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Silvia Orriols: "La mayoría de menores marroquíes tienen DNI español, pero lo que importa saber es, si son delincuentes, cuántos tienen progenitores extranjeros"

Según el Ministerio del Interior del Gobierno, un alto porcentaje de los delitos que se producen en España son cometidos por españoles, mientras que el resto cuentan con autoría de personas con origen en otros países. Una estadística que a muchos, como Silvia Orriols, no le parece bien medida. La alcaldesa de Ripoll y diputada de Aliança Catalana pone como ejemplo que "muchos menores marroquíes tienen DNI español" por lo que "no sirve de nada", ya que, según su juicio, lo que interesa saber es "qué porcentaje de los detenidos tiene progenitores extranjeros".

Una reflexión que la tomó como contestación a Nuria Parlon, Consejera de Interior y Seguridad Pública de la Generalitat de Cataluña, con respecto a los disturbios y saqueos producidos en Barcelona a consecuencia de las convocatorias del grupo Blocus, surgido en redes sociales.

Desde que llegó al Govern tras las pasadas elecciones en Cataluña de 2024, Parlon ha criticado duramente a grupos como Vox y Aliança Catalana por "instrumentalizar los delitos que suceden en Cataluña", acusándoles de "generar odio contra los inmigrantes". Aunque lo cierto es que en los últimos años, la delincuencia ha aumentado significativamente en esta comunidad autónoma española.

En Cataluña, dos de cada tres delitos son cometidos por extranjeros

De acuerdo a [[LINK:INTERNO|||Article|||689b04d4343edc0007a9fc99|||un informe del Departament d’Interior]], prácticamente dos de cada tres detenciones realizadas en Cataluña en 2024 (el 65,5% de un total de 46.996) fueron de personas de nacionalidad extranjera, tal y como recogía El Caso el pasado año. Por su parte, 16.214 tenían nacionalidad española, lo que supone un 34,5%, una cifra que incluye también a personas nacidas en el extranjero que han obtenido el DNI.

Este documento detallaba por primera vez la nacionalidad o el origen de los delincuentes, a pesar de que Interior había decidido evitar su difusión para "evitar posibles estigmas o delitos de odio". Según dicho informe, entre los países de origen de los principales delincuentes extranjeros en Cataluña están Marruecos y Argelia. Mientras los marroquíes constituyen uno de cada cinco delitos provocados por extranjeros en la región (el 20%), los argelinos cometen el 8%. Les siguen los rumanos, colombianos y peruanos, posicionados entre las cinco nacionalidades que más delitos cometen en la región.

Cataluña es la región con más presos extranjeros en sus cárceles de España

Previo a los sucesos del pasado fin de semana, varios menores de edad asesinaron este verano a un hombre de 45 años en Manresa. Parlon criticaba entonces tanto a Vox como a Aliança Catalana, quienes aseguraban que realizaban asociaciones "oportunistas y xenófobas" al vincular el suceso con la inmigración, y defendía que no se trataban de menores extranjeros no acompañados, sino de nacidos en Cataluña.

 

"Según Interior, un 64,8% de los detenidos por las ràtzias que sufrió Barcelona tienen DNI español. Un dato que ya no sirve de nada, dado que la mayoría de adolescentes marroquíes los tienen", asegura Orriols en su cuenta de X (antes Twitter). Así, pide a la Consejera de Interior de la Generalitat que "lo que queremos saber es qué porcentaje de los detenidos tiene progenitores extranjeros".

Lo cierto es que las autoridades vinculan a varias personas con origen extranjero, independientemente de si cuentan o no con la nacionalidad española, en varios delitos en Cataluña. Según datos del INE a 2025, más de la mitad de presos en las cárceles catalanas ya tenían su origen en otros países, lo que la sitúa como la región con más reclusos extranjeros de nuestro país.

