Taxa de desemprego recua em Portugal face a 2025


A Christine Lagarde (París, 70 años, de soltera Christine Madeleine Odette Lallouette) le gusta enviar mensajes con su atuendo. Elige cuidadosamente sus pañuelos (hay quien cree adivinar en ellos sus intenciones) y, en momentos especialmente delicados, comparece en la rueda de prensa del BCE con un broche característico: un búho. En un mundo, el de la política monetaria, habitualmente dividido entre halcones, banqueros con poca tolerancia por la inflación y gatillo fácil a la hora de subir tipos, y palomas, más sensibles al efecto del dinero caro sobre la economía, Lagarde se desmarcaba con esta otra ave.
Christine Lagarde ha elegido un momento especialmente complejo para abandonar el Banco Central Europeo. La presidenta de la institución pone fin a meses de especulaciones sobre sus planes políticos y abre la carrera para sucederla al frente de una de las instituciones más poderosas de Europa. Su decisión llega en una coyuntura especialmente delicada para la eurozona, con la inflación impactada por la guerra en Oriente Próximo, los mercados de deuda bajo presión por el deterioro de las cuentas públicas de algunas grandes economías europeas, con Francia en el centro de las preocupaciones, y el creciente desafío de financiar el aumento del gasto en defensa e infraestructuras.

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