, donde se ha comprometido a esclarecer los motivos de la tragedia ferroviaria que deja al menos 69 fallecidos tras la colisión de dos trenes de alta velocidad en la altura del municipio de Urda, en Toledo. “Estamos trabajando día y noche para no solamente dar una respuesta a los familiares de las víctimas, sino, por supuesto, también para esclarecer hasta el último detalle de esta tragedia y, por supuesto, reforzar la seguridad para que esto no vuelva a suceder”, ha afirmado. Ya por la tarde, el Congreso ha confirmado que el ministro de Transportes, Óscar Puente, comparecerá a petición propia en la Diputación Permanente el próximo martes 3 de noviembre. ERC, Podemos y Sumar habían pedido por la mañana que acudiera a la Cámara baja para dar explicaciones sobre lo sucedido.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (tercero por la derecha), el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (segundo por la derecha), y los ministros de Transportes, Óscar Puente (izquierda) e Interior, Fernando Grande Marlaska (segundo por la izquierda), durante la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI) este jueves en Toledo, en una imagen de La Moncloa.
La maquinista que dirigía el tren 6076 de Iryo, que este miércoles fue embestido por un AVE de Renfe a la altura de la localidad toledana de Urda, en el kilómetro 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, intentó desbloquear el sistema de seguridad para reanudar la marcha, tal y como le había indicado el operador del tráfico de Adif, y lo hizo sin éxito hasta en dos ocasiones. Según ha podido saber EL PAÍS de fuentes cercanas a Iryo, la conductora efectuó sendos intentos de reinicio del sistema de seguridad LZB para desbloquear el arranque del convoy, en lo que invirtió unos ocho minutos. Sin embargo, el tren, un ETR 1.000 de Hitachi de nueva construcción y puesto en operación en 2022, fue incapaz de establecer comunicación con el sistema que protege la circulación. Cada uno de los intentos llevó entre tres y cuatro minutos de un tiempo que se agotaba. Desde 25 kilómetros atrás y también en dirección Sevilla, avanzaba el tren de Renfe a una velocidad que de momento se desconoce, pero que, según dijo este miércoles el ministro de Transportes, Óscar Puente, en ese tramo puede “llegar a ser hasta de 200 km/h”.
Trabajos de desescombro y retirada de los trenes siniestrados en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, a la altura de Urda (Toledo), este jueves.
Empleados de Iryo muestran su emoción tras el minuto de silencio celebrado en la estación de Madrid-Atocha en recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo), este jueves.
Vecinos de Sevilla guardan cinco minutos de silencio en la estación de Santa Justa en memoria de las víctimas de la colisión entre dos trenes de alta velocidad en Urda (Toledo), este jueves.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (c) y el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (d) y el consejero de Sanidad castellanomanchego, Jesús Fernández Sanz, informan a la prensa tras la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI), este jueves en Toledo.
Familiares y amigos de las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo) aguardan noticias sobre sus seres queridos en el centro Corazón de Jesús de Toledo, habilitado para la atención a los afectados, este jueves.
Personal de emergencias y agentes de la Guardia Civil participan en las labores de búsqueda de desaparecidos tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo), este jueves.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (centro); el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (segundo por la derecha); la secretaria general de Protección Civil y Emergencias, Virginia Barcones (segunda por la izquierda), y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI), este jueves en Toledo.
Trabajos de desescombro y retirada de los trenes siniestrados en la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, a la altura de Urda (Toledo), este jueves.
Un cartel informativo dirigido a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo) situado en la estación de Madrid-Atocha, este jueves.
Tras vivir una tragedia como el accidente de trenes de Toledo, el mundo de las víctimas se derrumba. Cae la sensación de invulnerabilidad, la convicción de que el mundo es un lugar seguro que podemos controlar. De que, siempre que uno actúe como debe, no ocurrirá nada malo. Esta idea, explican los psicólogos, surge en los primeros años de vida. Es entonces cuando el niño desarrolla un sentido de confianza básica: la percepción de que el mundo es un lugar predecible donde, si uno se comporta bien, todo irá bien. El mundo no funciona así, pero a veces es necesario pensar que sí para poder llevar una vida funcional. Poder coger el coche, el tren o salir a pasear sin pensar que podemos morir en cualquier momento. La recuperación psicológica de las víctimas, en gran medida, pasa por reconstruir dichas suposiciones. Dejar de ver el mundo como un lugar eternamente peligroso y volver a confiar.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) reclamó en junio del año pasado la implementación de medidas técnicas “mitigadoras” para reducir el riesgo de un fallo humano, ante la importancia de este factor en ciertas situaciones de riesgo y la probabilidad de que una simple comprobación visual lleve a tomar decisiones incorrectas por parte de los técnicos y ferroviarios al mando de la circulación. La Comisión redactó el informe en el que se recogía esta advertencia, que ha sido adelantado por la Cadena SER, tras un incidente que tuvo lugar el 25 de junio de 2024 en la estación de Cuenca Fernando Zóbel. Aunque aquel suceso no tuvo mayores consecuencias, la situación que describe tiene similitudes con la del trágico accidente ocurrido este miércoles en Urda (Toledo), según se desprende del documento, que puede consultarse en la web del Ministerio de Transportes.