© EFE

La líder de Alianza Catalana, Silvia Orriols
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La España potemkin

Grigorii Potemkin ha pasado a la historia por bastantes cosas, como haber dado su nombre al conocido acorazado cuya tripulación se sublevó en 1905, en un episodio retratado por el cineasta Serguéi Eisenstein en una famosa película propagandística de 1925. Es también célebre por ser uno de los amantes más queridos de la zarina Catalina II y el colonizador de los territorios aledaños al Mar Negro incorporados a Rusia a finales del siglo XVIII. De él se cuenta la anécdota, posiblemente apócrifa, de que, para crear la impresión a quienes recorrían las nuevas adquisiciones rusas de que se trataba de tierras prósperas, mandaba construir casas falsas y disfrazar a los nativos con sus mejores galas, que hacía trasladar a la par que la comitiva de visitantes. Desde entonces, se llama «pueblos potemkin» a las construcciones pensadas para adecentar áreas degradadas y en general, se aplica el adjetivo a todo artificio ideado para simular el normal funcionamiento de algo que, en verdad, tiene graves carencias.

El reciente accidente en la línea alta velocidad Madrid-Sevilla no ha hecho sino certificar que vivimos en una España potemkin. Por mucho que la propaganda gubernamental se empeñe en señalar como causa de lo ocurrido un error humano, los expertos están de acuerdo en que previamente habían fallado los sistemas encargados de velar por la seguridad del tránsito ferroviario. El problema es que tales fallos venían siendo recurrentes, aunque, afortunadamente, sin las terribles consecuencias del acaecido el miércoles. En último extremo, todo lo anterior es consecuencia de un mantenimiento y una actualización inadecuados de las infraestructuras. De no ser así, no se explica que en Japón, donde la alta velocidad lleva funcionando más de sesenta años y transporta diez veces más pasajeros que en España, no se haya producido nunca un accidente mortal, tratándose además de un país sometido a condiciones ambientales mucho más adversas, con frecuentes terremotos y tifones recurrentes. En realidad, la ausencia de accidentes y la puntualidad en el servicio habían sido también la tónica de nuestra red hasta no hace mucho. Carreteras, sanidad, educación… todos los datos disponibles al respecto apuntan a un empeoramiento creciente de su estado y su funcionamiento. No se trata de una percepción subjetiva nacida de algún acontecimiento puntual, como puede ser este reciente accidente. Es una tendencia real. Y a la vez, la carga fiscal que soportamos los trabajadores no deja de aumentar. Se supone que también lo ha hecho el empleo y, por consiguiente, la actividad empresarial (aunque el maquillaje estadístico al que el Gobierno somete cualquier cifra que proporciona dificulta saberlo con certeza). La conclusión es simple: hay cada vez más recursos, pero están cada vez peor gestionados. La mala gestión puede entrañar varias cosas. En su versión más burda, malversar el dinero, esto es, detraerlo para usos ilícitos, normalmente el enriquecimiento personal. Puede suponer también derivarlo hacia fines innecesarios. O, por último, usarlo inapropiadamente, como pasa cuando no se adquiere el material más adecuado o éste no se utiliza cuando hace verdaderamente falta. Cuando ocurre lo anterior, no cabe otra solución que sustituir a los gestores.

