Canadá sigue adelante con su plan y compra sus primeras unidades del avión de combate F35A a pesar de las amenazas de Donald Trump
Canadá ha dado el primer paso tangible para renovar su aviación de combate con la recepción de dos cazas F-35A Lightning II, fabricados por la compañía estadounidense Lockheed Martin. Las aeronaves fueron entregadas el 22 de octubre de 2026 en la base aérea de Luke, en Arizona, donde se utilizarán para formar al personal canadiense antes de que los aviones comiencen a operar desde territorio nacional.
La entrega llega en un momento delicado para las relaciones entre Ottawa y Washington. Las amenazas comerciales de Donald Trump y sus declaraciones sobre una posible anexión de Canadá han contribuido a aumentar las dudas sobre la dependencia militar del país vecino. Por ese motivo, el Gobierno canadiense está revisando el alcance de su adquisición y estudia alternativas europeas, aunque no ha cancelado el programa ni anunciado una decisión definitiva sobre el tamaño de la futura flota.
Los primeros F-35A llegan mientras Ottawa revisa el contrato
Canadá anunció en enero de 2023 su intención de adquirir 88 F-35A para sustituir a los veteranos CF-18 Hornet, en servicio desde la década de 1980. El programa contempla no solo los aviones, sino también armamento, formación, equipos de apoyo, mantenimiento e infraestructuras necesarias para operarlos.
Sin embargo, en marzo de 2025, el primer ministro Mark Carney ordenó revisar la adquisición para evaluar sus costes, las necesidades operativas y las implicaciones estratégicas de depender de tecnología estadounidense. El presupuesto de adquisición anunciado asciende a 27.700 millones de dólares canadienses.
La revisión no ha impedido que avance la incorporación inicial de los cazas. Los dos primeros aparatos permanecerán en Arizona para facilitar el entrenamiento, mientras que las primeras entregas destinadas a operar en Canadá están previstas para 2028. El plan oficial contempla que la capacidad operativa inicial llegue en 2029 y que la plena operatividad se alcance en 2033.
La flota de F-35 está llamada a desempeñar un papel importante en la defensa del espacio aéreo canadiense, así como en los compromisos del país con el Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (NORAD) y la OTAN.
El Gripen de Saab, una alternativa en plena tensión con Estados Unidos
Entre las opciones que estudia Ottawa figura el Gripen E, desarrollado por la compañía sueca Saab. La empresa ha planteado una mayor participación de la industria canadiense, incluida la posibilidad de fabricar o ensamblar aviones en el país si obtiene un contrato suficiente.
Una flota combinada de F-35 y Gripen permitiría repartir las misiones entre dos plataformas con características distintas, pero también supondría mantener cadenas logísticas, sistemas de entrenamiento y estructuras de mantenimiento diferentes. Además, el Gripen E utiliza un motor estadounidense, por lo que tampoco eliminaría por completo las dependencias tecnológicas de Estados Unidos.
La dimensión industrial pesa en la decisión: más de 110 empresas canadienses han recibido contratos relacionados con el programa F-35, por un valor superior a 5.200 millones de dólares canadienses, según datos oficiales. Cambiar parte del pedido podría alterar tanto las oportunidades industriales como el calendario de modernización de la Fuerza Aérea.
Las presiones políticas de Washington han añadido una dimensión diplomática a la elección. En enero de 2026, el embajador estadounidense en Canadá advirtió sobre posibles cambios en la cooperación de defensa aérea si Ottawa reducía la compra prevista. Aun así, la decisión canadiense deberá equilibrar sus necesidades militares, el coste, el empleo nacional y la autonomía estratégica.
La llegada de los dos primeros F-35A, por tanto, no significa que Canadá haya confirmado definitivamente la adquisición de los 88 aviones. El programa avanza, pero el Gobierno sigue evaluando cuántos cazas comprará y qué combinación de capacidades servirá mejor a sus intereses a largo plazo.


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