El fatídico accidente ferroviario sufrido en la línea Madrid-Sevilla, el segundo en lo que va de año, ha vuelto a poner el foco en el mantenimiento de la red ferroviaria de alta velocidad. Con la cifra de fallecidos y heridos aún sin cerrar y las circunstancias del suceso aún por aclarar, ingenieros y académicos reclaman una revisión de la gestión de la red. Esta ha multiplicado su tráfico mientras la conservación quedaba en un segundo plano: España ha preferido estrenar kilómetros de alta velocidad antes que cuidar la solidez de las vías, la señalización y los sistemas en los corredores ya operativos, coinciden varios de los expertos consultados. Entre 2018 y 2022, España dedicó a mantener su red de alta velocidad unos 240 millones de euros al año, el 16% de lo que gastó en ella; los otros 1.240 millones se fueron a obra nueva, según la Comisión Europea. En Francia y Alemania, lo destinado a mantener, renovar y mejorar las líneas existentes ronda un tercio del gasto total.
Pedí un café en la cafetería del tren a Sevilla. La camarera me lo sirvió. Otro camarero pregonó que estaba listo un sándwich mixto para alguien. Es lo último que recuerdo. Noté un empujón brutal del que no me acuerdo bien y sentí un golpe en la cabeza mientras me preguntaba qué pasaba. Después me vi en el suelo del vagón, en el otro extremo de la cafetería. Alguien dijo que era un accidente y eso me hizo reaccionar y comprender lo que me pasaba. Lo primero que pensé es que estaba bien, que no tenía nada roto, que me podía mover y hablar. Lo primero que pensé fue en llamar a mi mujer para informarla, pero me di cuenta de que había dejado el teléfono en la barra y había salido despedido. Por un milagro que aún no entiendo el móvil apareció a mi lado. Estaba lleno de sangre. Ahí caí en que estaba herido. “Un rasguño”, me dije. Y me lo creí. Con la voz más tranquila del mundo llamé a mi mujer y le conté lo que había sucedido, pero que a mí no me pasaba nada.
La campaña ha dado un vuelco. La tragedia ferroviaria de Toledo ha irrumpido como un cisne negro en la precampaña electoral cambiándolo todo. El accidente, que dejó al menos 69 fallecidos y 77 heridos, el segundo mortal en la alta velocidad española en apenas nueve meses, ha dado una sacudida al tablero cuando faltan solo 31 días para las elecciones generales del 29 de noviembre. Nada será igual ya después del siniestro, admiten en las cúpulas de todos los partidos políticos, obligados a recalcular sus estrategias y sus agendas para adaptarse a la catástrofe. El Gobierno, el principal responsable de la red ferroviaria, está en shock por una tragedia que se le sitúa en el peor escenario político posible en plena contienda electoral y que pone en el punto de mira al ministro de Transportes, aunque Pedro Sánchez mantiene de momento el apoyo a Óscar Puente. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, mantuvo ayer un tono institucional y evitó pedir dimisiones por respeto a las víctimas, pero la presión irá en aumento. Vox se lanzó al ataque señalando a Sánchez como responsable y hasta Frente Amplio endureció el tono pidiendo responsabilidades políticas.
Se acabó el colegueo de Broncano y sus coleguitas con los candidatos más afines. Y los chascarrillos cómplices de Motos y sus hormigas con los suyos. Se terminaron las piruetas con la IA de los malotes de los partidos ensalzando a sus propios líderes y humillando a los rivales. Se acabaron los bailes arrítmicos de Sánchez en sus mítines. Y los juegos de palabras autoboicoteados por Feijóo en los suyos. Podría seguir pasando revista a todas las siglas, pero aquí lo dejo, porque, por supuesto, nada de eso ha terminado ni va a terminar ni siquiera estando aún caliente el ADN de las víctimas de los trenes de Toledo en las vías. Abascal y sus esbirros ni se han molestado en disimular y ya le han echado los muertos a la cara al Gobierno antes siquiera de ser identificados por sus deudos. Y al resto, les falta cinco minutos para usarlos como munición partidista y enzarzarse a hostias con ellos. Todo lo más, dejarán pasar el puente de Todos los Santos y Difuntos, macabro capricho del calendario, para volver a los zascas, al jijí-jajá y a las consabidas gamberradas de la IA insultando la inteligencia del votante, no sea que los tachen de boomers trasnochados, el nuevo sambenito para todo.