La política sigue funcionando como hace siglos. Un grupo de personas, organizadas jerárquicamente a las órdenes de un líder, y vinculadas por intereses comunes (las más de las veces pecuniarios), decide unilateralmente sobre los asuntos públicos y toda la sociedad ha de adaptarse a lo que acuerden hacer. En el mejor de los casos, tales decisiones se toman pensando en el bien común (aunque habría que ponerse de acuerdo en qué es exactamente lo beneficioso para la mayoría). Lo habitual es, no obstante, que se adopten persiguiendo objetivos espurios, como beneficiar a correligionarios o amigos, o desgastar políticamente al adversario. Durante cuatro años la voluntad popular (y lo que es peor, el sentido común y la racionalidad) queda secuestrada por este grupo de personas, sin que los ciudadanos tengamos posibilidad alguna de enmendar lo que hagan. Todo esto sucede en paralelo con un crecimiento exponencial de la complejidad de nuestras sociedades y de los problemas que han de enfrentar, que demanda una intervención no menos creciente de los expertos en la toma de tales decisiones. Sin embargo, examina uno el organigrama de Renfe o de Adif y lo encuentra colonizado por políticos del partido gobernante o por «independientes» con una manifiesta afinidad o amistad con quienes gobiernan, cuando lo deseable habría sido que los técnicos hubieran ido subiendo en la jerarquía organizativa de estos organismos oficiales al tiempo que su gestión se ha vuelto más complicada. El actual ministro de Transportes es abogado, como lo fue también su predecesora, y anteriormente ocupó el cargo un tal Ábalos, que era maestro. En Japón el ministro de Transportes es graduado y máster en ingeniería por la Universidad de Kioto, donde es también profesor, y cuenta con una experiencia de casi diez años como funcionario del ministerio que ha acabado dirigiendo. Cuanto más complejo se vuelve algo, no solo más conocimiento experto hace falta para gestionarlo, sino menos margen hay para hacer modificaciones, salvo las que vengan dictadas por las innovaciones técnicas o problemas sobrevenidos.

Pero la responsabilidad también recae sobre nosotros, los ciudadanos. No podemos seguir engañándonos con los decorados con los que este Gobierno disfraza la realidad, ni aceptando como verosímil el relato que hace de cuanto sucede, ni seguir votándolo al dictado de nuestra amígdala, esa parte del cerebro encargada de gestionar nuestras emociones, dejando que una película sobre la Guerra Civil, un trapo rojo agitado en una manifestación o un discurso cualquiera trufado de palabras como «empoderamiento», «público» o «social», nos hagan volver a echar una vez más en la urna la papeleta en la que aparecen los nombres de quienes no saben ni quieren gestionar bien las cosas, y aún peor, quienes impiden que se ocupen de ellas aquellos que, por sus conocimientos y su experiencia, pueden mejorar verdaderamente el funcionamiento del país. Es hora, por tanto, de dejarnos guiar por nuestro córtex prefrontal, por nuestras funciones ejecutivas… por la racionalidad, en suma. Examinemos lo que ha pasado estos últimos años, indaguemos en sus causas, comprendamos que hubo otras maneras de hacer las cosas, aceptemos que la ideología no debería imponerse nunca al buen hacer (y que hoy la ideología ni siquiera es tal, sino tan solo un burdo trampantojo pensado para disfrazar intereses puramente materiales)… Y votemos en consecuencia. Y pensando en el largo plazo, esforcémonos por que se implementen todas las medidas necesarias para que los gobiernos sean cada vez más técnicos y los ciudadanos estén cada vez más formados. Es relativamente sencillo defenestrar a nuestro Potemkin. Más difícil es, sin duda, volver a convertir el Estado que nos ha legado en un país funcional. Pero lo más complicado de todo es convencer a sus habitantes de que cuanto creían real es solo cartón piedra y de que su destino no es ser figurantes en la obra diseñada por un autócrata, sino actores y gestores de sus propias vidas.

© EP

Varias grúas trabajan en la zona del accidente ferroviario
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Una dentellada de desgracia

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En el museo Metropolitano de Nueva York me fijé por primera vez en la cabeza de leona de la diosa Sekmet. Era una exposición sobre los saberes de la medicina en el Antiguo Egipto. En un vestíbulo en penumbra, que tenía una atmósfera inevitable de templo, relucía la superficie muy pulida del basalto, la diosa sentada en su trono, esculpida a una escala mayor que la humana, con una majestad definitiva, una serenidad amenazante. Sekmet es la diosa de la guerra y la peste, de la desgracia súbita y de la curación. Su aliento de fuego asolaba la vegetación y expandía el desierto. Cuando Ra, asustado por la iniquidad de los seres humanos, decidió exterminarlos, Sekmet avanzaba sobre la tierra extendiendo la mortandad universal como una gran mancha de sangre. El Jehová del Génesis tuvo un arrepentimiento parecido.

