People have the power


Durante las ocho sesiones que duró el juicio por la muerte de Ana Buza —la joven sevillana de 19 años que fue hallada muerta en la carretera cuando viajaba con su entonces pareja y absuelto en la causa, Rafael V., el 7 de septiembre de 2019—, los miembros del jurado atendieron a las distintas versiones sobre cómo pudo fallecer la chica ofrecidas por los peritos de la Fiscalía y los de la acusación particular. En síntesis, los agentes de la Guardia Civil y los forenses del Instituto de Medicina Legal defendieron que ella murió tras lanzarse voluntariamente del coche a 117 kilómetros por hora; y los peritos de parte sostuvieron que fue atropellada por su exnovio y que era físicamente imposible que la mujer se hubiera tirado del vehículo. La jueza encargada de redactar la sentencia absolutoria, tras el veredicto de inculpabilidad del jurado, ha ofrecido su propia teoría, tal y como ella misma reconoce, en la que, aunque deja claro que no hubo atropello, también descarta el suicidio: “Por la inercia” derivada de la velocidad que llevaba el coche y al estar la puerta abierta “bien pudo haber salido proyectada”.

En los últimos años, el mundo de la crianza ha estado dominado por corrientes con nombres tan atractivos como “crianza respetuosa” y “parentalidad positiva”. Este último concepto ha sido promovido por organismos tan relevantes como UNICEF y el Consejo de Europa, que en 2006 lanzó recomendaciones para apoyar “el ejercicio positivo de la parentalidad”. Como tal, se entendía una crianza “fundamentada en el interés superior del niño, que no es violenta, desarrolla sus capacidades y ofrece reconocimiento y orientación”.