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Mohamed VI responde al veto ruso anunciando el fin de la misión de la ONU para el Sáhara “en los próximos días”

Noche de sorpresas en Nueva York y Rabat. Apenas dos horas después de que Rusia ejerciera su poder de veto en el Consejo de Seguridad para tumbar el borrador de resolución presentada por EEUU para la renovación de la Misión de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental (Minurso), el rey de Marruecos, Mohamed VI, anunciaba el cese de la actividad de la misma “en los próximos días”. “Se cierra así una página de 35 años”, zanjaba el monarca.

“Se trata de una evolución importante y de un paso significativo hacia el cierre definitivo del expediente del Sáhara marroquí en las Naciones Unidas”, aseguraba el monarca en un comunicado emitido por Palacio Real. “La no prórroga del mandato de la Minurso significa claramente que la presencia de esta Misión en las provincias del sur del Reino, especialmente a través de su personal, sus vehículos, su material y sus símbolos, debería cesar en los próximos días”, aseguraba el soberano alauí.

“Heredada de un contexto anacrónico y superado, esta Misión ha constituido durante mucho tiempo un instrumento de internacionalización del diferendo regional relativo a la recuperación legítima por parte del Reino de Marruecos de sus provincias saharianas”, zanjaba el jefe del Estado de Marruecos.

El inesperado nuncio de Mohamed VI se producía poco después del veto ruso -la primera vez en la historia del conflicto en que Moscú ejerce este derecho- a la propuesta de resolución elaborada por EE UU para la renovación de la Minurso, un texto que consagraba la propuesta de autonomía marroquí como “única base” para negociar la resolución del conflicto del Sáhara Occidental y propugnaba un cambio en la denominación de la misión, que pasaba de Minurso a Minuso, perdiendo así la ‘r’ del referéndum de autodeterminación.

Si el año pasado Moscú optaba por la abstención ante una resolución (la 2797) que ya privilegiaba la propuesta de autonomía al calificarla como “la opción más viable”, el rechazo de las autoridades rusas se debe borrador estadounidense cruzaba su línea roja: el mantenimiento en el texto de la opción del referéndum. De esta forma, el resultado de la votación dejaba en el aire a la misión después de 35 años de historia sin haber logrado ninguno de sus objetivos.

En las últimas horas, Moscú había presentado su propia resolución, que omite cualquier referencia al plan de autonomía y aboga, en cambio, por una “solución justa, duradera y mutuamente aceptable conforme a la Carta de las Naciones Unidas y el principio de autodeterminación”. El embajador de EE UU ante la ONU, Mike Waltz, criticó con dureza el veto ruso y respondió a su vez bloqueando la propuesta de Moscú.

“Lo ocurrido esta noche supone varios cambios históricos: Rusia ha ejercido por primera vez su derecho de veto en la cuestión del Sáhara, tras haber solido abstenerse en las votaciones debido a que el borrador estadounidense incluía un cambio en el mandato de la Minurso, algo que Rusia consideraba una línea roja y, por supuesto, detrás de Rusia se encuentra Argelia”, asegura a LA RAZÓN el escritor y doctor especializado en relaciones hispano-marroquíes Nabil Driouch.

“A través del comunicado del Gabinete Real, Marruecos ha expresado su propio veto al considerar que el rechazo del proyecto de resolución del Consejo de Seguridad y la no renovación de la Minurso significan que la misión ha llegado a su fin tras 35 años de presencia en el Sáhara. La decisión de Marruecos impone una nueva realidad de la que no se puede dar marcha atrás, lo que significa que los miembros de la misión abandonarán el territorio marroquí en cuestión de días. Esta decisión tendrá un gran peso en las negociaciones entre EE UU y el resto de los Estados miembros del Consejo de Seguridad, particularmente Rusia, sobre la nueva versión del borrador que debería redactar Washington”, concluye Driouch.

© EUROPAPRESS

l cruce de vetos entre Rusia y EE UU deja en el aire la misión de la ONU en el Sáhara
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